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Tarde o temprano 'Lo imposible' volverá a ocurrir aquí

El documental 'La gran ola' de Fernando Arroyo analiza a través de testimonios científicos la necesidad de prevenir los efectos de los inevitables maremotos en el Golfo de Cádiz

Tarde o temprano 'Lo imposible' volverá a ocurrir aquí

Los más viejos del lugar, de los lugares, transmiten la idea en forma de chascarrillo, de humor negro. Algún día vendrá el mar y se comerá todo lo que le quitamos. Algún día subirá la marea tanto que no tendremos sitio en el que refugiarnos. En los lugares consagrados al mar, y Cádiz lo es como pocos, los abuelos de la tribu mantienen con la tradición oral el respeto atávico por el mar que cada cierto tiempo nos engullirá. Alguna vez vendrá la gran ola. Ese es el nombre de un documental que recrea con imágenes sobrecogedoras y testimonios de casi medio centenar de prestigiosos expertos, docentes y estudiosos el tsunami que asolará Cádiz, toda su costa atlántica, el Golfo entero. Puede suceder dentro de cinco días, de cinco décadas o de cinco siglos pero sucederá. La relación de fuerzas tectónicas, las normas de la sismología dicen que pasará otra vez, como en 1755 y en otras ocasiones anteriores que ni siquiera están documentadas.

‘Lo imposible’ que aprendimos a temer en la célebre película de Bayona sobre el maremoto que asoló las costas asiáticas no sólo es posible en Cádiz, es inevitable. El primer y mayor mensaje del trabajo del realizador onubense Fernando Arroyo es que España, Portugal, la costa atlántica de la Península Ibérica están en la obligación de articular todas las medidas preventivas, todos los sistemas de alerta de los que sea capaz. Ahora, ya, porque el riesgo es tan alto mañana como dentro de 150 años.

‘La gran ola’ muestra, con crudas imágenes de algunos paisajes tan reconocibles como La Caleta, los efectos que tendría un tsunami y cuenta con las palabras de los que han dedicado su vida al estudio de este fenómeno natural.

Para que el mensaje de alerta y prevención, más que de alarma, sea creíble resulta imprescindible contar con las voces más autorizadas. El realizador Fernando Arroyo era consciente de esa exigencia: «Ante un tema tan complejo era imprescindible poder contar con opiniones irrefutables. Entrevistamos a personas que llevaran toda su carrera dedicada al estudio de los tsunamis, independiente de su procedencia. Por eso recurrimos a Emilio Carreño y Jose Manuel Martínes Solares, del Instituto Geológico Nacional, a Begoña Pérez de Puertos del Estado, que nos explicaron el funcionamiento del sistema de alerta de tsunamis en España. El portugués fue explicado por sus homólogos Fernando Carrilho y María Ana Baptista. Aparte entrevistamos a profesionales del Instituto Español de Oceanografía (IEO) para que explicasen la dinámica de los tsunamis, y a expertos en sistema de alertas como el colombiano Mauricio González, uno de los expertos más respetados a nivel mundial. Para saber qué más se estaba haciendo en nuestro país recurrimos al Grupo Edanya de la Universidad de Málaga, que colabora con la Unesco en el desarrollo de simulaciones de tsunamis. También fuimos a pedir opinión en el Real Observatorio de la Armada de San Fernando y a geólogos y paleotsunamitas de las Universidades de Cádiz, Huelva y Aachen (Alemania). Con Klaus Reicherter, quizás el mayor experto europeo en su especialidad, nos fuimos a buscar restos de antiguos tsunamis».

Una relación milenaria

Puede resultar sorprendente para los ajenos a este fenómeno pero se han encontrado restos de, al menos, veinte tsunamis distintos solamente en la provincia de Cádiz en distintas épocas. La carga histórica de ‘La gran ola’ se completa con expertos en catástrofes recientes como la chilena María Eugenia Petit Breueil. El realizador quiere reforzar una teoría: el Golfo de Cádiz es una zona de indudable actividad sísmica. Y pretende anular otra idea que entraña riesgos, esa de «que estemos en una zona donde los tsunamis han sido una casualidad».

Más allá de la posibilidad, indiscutible, de que se reproduzca o de simular la entrada del agua en ciudades como Cádiz, el documental trata de averiguar –siempre con testimonios científicos–qué consecuencias tendría, cuales se pueden evitar o paliar. Por ejemplo, los expertos en ingeniería sísmica de Portugal trabajan en saber cómo resistirán las edificaciones.

