«Todos tendremos que ir al juzgado y algunos más a Alhaurín». Sus palabras a pie de micrófono hace tan sólo unos meses parecían casi premonitorias. Tras dar una nueva vuelta de tuerca al tan traído y venido culebrón de las bolsas, Mayte Zaldívar volvía a confesar el pasado verano en un plató de televisión que en su casa, de la mano del ex regidor de Marbella Julián Muñoz, entraron petates de plástico repletos de billetes de procedencia desconocida. Quizá no midió las consecuencias de sus palabras. Tampoco pareció hacerlo cuando descolgó el teléfono para contar, hace ya tres años en un programa de televisión, que su entonces marido mantenía una relación con Isabel Pantoja.
Quienes la conocen dicen que es así. Verborreica, sin pelos en las lengua y de carácter fuerte. Hija de Guardia Civil y vecina de Marbella desde que era una cría, cuentan que su personalidad la convirtió en cabeza pensante del matrimonio e incluso ahora, en su noviazgo con un joven empresario.
Su biografía se resume en tres líneas: De alcaldesa consorte a contertulia televisiva pasando por un breve pero rentable periplo de mujer despechada. La imparable carrera ascendente como personaje mediático de Mayte Zaldívar, parece diseñada al dedillo por un ingeniero de la prensa rosa.
Desconocida
La Zaldívar, como se la conoce también, dio el salto a la palestra catódica con una intervención doliente en un programa de Canal Sur. Hasta entonces, fuera de las fronteras de Marbella, era una auténtica desconocida. Ese día, en marzo de 2003, plagiando el Hoy quiero confesar de su célebre rival, puso a caer de un burro a su entonces marido y a la tonadillera por haberla convertido en objeto de cornamenta. Abría, sin querer queriendo, la caja de los truenos.
La sinceridad televisada en horario de máxima audiencia no le vino mal. La caja registradora comenzó a sonar. Primero a golpe de venderse a sí misma como la víctima de una infidelidad, que finalmente pareció ser una más de otras a las que hizo la vista gorda. Luego como defensora de sus hijas censurando a un padre ausente. Después por el rifirrafe de su separación.
Mientras su caché como damnificada por el tándem Cachuli/Pantoja subía como la espuma y lloraba por las esquinas que su ex marido la había dejado casi en la indigencia, muchos empezaron a cuestionar el nivel de vida del que aún presumía.
Lejos de sus modestos comienzos en la hostelería de la mano de Julián Muñoz, hace más de 25 años, época en la que abrieron un bar en el casco urbano de Marbella y otro en Puerto Banús, Mayte hizo ostentación de bienes también en las fiestas nocturnas, otra de sus aficiones.
Madre de dos hijas, Elia y Eloísa, y abuela de dos nietas, tras su separación formal del ex alcalde compaginó su faceta de tertuliana con la de empresaria en varios frentes.
Amigas
No ha estado sola. En su cruzada contra Isabel Pantoja y su ex marido ha tenido compañeras de fatigas y enemigas irreconciliables. Mila Ximénez, ex mujer de Manolo Santana, es de las primeras. De las segundas, de sus fieles enemigas, destaca Raquel Bollo, amiga de la tonadillera.
Ayer sólo estuvo rodeada de su familia. Y de un nutrido grupo de la prensa afín a ella. Se echaron en falta apoyos de antaño. Como el de aquel contrariado Carlos Fernández, que tras conocer la infidelidad de Julián Muñoz lanzó un sonoro y mediático: «Mayte somos todos». Dicen que ella ha sabido cobijarse siempre bajo el árbol que mejor sombra le ha dado y donde más billetes crecían de las ramas. También para estampar su firma. De hecho ha sido su presencia en varias sociedades mercantiles el detonante de su nada sorprendente detención. El resto ya es historia. Historia de malaya.