Un diamante es para siempre, y a partir de ahora, también va ser accesible para casi todos los bolsillos. Los diamantes han dejado de ser para unos pocos. Cada vez son más los hombres que llevan piedras preciosas. Sin ir más lejos, el mismísimo futbolista David Beckham porta en sus orejas 2 o 3 quilates de esta preciada piedra.
Antiguamente, los diamantes procedían de la India; con posterioridad viajaban en las barcas de los comerciantes marítimos que hacían la ruta entre Europa y Oriente. A partir de ahora, ya no será tan difícil ver una de las joyas que no sólo complementan, sino que duran toda una vida. Sin ir más lejos, en el centro comercial de El Corte Inglés pueden verse 350 piezas, que superan los dos millones de euros. Unos 5.000 diamantes de todos los estilos, desde el clásico hasta el más vanguardista.
Rafael Martín, gerente de la firma Navas Joyeros, asegura que no existe un perfil concreto para comprar una joya como el diamante.
Con 150 o 200 euros ya se puede comprar un solitario de 0,10 quilates, que procede de la misma fuente que los diamantes de la pieza más cara de su exposición: un collar con rubíes birmanos valorado en 300.000 euros, el equivalente al valor de un piso en una zona de mediana calidad.
Los diamantes no están reñidos con otras piedras preciosas, como zafiros amarillos y azules, amatistas, esmeraldas o rubíes. Del mismo modo, los diamantes no son sinónimos de lo clásico. Las joyas de ahora pueden tener sabor antiguo o convivir con lo moderno. El joyero Martín comenta que se suele asociar el color blanco a los diamantes, pero los hay de todos los colores y que los negros son los que más se venden.
Otras buenas compañeras del diamante pueden son las perlas, australianas, chinas o procedentes de Tahití.
Pulseras tradicionales de pedida, el anillo triángulo de la princesa doña Letizia, una alfombra cuajada de diamantes, o esmaltes modernos y juveniles son algunas de las tendencias que ha presentado Rafael Martín en la exposición inaugurada ayer en El Corte Inglés.
Según Martín, España es un país de joyerías. Reconoce que gran parte de sus clientes son extranjeros pero, aún así, la mayoría son españoles.