Domingo, 17 de diciembre de 2006
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Iberia salta la Verja
Iberia salta la Verja
EVENTO. El Airbus de Iberia abandona Gibraltar en su primer trayecto de vuelta.
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A las 12.56, se giraron las cabezas. Las tensiones diplomáticas y los ruidosos bandos de gaviotas tuvieron que apartarse de la pista. Bajo un cielo gris plomo, con viento moderado de Levante, aterrizaba bajo la imponente roca el Ciudad de Baeza, de Iberia, que hacía historia con el tren de aterrizaje y abría una puerta más de entrada de turistas en la provincia. Volverá diariamente con sus 140 pasajeros en una nueva línea entre el Peñón y la Terminal 4 de Barajas.

«Ya están aquí». Las carreras de la prensa gráfica denotaban la importancia del momento. La particular guerra fría que mantenían España y Gibraltar terminaba al aterrizar un avión comercial en el aeropuerto, que se construyó durante la guerra civil española, más allá de los límites territoriales marcados por el Tratado de Utrecht (1713) que desgajó el territorio del resto España.

Poco importaba este hecho ayer, a juzgar por las sonrisas y los abrazos solemnes de Caruana -a los pies de la escalera- y del secretario de estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, que fue el primer diplomático español en pisar ese suelo en medio siglo. Tras las vallas, autoridades de alto rango de instituciones andaluzas, además de los alcaldes del Campo de Gibraltar.

«Hoy es un día de normalización dentro del marco de los problemas importantes. Se ha dado un gran paso dentro de este difícil y estrecho espacio», decía el peculiar acento de Caruana ante cientos de periodistas. Bernardino León -satisfecha serenidad- hablaba de un día «histórico» en el que «todos ganan».

Las charlas con micrófono se multiplicaban con los alcaldes del Campo, como Alonso Rojas (Los Barrios), que aseguraba estar «encantado con un día excepcional. Va a a favorecer el turismo en toda la provincia, además de la actividad económica en todo el país».

También hubo preguntas para el comandante Guillermo Quintanilla -gestor de la flota de corto radio de Iberia-, que negó que la pista de aterrizaje sea «peligrosa» debido a su corta longitud. «En la aviación hay una cosa fundamental y es que el peligro está muy medido». Pese a sus relucientes galones, Quintanilla no fue el primero en inaugurar la ruta entre España y Gibraltar. Encantado con su «aventura», el piloto inglés David Jackson se jactaba en la sala de llegadas del aeropuerto de haber sido el primero en aterrizar en la pista con su reluciente avioneta roja. «He necesitado presión diplomática para conseguir los permisos pero he sido el primero y ha sido muy divertido. Un vuelo perfecto», dijo.

Las voces discrepantes sonaban en la misma sala. Una de ellas era de Elena, sanroqueña que había conseguido un billete en el primer avión de la ruta. Iba todo bien hasta que se dio cuenta de que sus maletas estaban en Madrid y entre sus pertenencias estaban el ordenador portátil y sus discos de datos. La primera en la frente.

Algunas tensiones

Unos metros más allá se comenzó a a percibir la batalla política. En una de las tiendas del aeropuerto se vendía el periódico Panorama con la siguiente portada: «El Campo de Gibraltar no tiene aeropuerto y Gibraltar no es España». La polémica se debe a que Iberia considera el aeropuerto desde el punto de vista nacional e internacional. Los pasajeros que salgan hacia La Línea no tendrán que pasar controles de las autoridades locales, un trámite que se agilizará con la ampliación del aeropuerto en los próximos meses.

Regenta el establecimiento Inmaculada -doble nacionalidad- que estaba satisfecha con la nueva ruta: «Si trae más gente...», decía, aunque confirmaba la tensión. «Ha venido gente diciendo que lo que quieren los españoles es comenzar con un vuelo y terminar llevándose el Peñón, aunque yo pienso que Gibraltar es español».

En el otro extremo, José González dejaba claro que «es bueno lo que sea bueno para la economía», aunque en su opinión «no hay que confundirlo con la política. Si lo que quiere España es poner una banderita en el Peñón, pues que se lleven su avión», advierte en una tertulia espontánea a las puertas de Trafalgar Cemetery.

María del Pilar Estella templaba gaitas y explicaba el confrontamiento y el recelo hacia la «buena actitud» de España: «no me parece ni bien ni mal, pero va a beneficiar más a los de fuera que a los gibraltareños. El miedo de la gente es normal después de tantos palos. Si castigas a un niño continuamente y luego le das un caramelo, pensará que tiene veneno», decía. Jesús Walker, propietario del pub donde ayer se veía la liga inglesa, no participa de la confrontación. «Si trae más gente, será estupendo. Además, se trata de que los gibraltareños tengamos más posibilidades para viajar por Madrid, y no sólo por Londres».

Como símbolo de entendimiento, el otro vuelo inaugural del día se llenaba de estudiantes de ambos lados de la aduana. Era el estreno de GB Airways de Gibraltar, que salía hacia Madrid a las 12.10 y regresaba a las 15.20 de la tarde.

A las 16.30, el conglomerado de periodistas, políticos y empresarios regresaba a Madrid en el Ciudad de Baeza y los llanitos se quedaban en su particular polémica histórica. El atasco de salida duraba más que el vuelo. Desde la garita de los controles se escuchaba una versión de Si tu si yo por Muchachito Bombo Infierno que firmaba la alegoría de dos vecinos tan peleados como condenados a entenderse: «Si tú no fueras tan americano/ yo tampoco sería tan ruso./ Así estamos los dos/ en el hospital escayolados,/ en vez de estar haciendo el amor/ tras la cortina de un cine de verano...».

apaolaza@lavozdigital.es

 
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