María José, al fondo, en una clase de yoga aéreo
María José, al fondo, en una clase de yoga aéreo - S.C.
MUJER

Una gaditana triunfa en Omán

María José Macías nació en la calle Sagasta y lleva seis años viviendo en el país árabe

CádizActualizado:

María José Macías tiene 41 años, es de Cádiz y lleva seis años viviendo en Mascate, la capital de Omán. Nada le hacía presagiar hace diez años que terminaría viviendo en el país árabe. Se acababa de mudar a Palma de Mallorca con sus dos hijos y su marido, piloto, por el trabajo de éste cuando, al poco de llegar, la empresa cerró de la noche a la mañana «y nos vimos sin nada, con dos hijos pequeños y una ciudad que no conocíamos».

Ella se volvió a Cádiz y él consiguió trabajo como piloto en Nigeria. Tres años después le salió una oferta de trabajo en Omán y ni se lo pensaron. Con las maletas y los niños, adolescentes, desembarcaron en el Golfo Pérsico. Él con una visa de trabajo y el resto de la familia con una visa familiar. Hasta hoy. Ya han pasado más de seis años desde eso. La familia ha aumentado con un miembro más, Carolo, su marido, sigue volando en la misma aerolínea y María José se ha convertido en una exitosa instructora de yoga en la capital omaní.

Lleva más de dos años impartiendo clases de yoga en Mascate . La elevada demanda le ha empujado a crear una escuela de yoga que ya cuenta con todos los permisos y abrirá en unos días. «En septiembre, seguro», afirma. En su haber, muchos alumnos, buena prensa y el aval de que es la única escuela de los países del Golfo, junto a otra en Riad (Arabia Saudí) certificada para impartir yoga aéreo (’unnata aereal yoga’).

María José con su hija mayor, Rocío
María José con su hija mayor, Rocío- S.C.

El hecho de ser mujer en un país árabe y musulmán no la ha frenado y, aunque reconoce que está «muy integrada» y «la gente es súper amable», la cuestión de género la ha perjudicado «un poco» a la hora de abrir el negocio porque los plazos han sido más largos . Explica: «Para abrir cualquier negocio, entre otras cosas necesitas una visa de trabajo y la mía era familiar, dependía de la de mi marido». Con todas las licencias ya en la mano, entre esta semana y la que viene recibirá la visa de trabajo y abrirá la escuela.

Se trata de un estudio de yoga y mindfulness enfocado a niños y adultos. «Estoy muy contenta porque mis clases de yoga han tenido muchísima aceptación desde que empecé de manera informal». Da clases en la playa, en el paseo marítimo, en casa, etc. Ahora ha abierto el abanico y también hace yoga con niños de 2 a 4 años de edad y le han llamado para dar clases en una guardería y en un colegio. Los alumnos de ‘baby yoga’ son, de momento, hijos de expatriados que viven en la capital omaní: «Hay niños de Méjico, India, Rusia, Inglaterra, etc».

La religión no ha interferido en su nuevo camino y la vive con cierta normalidad y conciencia de adaptación. «Son muy religiosos, eso es cierto, pero también respetuosos, y eso es lo mismo que le inculco a mis hijos, respeto al otro. En Ramadán, por ejemplo, les digo que procuren no comer ni beber en la calle o delante de sus amigos porque está prohibido y es una falta de respeto». De hecho, sostiene que viven el Islam con «mucha fé» y «alejados» de cualquier tipo de radicalización. «Ellos están totalmente en contra de los radicales y no se sienten identificados con los extremistas, al revés, se sienten consternados cada vez que hay un atentado y lamentan que esa sea la imagen que se pueda dar del Islam».

De momento no piensa en volver, sólo en abrir la escuela. Mientras su nombre suena en Omán y triunfa como profesora de yoga, insiste en que su éxito tiene nombre y apellidos: «Esto no hubiera sido posible sin la ayuda de mi marido y mi hija mayor».

Es la historia de una gaditana empoderada en un país árabe y musulmán.