Domingo, 26 de noviembre de 2006
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CULTURA

ANÁLISIS
Homenaje en clave femenina
Homenaje en clave femenina
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FICHA
Intérprete: Orquesta de Córdoba. Juan Luis Pérez, Manuel Hernández Silva, directores. María Floristán, piano. Carolina Alcaraz, marimba.

Obras: I. Almendral, M. de Arcos, T. Catalán, P. Jurado, R. Jurado, E. Mendoza, M. L. Ozaita, D. Pérez, I. Pérez, D. Serrano, Igmar Alderete y Andrés Valero Castells.

Fecha y lugar: Gran Teatro Falla. Viernes, 24 de Noviembre, 21:00 horas.

Aforo: Más de media entrada.

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Tremendamente particular resultó el concierto que presenciado el pasado viernes en el Gran Teatro Falla. En primer lugar porque nos enfrentábamos al estreno absoluto de dos de las obras que conformaban el programa de mano. En segundo lugar, porque una de ellas era una esperada pieza, encargo del propio Festival, donde diez compositoras andaluzas rendían homenaje a Manuel Castillo. Por último, porque la última de las obras en liza estaba compuesta para un instrumento tan infrecuente en concierto, pero a la vez interesante como era la marimba.

Castillo de damas fue la culminación de un proyecto surgido en el marco del Festival del año anterior, encauzado a través del taller Mujeres y creación musical. La composición se presentaba como una obra colectiva donde el hilo conductor era la figura de Manuel Castillo y, más concretamente, su pieza Introducción al piano contemporáneo. Juan Luis Pérez, discípulo que fue del propio Castillo, también quiso mostrar su apoyo a la acertada iniciativa y se encargó en esta ocasión de la dirección musical de la orquesta.

La obra en cuestión sólo insinuó una pincelada de escasos minutos del lenguaje personal de cada una de estas compositoras, que se alternaron sin solución de continuidad con las concisas y seguras intervenciones pianísticas de María Floristán, haciendo gala de la sobriedad que requería su interpretación.

En las diez inserciones que componían la obra en cuestión pudieron verse una serie de elementos reiterados que tomaron como base la creación de una atmósfera y un tejido orquestal en la cuerda, a partir de elementos como trémolos, armónicos, glissandos y pizzicatos. Esta base sirvió como sustento para el desarrollo tímbrico de los vientos.

Todo ello consiguió producir una sensación de homogeneidad en la audición. Cabría destacar la primera composición, donde el trabajo orquestal, a modo de vals, reflejó un lenguaje convencional pero excelentemente elaborado. Interesante también fue la labor que, en la VI sección se llevó a cabo con una célula reiterada y el movimiento que de ella hizo por toda la orquesta.

La IX pieza supo ofrecer mayor relevancia a los instrumentos de viento y a sus recursos expresivos y la última de las composiciones consiguió establecer, a través de grandes contrastes tímbricos y dinámicos, un discurso musical mas decidido y variado.

Juan Luis Pérez mostró una dirección concisa y metronómica que supo leer una orquesta sin grandes dificultades técnicas que la pusieran en apuros.

El Concierto nº 1 para marimba y orquesta de Igmar Alderete, nos devuelve, como ya sucediera en conciertos anteriores, a la interpretación actual de ritmos y armonías de carácter popular.

Esta vez, las fuentes que toma Acosta se encuentran en el Caribe y en África. Para ello se sirve de un instrumento que refleja a la perfección gran parte de las características tímbricas de estas zonas: la marimba.

Carolina Alcaraz mostró unas excelentes dotes como percusionista sabiendo extraer en todo momento todo el sabor latino de una música que hacía bailar incluso al propio director (en esta ocasión el titular de la orquesta, Manuel Hernández Silva).

Su destreza y virtuosismo se vieron acentuados sobre todo en la tercera sección de una obra donde compositor, demostrando un conocimiento profundo de las citadas raíces a través de recursos armónicos y rítmicos muy ortodoxos pero efectivos, e intérprete, con su excelente dominio del instrumento, fueron ampliamente recompensados por el público.

Polifemo y Galatea se presentó como una obra programática donde Andrés Valero describe la fábula del mismo nombre que Góngora reflejara a través de sus estrofas. En ella, las secciones musicales se corresponden con las diferentes escenas del poema: el vuelo sobre la costa siciliana, la cueva de Polifemo, la escena de amor de Acis y Galatea, la muerte de Acis y su metamorfosis. El lenguaje con que Castell nos presenta la historia no posee ninguna novedad estilística, desplazándose el interés de esta hacia el excelente dominio de los recursos orquestales de los que hace gala a lo largo de la composición.

La orquesta de Córdoba nos ofreció una lectura muy cuidada en sus matices, quedando un poco emborronada por el desequilibrio que la cuerda sufrió frente a unas secciones de viento y percusión demasiado impetuosas en algunos momentos.

 
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