Martes, 21 de noviembre de 2006
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CULTURA

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Retrato del mitómano amarillo
La exposición de la Galería Viva La Pepa muestra los trabajos de artistas como Botubol, Lo Herrera, Mónica Padilla, Iñaki Blanco o César Casas en torno al Cádiz Club de Fútbol
Hay un color capaz de despertar pasiones y aunar conciencias. Un color que es un alma colectiva y una forma de vivir dejándose la piel en cada instante, arrancándole a cada derrota una buena cerveza, para pasar el mal trago.

Hace mucho tiempo que lucir amarillo no es señal de mala sa-lud, sino de buen ánimo mental y capacidad de supervivencia, de buena cara y mejor cuerpo. Hace mucho que ser del Cádiz se convirtió en algo más que pertenecer a un club de fútbol, que se volvió una especie de señal de por vida, de estigma tatuado en bicolor muy cerca de aquel lugar inconcreto que llamamos corazón.

Ser del Cádiz es una marca patentada con universo de referencia, como un manifiesto que uno firma a la hora de calzarse las botas de jugar por el césped de la vida. Y, como todos, el arte también ha tenido que rendirse a este designio.

La galería gaditana Viva La Pepa ha viajado hasta las entrañas mismas del fenómeno pop para organizar una muestra en torno a esa filosofía posmoderna del culto al mito llamado cadismo, Cádiz C. F. vs Pop. Una cita dedicada a esa mezcla de placer epicúreo, pasión por la vida y templanza gadita capaz de llamar la atención a cualquier antropólogo que se precie.

El resultado es una muestra atípica que no deja indiferente a nadie. Una exposición popular por sus cuatros costados que ha aunado bajo el recinto de la galería al público artístico y futbolero en una simbiosis cada vez menos rara en estas lides de la creación actual. «El fútbol empieza a ser un punto de referencia para los creadores. Se pudo apreciar en la última Feria de Basilea en la que uno de los fuertes fue la película de Douglas Gordon y Philippe Parreño sobre Zidane. El fútbol es una máquina de crear imágenes un soporte extremadamente plástico», asegura José Manuel Garayoa, director de la galería, que recuerda como a lo largo de la historia del arte el deporte ha sido uno de los motivos más recurrentes.

«En los últimos años se había creado una especie de barrera insalvable entre el fútbol y el arte que parece que empieza a romperse. Existe una gran sensibilidad tanto desde el mundo del deporte como desde el arte para que esto ocurra porque los creadores se han dado cuenta de que el fútbol es un deporte total, que el campo es una plataforma donde se suceden más de 20.000 detalles de enorme plasticidad», añade.

Reencuentro

Para Garayoa «la gente está sintiendo que lo que le gusta no es llamativo para el mundo del arte y ve a éste como un Olimpo lejano. Para mí todo esto tiene que ver con el object trouvé de Marcel Duchamp, con la necesidad de acercar la creación a la gente».

Con el club de fútbol convertido en el «icono pop de Cádiz», la exposición muestra desde la figuración de Mónica Padilla con Pasito a pasito al carranza o La Chispa del Cádiz, hasta la pintura naïf de Lo Herrera en torno a algunos de los asuntos recurrentes en el ir y venir del cadista: el paseo en moto hasta el estadio o la cervecita en el Bar Gol.

«Los artistas estuvieron desde el principio encantados con el proyecto porque les pareció una idea muy nueva. Desde siempre habían disociado el equipo de su universo de creación y, claro, la experiencia les resultaba muy atractiva», asegura el galerista.

Entre los cuadros pueden en-contrarse clásicos del pop gaditano como los paisajes de Tintín elaborados por Iñaki Blanco, así como aportaciones de algunos de los nombres jóvenes más punteros del panorama artístico local, como Alejandro Botubol. La fotografía creativa de Julio González o Jesús Belizón recuperan el universo del cómic para hablar de instantes para el recuerdo en la contienda futbolística.

Motivos cadistas

Un Benedicto XVI que amenaza con presentarse en el Carranza algún domingo, una grada presidida por Macarthy, una olla donde se cuecen las almas del cadismo o un corazón que late sobre el mapa de la ciudad son algunos de los motivos con los que los artistas han elaborado su peculiar homenaje a un club de fútbol que es mucho más que local. Y como buen homenaje al deporte nacional y sus principios, a su gamberra forma de mirar, un guiño al erotismo del esférico, Mi secreto de Alfonso Ramírez de Isla. Un provocador tatuaje circundado por un minúsculo tanga para recordar que en en fútbol, aunque revestido de arte, hay gustos que no cambian.

 
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