Viernes, 3 de noviembre de 2006
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Nace en España un bebé sano de un embrión congelado durante 13 años Gerard, el primer embrión adoptado
Se trata de la primera vez en la historia de la ciencia que prospera un embarazo con embriones criopreservados durante tanto tiempo La madre lo 'adoptó' de una pareja que lo cedió tras una fecundación in vitro
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Esta es la historia de cómo la vida se abre paso por extremas que sean las condiciones. O de cómo la propia Naturaleza desafía los límites teóricos y legales de la congelación de embriones. Médicos del Instituto Marqués de Barcelona publican en la edición on line de la revista Medicina Reproductiva un caso único en el mundo: el nacimiento en España de un bebé completamente sano que fue concebido por fecundación in vitro y cuyo embrión permaneció trece años congelado antes de implantarse en su madre. Se trata de la primera vez que prospera un embarazo con embriones criopreservados durante tanto tiempo. La literatura científica sólo ha recogido el nacimiento de unos mellizos en Jerusalén en 2003, a partir de cuatro embriones congelados doce años antes.

El nacimiento de este pequeño, sin ningún problema de salud, es una prueba más de que el tiempo de congelación no tiene por qué dañar, ni afectar a la supervivencia de los embriones que permanecen almacenados en las clínicas de infertilidad. El principal riesgo de la congelación por tiempo indefinido es la degradación de las proteínas del embrión que pueden hacer fracasar la gestación.

Esa es la razón de que muchos centros dedicados a la reproducción e incluso las legislaciones de algunos países establezcan un límite de congelación de cinco años para los embriones conservados. En España la antigua legislación establecía ese plazo, aunque cumplido el tiempo no indicaba qué hacer con ellos. Motivo por el que hoy las clínicas españolas almacenan miles de embriones en sus bancos de congelación. La ley de reproducción vigente no establece un límite temporal, sólo indica que la congelación se prolongará durante el tiempo que la mujer esté en condiciones de ser madre. Después deberían donarse a otras parejas o cederlos con fines científicos, lo que lleva aparejada su destrucción.

El caso español no es sólo un hito médico; tiene además interés humano. Los que hoy son sus progenitores no son sus padres biológicos. El embrión era uno de los muchos embriones que permanecían almacenados en espera de destino. Los padres biológicos se habían sometido a una fecundación in vitro que tuvo éxito.

Del tratamiento sobraron seis embriones que fueron congelados a 196 grados bajo cero en el Instituto Marqués. Allí permanecieron criopreservados hasta que llegaron sus actuales padres a la clínica de Barcelona.

Tres fracasos

Era una pareja con problemas severos de fertilidad. Ella tenía 40 años y trastornos en la ovulación que le impedían ser madre sin ayuda; él una azoospermia (ausencia de espermatozoides) que obligaba a recurrir a un donante. Pese a lo difícil de su caso, se sometieron a dos tratamientos de fecundación in vitro y a una inseminación, sin éxito. Los tres intentos acabaron en abortos espontáneos. Antes de tirar la toalla, decidieron recurrir al programa de adopción de embriones del Instituto Marqués.

Los padres actuales recibieron los embriones de una pareja que trece años antes se habían sometido a un tratamiento de fecundación in vitro en la propia clínica de Barcelona. De los seis que se conservaban, sólo se transfirieron tres para evitar los riesgos de una gestación múltiple. No todos los embriones se implantaron y sólo uno logró que la gestación prosperara.

Mejor imposible

Una ventaja añadida del tratamiento es que la madre no tuvo que pasar por el delicado proceso de un tratamiento de fertilidad. La implantación de un embrión donado es un tratamiento sencillo e indoloro.

El útero de la mujer se prepara para recibir el embrión mediante la utilización de unos comprimidos que se introducen en la vagina. Al cabo de pocos días, se procede a la transferencia de los embriones. No se necesita ingreso hospitalario, sólo se requiere el reposo en el domicilio durante unas horas posteriores a la implantación.

Después sólo queda realizar la prueba del embarazo y la gestación tiene un seguimiento convencional.

«Gracias al programa de adopción, esos embriones en lugar de permanecer congelados durante tiempo indefinido, fueron transferidos a una pareja que estaba deseando adoptarlos, resultando en el nacimiento de un bebé saludable», escriben en Medicina Reproductiva los médicos del Servicio de Reproducción del Instituto Marqués. Maria Luisa López-Teijón, responsable de ese servicio y Juan Álvarez, profesor de la Universidad de Harvard, son dos de los firmantes del trabajo.

Ambos ofrecerán detalles de este nacimiento y de su programa de adopción de embriones el próximo martes en una rueda de prensa. El nacimiento de este pequeño no es el primer fruto del programa de adopciones de embriones impulsado por el Instituto Marqués de Barcelona. El 2 de septiembre de 2005 nació Gerard, un bebé que vino al mundo con 3,340 kilos de peso y 50 centímetros de estatura. Nació nueve meses después de poner en marcha esta iniciativa pionera que intenta dar un destino a los embriones abandonados. Numerosas parejas españolas y extranjeras ya han acudido a este centro en busca de un embrión, la mayoría tras fracasos repetidos de tratamientos de fertilidad. La adopción es además una decisión más económica para las parejas que necesitan una donación de óvulos y espermatozoides para ser padres.

 
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