Nandi Migueles

Se fue nuestra niña viñera y caletera

Carmen era una adolescente perpetua, a pesar de su edad madura

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Que la Uchi se llamaba Carmen es algo nuevo para muchos. De Carmen a Carmeluchi y de ahí su apodo Uchi. Nuestra niña viñera y caletera se nos fue. Una adolescente perpetua a pesar de su edad madura. Una deslenguada y descarada muchacha que hacía temblar los cimientos de cualquier reunión a la que se acercase.

Su carácter alegre y desvergonzado ruborizaba a todo hombre o chico joven con cierto atractivo. Una mujer que ha servido de burla en algunos casos por su privación psíquica pero que en la mayoría de las veces ha recibido el cariño y compresión de todos los que nos preciamos de habérselo dado. Para ella todos los varones eran de su propiedad. Si coincidías con ella por las calles de Cádiz y en esos instantes ibas acompañado de tu pareja, ella sin vacilar ni un segundo le indicaba a tu adjunta que ese hombre era suyo.

Si existe el cielo no puedo imaginarme la que les espera a tantos querubines y serafines de caras angelicales y tan bellos. Me imagino a Carmen montada en su bicicleta haciendo con su propia voz el sonido de la bocina, persiguiendo a la velocidad del rayo a tanto muchacho angelical de rizos de oro por todo el paraíso. Ya nadie podrá descansar en paz, ni Dios.