Martes, 7 de noviembre de 2006
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DEPORTES

sporting 5 - Cádiz C.F. 4
El Cádiz se viste de luto
El equipo amarillo, ayer de negro en todo su sentido, cae goleado en Gijón tras ir ganando por dos goles Los de Oli, ahora más en peligro que nunca, pudieron sentenciar pero marraron un penalti con el 0-2
El Cádiz se viste de luto
PUGNA. Nano trata de marcharse del ex cadizta Sastre. / JOAQUÍN BILBAO
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Alegría, éxtasis, prepotencia, miedo, decepción, pesadumbre, esperanza, irritación, júbilo, hundimiento,... desesperación, tristeza, amargura. Los ingredientes de toda tragedia griega, de Sófocles o Eurípides, con su epílogo desgarrador y cruel. El fútbol en su vertiente más miserable y canalla, también la emocionante, fanática y bella para los beneficiados, acudió a El Molinón para destrozar la ilusión de un barco que terminó de naufragar.

98 minutos vibrantes, nueve goles, dos palos, una decena de tarjetas amarillas, remontadas e igualadas en un partido precioso para el espectador y que deja una simple pregunta: ¿Y ahora qué?

Pregunta sin respuesta

Retrocediendo al pasado, que poco importa en estos momentos, es menester resaltar que el Cádiz mejoró algo su juego y no le valió un pimiento. El equipo amarillo saltaba al césped de El Molinón imponiendo su clara superioridad inquietada tan solo por el bienhacer de Congo.

La velocidad por la banda de Nano y la movilidad de Sesma ponían en jaque a una defensa exagerademente vulnerable y que solamente se puede comparar con la cadista. En un recorte del gallego por la izquierda llegaba el primer gol. Su disparo era rechazado por Roberto y el balón quedaba franco para que el canario la rompiera a puerta vacía.

El gol del basurero que recibía un espaldarazo casi definitivo cuando César saltaba para bajar de las nubes un maravilloso centro de Nano y establecía el 0-2. ¿Qué fácil! Dos minutos más y penalti a De Paula. ¿Cómo no se gane este penalti es para matarnos! Dicho y hecho. Como que alguien va a morir. Deportivamente.

El balón de Paz se estrellaba en el larguero con un dolor estruendoso y ahí empezaría todo. Un simple falló desnudaba todas las vergüenzas del Cádiz de Oli y lo dejaba en pelota picada. La primera es la defensa de la estrategia, talón de Aquiles desde pretemporada, y Barral, aunque fuera previa falta, remataba a placer el corner de Diego Castro (antes daba en el palo tras una excelente jugada).

Otra carencia inexplicable de esta escuadra es la inexperiencia necesaria para saber enfríar un encuentro. Cuatro minutos más tarde, y en un festival de goles inigualable, Congo ejecutaba un contragolpe (increíble pese a la ventaja) y en un rechace la pelota caía en los pies de Diego Castro, que fusilaba a Armando.

Sesma, bigoleador

Continúa el descalabro. Ahora por culpa, una vez más, de una defensa que sufre mucho en velocidad y un portero que despeja al centro y deja el cuero en las botas de Gerardo para certificar la remontada. Por fortuna, Jonathan maquillaba el desastre y mantenía la esperanza justo antes del descanso cuando todo se veía abocado al fracaso.

El Cádiz era víctima absoluta de sus errores en la retaguardia y sobrevivía de su mejoría en ataque. Pero el esfuerzo en la presión y la falta de resistencia de Nano y De Paula en la segunda mitad terminarían por hundir una escuadra tocada pese al espejismo del empate. Nada más finalizar el ecuador, y en otra acción de estrategia, Congo se alzaba entre cuatro amarillos (perdón, rosonegros, que con el dolor de la derrota se ha obviado el tema de las medias de torero) y la colocaba al lado contrario de Armando.

Demasiados males

Si se juntan los dos males endémicos del cuadro gaditano, el de goles tempraneros y a balón parado, es misión imposible frenar el negro destino. Ni a fuerza de penalti riguroso y redención de Paz sería capaz el equipo negro de levantar el envite. Nano tendría la llave en un mano a man o pero su físico le traicionaría y, a continuación, Jorge calcaría la actuación de Congo en el cuarto gol para otorgar el mazazo definitivo.

Con los futbolisras arrastrando los cuerpos por El Molinón como alma en pena se consumaría la siguiente media hora que el Sporting, esta vez sí, sabría meter en la nevera.

Desatinos e imprecisiones daban paso a broncas absurdas y tanganas reprochables. Falta de experiencia para poder mantenerse ajeno de un entorno que martirizaba a Oli con insultos, descalificaciones y lanzamiento de objetos. El Sporting había mostrado capacidad de reacción pero estos jugadores no saben qué significan esas dos palabras. Ni tampoco se incluye en su diccionario el término defender, por ello es el tercer equipo más goleado de la categoría. Ni experiencia, ni equipo,.. Al final tendrá que venir otro a explicárselo.

 
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