Hablar de la Navidad es hablar más de lo mismo. Año tras año se repiten las mismas historias: guerras, hambruna, la explotación de los niños en los países subdesarrollados, amor, paz, solidaridad, espiritualidad... Y es que la Navidad tiene algo especial, aunque muchos se empeñan en mitificarla o desvirtuarla para que quede como simple cultura. Ya suenan voces que afirman que ésta no es su fecha, que Jesús nació tres siglos después y no precisamente en diciembre.
Desde que Zapatero llegó a la Presidencia no ha dudado en exponer sus teoría laica, está claro que su concepto de lo divino no cabe en sus planteamientos políticos. Esta forma de concebir un estado laico ha suscitado muchos argumentos relacionados con las escrituras evangélicas que ponen en entredicho algunos dogmas de la Iglesia católica, entre ellos la Navidad.
Yo me pregunto: si perdemos estos valores, ¿qué referencias vamos a tener aquí? Los héroes que tenemos son de dudosa credibilidad educativa y además más ficticios que los de la Iliada.
El señor Zapatero, a pesar de ser un burgués de izquierdas, nos ha salido algo marxista, por aquello que decía Marx: «La religión es el opio del pueblo». También quiero destacar a otro no menos sabio que decía algo así más o menos: «No hagamos de los dioses una imagen a nuestra conveniencia para en cierta forma justificar nuestras tendencias hedonistas, busquemos en ellos lo divino».
A estas alturas, con tanto comentario por medio, y uno que es algo desconfiado, tal vez por ignorancia no sé qué partido tomar. Y no lo digo en plan político, que ése lo tengo claro. No me siento muy creyente religioso, tampoco me siento muy laico, menos ateo, tampoco agnóstico, aunque queda muy bien intelectualmente. La verdad es que estoy algo liado.
Ahora, si me dan a escoger entre lo divino y lo laico, me quedo con lo primero: lo divino es bueno, bello y, además, inteligente
Manuel Jesús Redruello Miguez. San Fernando