Comercio

Sorry, pero aquí no hablamos inglés

La Cámara de Comercio ofrece cursos de este idioma y constata el bajo nivel generalizado

Carteles en el centro de Cádiz con mensajes en inglés.
Carteles en el centro de Cádiz con mensajes en inglés. - F. Jiménez

Es una imagen que suele repetirse; quien lo vivió, lo sabe. Llega un extranjero a un comercio de la capital y pide información sobre un producto. El dependiente, con más moral que mañana, le indica el precio despacio y a buen volumen. Contraataca el paciente cliente sustituyendo la frase por una sola palabra y el vendedor, temiendo perder el negocio, le enseña el precio en la calculadora...

Con el objetivo de evitar imágenes como ésta, la Cámara de Comercio de Cádiz ha puesto en marcha unos cursos de inglés destinados, fundamentalemnte, a los pequeños comerciantes, con el objetivo de, al menos, dotarlos de competencias comunicativas con el turista.

Uno de los encargados de realizar dichos cursos es José Manuel Cossi, director del área de creación de empresas, competitividad e innovación de la Cámara de Comercio. Sus impresiones a la hora de valorar el nivel de inglés medio de los participantes no fueron muy optimistas: «el nivel es bastante bajo».

Cossi, que se ha enfrentado en ocasiones previas al reto de formar a empresarios, deja claro que «no tenemos un estudio detallado del nivel idiomático de los comerciantes gaditanos, puedo hablar por mi experiencia y por lo que vemos en los cursos». Eso sí cree que el aprendizaje de otra lengua sigue siendo una asignatura pendiente «como en el resto de la sociedad, el comercio no es un caso aislado».

Como muestra, Cossi indica que en la primera edición de estos cursos de inglés «nos planteamos hacer dos grupos, uno con nivel básico y otro de nivel intermedio. Tras las pruebas de nivel nos dimos cuenta de que todos necesitaban el nivel básico de aprendizaje».

El primer curso se realizó en junio y contó con la participación de 20 personas. «La mayor parte eran personal de pequeños establecimientos que atendía al público; nos ha llamado la atención que en muchos casos no ha venido el dueño de la empresa, sino uno de los empleados». La edad no es una excusa para el nivel de inglés que presentan en muchos casos, ya que «no suele participar gente muy mayor, la edad media es de unos 40 y pocos años», detalla Cossi.

En los cursos, cuya segunda edición está arrancando ahora mismo, se les imparten 20 horas de formación «en los que intentamos darles las herramientas para que hagan que el cliente/turista se sienta cómodo». Desde la Cámara de Comercio detallan que la llegada masiva de cruceristas en los últimos años es lo que ha animado a muchos a mejorar su formación.

«El comerciante sabe que tiene que adaptarse continuamente a lo que exige el mercado, si se ha evolucionado con la tecnología, ¿por qué no hacerlo con la comunicación», abunda Cossi, que aporta como anécdota que «no es raro el caso del vendedor que, ante la imposibilidad de entender a un cliente, recurre al negocio de al lado para que le ayude con la venta». Cossi subraya «las virtudes que tiene la forma del ser del gaditano para comunicarse y agradar (sabe de lo que habla, es autor de uno de los cuartetos más laureados de la historia del Carnaval), pero eso no basta».

Miedo a exportar

Los problemas con el inglés no afectan sólo al vendedor que debe atender de cara al público. También a los empresarios que quieren llevar sus productos más allá de nuestras fronteras.

De hecho, según indica Manuel Álvarez, director del área de Internacional de la Cámara de Comercio, es una de las razones que hace que los empresarios gaditanos tengan más miedo a exportar.

«Obviamente, las grandes empresas tienen trabajadores especializados en tratar con mercados internacionales, pero las que están ligadas a sectores más tradicionales, sin tanta experiencia en comerciar fuera, no lo pasan bien», aporta Cossi que, sin embargo, deja claro que «se están produciendo avances, el idioma cada vez es menos problemático».

«No me gustaría ofrecer la imagen de que el comerciante gaditano está peor que en otros lugares; el inglés, porque hablar de otro idioma ya es una quimera, es un mal endémico de España, que está peor que el resto de países en este aspecto. Aquí siempre se deja aparcado, no se practica y, al final, no se habla», resume Cossi.

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