Ya no hay grises iracundos, ni carceleros perversos, ni garrotes viles crueles. Ni francos, ni mili obligatoria. Figuras del pasado contra las que se levantaron Raimon, Aute, Luis Pastor, Serrat o Paco Ibáñez. Cantautores que agitaron la conciencia de la masa inconformista y buscaron derribar la estaca que cantaba con ardor Lluis Llach. Entonces, su mensaje caló hondo, pero con el transcurrir de la democracia se ha ido diluyendo hasta quedar en un segundo plano. Los cantautores lo achacan al conformismo social, aunque el público también les ha dado la espalda en las listas de ventas.
Ya no llenan polideportivos, estadios de fútbol o auditorios, salvo excepciones. Sí salas de conciertos, teatros o bares de copas. Su repercusión en la vida social ha caído muchos decibelios. Incluso continuar adelante para los solistas consagrados es comparable a un milagro.
«Estos tiempos en los que el universo de la música está plagado de estrellas fugaces, de productos de consumo rápido, es un milagro mantenerse en activo», asegura Ismael Serrano, cantautor madrileño que ha vendido cerca de un millón de discos en los diez años que lleva en los escenarios. Es precisamente el fenómeno emergente de la cultura del éxito rápido, simbolizada en los aprendices de artistas surgidos de programas como Operación Triunfo, uno de los factores que más daño ha hecho a la continuidad de la canción de autor.
«Suben los escalones profesionales de tres en tres y además acaparan la publicidad. ¿Qué caminos quedan para los nuevos intérpretes?», se interroga Tontxu, de 34 años, músico bilbaíno encuadrado en la generación de jóvenes cantautores al igual que Ismael Serrano.
Perfecto conocedor de los vaivenes que sufre el género por sus más de 30 años de experiencia, Moncho Alpuente reconoce los malos vientos que arrecian e identifica a un enemigo imparable para la música de autor, el «conformismo social». «Al desaparecer los enemigos visibles del franquismo, seguimos vigilantes durante la transición democrática, pero ahora parece que ya no existen figuras a las que combatir. El conformismo se extiende como la gangrena», señala Alpuente durante la presentación del libro-enciclopedia Y la palabra se hizo música..., de Fernando González Lucini, que recorre cincuenta años de la canción de autor.
En este estado de acomodo democrático en el que viven las sociedades capitalistas, el poeta Luis García Montero anima a los cantautores jóvenes a continuar adelante. «Cuando las democracias caen en el acomodo, se degradan las libertades, y es ahí donde debe emerger la conciencia vigilante del cantautor».
El ejemplo más reciente a las palabras de García Montero fueron las críticas formuladas por Bruce Springsteen en su última gira por España. El boss denunció que ni las sociedades libres se salvan de la censura, en referencia a la política de la administración Bush en Estados Unidos, y alentó a los músicos a rascarse la cabeza para luchar contra este mal.
El público da la espalda
Las preferencias del público tampoco se acercan a la canción de autor. Basta con acudir a las listas de álbumes más vendidos en los tres últimos años para observar como apenas aparecen solistas españoles. Sólo en la lista de 2005 sacan la cabeza Joaquín Sabina -octava posición con 160.000 discos de Alivio de luto- y la canaria Rosana -26ª puesto con 80.000 copias vendidas de su álbum Magia.
«Las listas anuales están dominadas por artistas internacionales de prestigio, o nacionales bastante comerciales», reconoce Elsa Martín, responsable de prensa de Promusicae, empresa que gestiona la clasificación de ventas. «Los cantautores, en cambio, tienen más tirón las primeras semanas de entrar en lista», añade. Este es el caso de Ismael Serrano, que con su último disco se ha situado directamente en el puesto 13 de los títulos más vendidos de esta semana.
¿Y después de Serrano? Nada, salvo el tirón de intérpretes como Serrat, Sabina, Rosana o Aute, el resto de los conocidos sobrevive a duras penas. «Ahora ya sólo compongo temas para mis amigos. Hace tiempo que me olvidé de las aspiraciones comerciales», reconocía recientemente un conocido cantautor de los años 70 en la presentación del citado libro sobre la historia de este género en España.
Rap y Hip-hop, alternativas vibrantes
A la poesía musicada por los cantautores le ha surgido un duro competidor en las rimas inquietas y vibrantes de las inconformistas voces del rap y hip-hop español. Los versos de estos músicos sacuden con más ferocidad que los de sus homólogos de antaño y los jóvenes de estas generaciones parecen identificarse con ellos.
Buena prueba es el éxito que ha adquirido de unos años para acá grupos como Violadores del verso, Mala Rodríguez o La Excepción, cuyos discos suben más alto que los de los cantautores -los aragoneses Violadores entraron al primer lugar de las listas la semana pasada y ya han vendido más de 40.000 copias- y cada uno de sus conciertos son llenos garantizados.
El boom ha llegado incluso a las altas esferas políticas. La ministra de Cultura, Carmen Calvo, se refirió hace poco al panorama que se ha abierto para la poesía cantada y animó a estas voces inconformista a cumplir la misión social que antaño recaía en los cantautores