Otro gran bloque de participantes está formado por los que ofrecen sus testimonios. Entre ellos, destaca el de María Belón, cuya historia inspiró ‘Lo imposible’, y miembros de Bomberos Unidos sin Fronteras que han colaborado en el rescate en tsunamis del Índico y Japón.

El gran precedente

Vista desde la óptica de Cádiz o Huelva, la cinta documental tiene una fecha clave, un precedente inolvidable. Se trata del último gran maremoto, el provocado por el terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755. La tecnología actual ha permitido establecer que las olas se desplazaron a una velocidad que osciló entre los 300 y los 735 kilómetros por hora. De hecho, tocaron la costa andaluza, a 264 kilómetros del epicentro, tan sólo 30 minutos después del temblor. Las olas resultantes alcanzaron los 16 metros de altura en el arco formado por Algarve, Huelva y Cádiz. Causaron decenas de miles de muertos, enormes daños materiales e incluso transformaciones radicales en el terreno o en el cauce de algunos ríos.

Alrededor de 40 personas han trabajado de un modo constante durante todo un año en la fase final del segundo documental de Fernando Arroyo y la productora andaluza Twizé Films. En el reparto aparecen profesionales de gran experiencia como Antonio Galisteo en la dirección de fotografía, Alonso Velasco en el sonido, Antonio Barrero en la postproducción, Pablo Cervantes en la música o la firma norteamericana CGS Nos en los efectos visuales que permiten recrear cómo entraría una ola de esas proporciones en la ciudad de Cádiz.

El documental se estrenará en los cines en mayo de 2017 y antes participará en festivales. El director y creador está a la espera de confirmar eventos previos de presentación en distintas ciudades de Andalucía y en Lisboa.

Fernando Arroyo no teme ser tachado de alarmista: «El problema está en el concepto de alarmismo ¿Qué es ser alarmista? Si es sacudir la pereza que da pensar en algo que está ahí, pues entonces sí será alarmista. Pero lo que desde luego no pretende es asustar. El documental habla de algo que a todos ya nos asusta mucho. Y dice a los espectadores que esta es la realidad y que podemos hacer dos cosas: prevenir o lamentarnos».

Cuando se le pregunta ¿por qué ahora? El director admite que ‘La gran ola’ no es un proyecto vinculado a ninguna fecha concreta o algún tipo de aniversario «porque los seísmos, aunque algunos científicos consideren que son cíclicos, no se pueden predecir». Arroyo cree que el impulso de hacerlo, el motivo, «hay que buscarlo en el año 2004. Cuando ocurre el tsunami del Índico en el que murieron 300.000 personas todos entendimos que por mucho que digamos que esto no puede pasar, finalmente pasa».

En el caso asiático, científicos como Kerry Sieh habían advertido del riesgo pero las autoridades guardaban estos avisos para no alertar a la población ni espantar al turismo. La Unesco, después de la catástrofe, apremió a los países costeros a tomar medidas preventivas. Después llegaron los tsunamis de Japón (2011) y el más reciente de Chile. Estos episodios han llevado a la reflexión, han acelerado algunos procesos que han culminado este año con la celebración, por primera vez, del día mundial para la concienciación de los tsunamis.

Desde el brutal impacto en el Índico en 2004, España y Portugal se han aplicado el cuento de terror, han avanzado pero, según Arroyo, muy lentamente: «Aún queda muchísimo –casi todo diría yo– trabajo por hacer. Pero ya es el espectador el que debe sacar su propia conclusión».

Si se le pregunta qué necesitan los dirigentes públicos e institucionales para tomar este riesgo en serio, vuelve al mismo lugar en el que estaban los países del Índico antes del maremoto de hace doce años pero con matices: «La respuesta fácil es que no quieren alarmar o perjudicar al turismo, que en el fondo es verdad. Pero no es tan sencillo. Lo que quiere un alcalde o cualquier gobernante es la prosperidad de su territorio. Entonces ¿quién es el primero que toma medidas? Es fácil imaginar que no sería muy popular poner carteles de tsunamis en las playas. Además tampoco se ha hecho una labor explicativa. Es ahora, que ya sabemos lo suficiente, que sabemos, por ejemplo, que los turistas valoran positivamente estas acciones por la experiencia de algunas ciudades; que ya sabemos que la gente no deja de ir a la playas, cuando debemos pedir a los políticos que tomen medidas. Decirles algo así como que hay que tomar medidas sin tener miedo. Y seguro que lo harán. No tendrán más remedio. De hecho, este documental, participado por una cadena pública como Canal Sur Televisión, es el mejor ejemplo de que algo está cambiando».

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