ANIVERSARIO | LA PEPA

«Trabajar en medio del mar a esa altura es algo inolvidable»

El gaditano José Luis Vela Castellón fue uno de los trabajadores que hizo posible la existencia de La Pepa. Desde su grúa, vivió una experiencia única que recuerda ahora con cariño.

Luis Vela, el joven alcalaíno con las vistas desde su grúa y de fondo, el paso de un buque durante la construcción del Segundo Puente.
Luis Vela, el joven alcalaíno con las vistas desde su grúa y de fondo, el paso de un buque durante la construcción del Segundo Puente. - LA VOZ

«Aún sigo viendo el puente como un gran puzle acabado», apostilla Luis de tan sólo 30 años de edad y natural de Alcalá de los Gazules, cuando recuerda su paso como gruista de la pila 12 en el puente La Pepa, justo un año después de que finalizaran las obras.

–Afortunadamente en esta macroconstrucción no hubo que lamentar la muerte de ningún trabajador pero sí hubo algún que otro percance, ¿cuál recuerdas de mayor gravedad?

–El accidente de David Sevilla. Un chaval al que le cayó una viga en la pierna. Eso fue en el tramo de tierra y no lo recuerdo bien porque yo estaba en el tramo del agua pero íba muy grave.

–De tu experiencia, ¿cuál crees que será el recuerdo más duradero?

–Trabajar en medio del mar, en una de las grúas más grandes, a 208 metros de altura, es una experiencia inolvidable. Comencé a trabajar en agosto de 2008 cuando a penas habían empezado a construirse los primeros pilones y he tenido la suerte de estar hasta el día de la inauguración. Por encima de las pilas, el puente lleva unos cristales y ahí va una grúa como la que llevan los camiones, un plumín. Recuerdo con especial satisfacción el día que puse el plumín. Fue como poner la bandera al Puente. Ése es el punto más alto. De ahí para arriba ya no hay nada más.

–En cuanto al trabajo con los compañeros, ¿con qué vivencia te quedas?

–Hubo muchas, había muy buen ambiente. Pero guardo una. Fue antes de que me dieran la grúa. Uno de los encargados, uno mayor que estaba a punto de jubilarse. Tuve la suerte de tratarlo y un día íbamos en uno de los coches del tajo y me dijo: el día que monten ‘la reina de la obra’, la vas a llevar tú (se refería a la grúa de la pila 12). Yo pensé que era broma, que no podía tener esa suerte y sin embargo, fue así. No sé qué vio en mi pero fue verdad. Él ya no estaba cuando eso ocurrió y sin embargo me dieron la grúa más grande que hubo en la obra y la tuve yo durante dos años.

«Poner el plumín con la grúa fue para mí, como poder poner la bandera al puente La Pepa»

–El trabajo de gruista no debe ser fácil, ¿qué era lo más complicado?

–La gran tensión y responsabilidad con la que trabajas. Te ves en situaciones de tener que mover a lo mejor un camión de 18.000 kilos y que la grúa solo soporte 18.200 kilos. Había que quitar kilos al camión como fuese. Le quitaba ruedas de repuesto y todo lo que se podía porque el peso iba al límite. Te juegas tu vida y juegas con el pan de una familia porque estás moviendo un camión que si se cae y partes el camión y cae al agua ... ya no hay solución.

–Las primeras informaciones decían que el Segundo Puente se abría al tráfico en 2012. ¿Cómo vivisteis ese período los trabajadores?

–La gente que estabamos allí trabajando dentro éramos conscientes de que aquello era imposible de tenerlo terminado en el 2012. Ya no dependía tanto de echar más o menos horas de trabajo sino que también influían muchísimos factores. El mar era uno de ellos. Tenían que llegar los barcos cargados con seis camiones de hormigón y si el mar estaba revuelto o había tormenta, no llegaba el barco. Había que esperar y ahí no se podía hacer nada... Y cuando hacía mucho viento y teníamos que parar, igual, eso retrasaba mucho.

–Luis, del día de la inauguración, ¿qué recuerdas?

–Muchos nervios y mucha prisa por dejar listos los últimos retoques. Yo estuve hasta las cinco de la mañana desde el Río San Pedro andando hasta Cádiz con varios compañeros poniendo captafaros. Los que están en la baranda azul del carril bus. A las cinco nos fuimos y a las ocho teníamos que estar allí para limpiarlo todo. Al final acabamos en el bar festejándolo (risas).

–¿Y cuando recorriste la primera vez en coche lo que habías construido?

–Fue con una furgoneta de la obra. Mi amigo Miguel, el electricista, me mandó a recoger unas piezas. Conduje desde el viaducto hasta la pila 12, en la que estaba mi grúa. Fue extraño, antes era solo mar, ahora, ya se podía pasar.

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