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Fervor histórico por el Nazareno

El Regidor Perpetuo recorre las calles con la medalla de oro de la ciudad

Fervor histórico por el Nazareno

Un fervor único. Es el sentimiento unánime que despierta la imagen del Nazareno de Santa María. Cádiz vivió ayer una jornada histórica. El icono más venerado de la ciudad celebraba los 400 años de su llegada a Cádiz, a su barrio, a su casa. Cuatro siglos de pasión y de entrega recíproca que merecían una celebración especial, como la que preparó su hermandad, volcada desde hace meses para escribir una nueva página de la historia de la ciudad. Sin duda, la de ayer fue uno de esos días que quedarán en el recuerdo de los cofrades y que será difícil olvidar aunque pasen los años.

La emoción arrancó a primera hora de la mañana en la Catedral, donde tuvo lugar el Pontifical en honor a la cofradía y que fue oficiado por el Obispo de la Diócesis gaditana, Rafael Zornoza. Fue uno de los momentos de mayor fervor religioso, sobre todo, cuando el obispo se acercó hasta el paso del Nazareno para imponerle la medalla de oro de la ciudad de Cádiz. Zornoza procesionó junto a su séquito hasta el paso del Nazareno para subir y colgar la Medalla concedida por la Comisión de Honores y Distinciones el pasado año, a lo que los fieles respondieron con un atronador aplauso que certifica el vínculo histórico del ‘Greñúo’ con la ciudad.

El obispo de la Diócesis gaditana, Rafael Zornoza, fue el encargado de oficiar el Pontifical del IV Centenario en la Catedral

Precisamente, fue el obispo el primero en dedicarle elogios a la cofradía. «Hoy es un día especial para todo Cádiz. Con esta medalla, la ciudad reconoce que quiere a Jesús desde hace 400 años y por eso lo distingue como Regidor Perpetuo», aseguró Zornoza.

A pesar de la importancia del acto, llamó la atención la escasa representación política en la Seo gaditana, que se limitó a la exalcaldesa Teófila Martínez. Además de la ausencia anunciada del alcalde, José María González, y de todo el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Cádiz por cuestiones ideológicas, también fue muy comentada la ausencia de los ediles tanto del PSOE, que excusaron su presencia por cuestiones de agenda, y de los dos de Ciudadanos. Sí que acudieron a la celebración numerosos cargos militares, de los cuerpos de seguridad y de otras cofradías y asociaciones. Incluso el presidente del Cádiz, Manuel Vizcaíno, quiso estar presente en una clara apuesta del club por involucrarse en todo lo que tenga que ver con la ciudad.

Estas ausencias no pasaron desapercibidas para la cofradía, y su Hermano Mayor, José Manuel Verdulla, dedicó unas duras palabras a los representantes políticos que no acompañaron a la entidad religiosa y que abre una brecha en la excelente relación que siempre ha existido entre el Ayuntamiento de Cádiz y la hermandad de Santa María.

No obstante, este mal sabor de boca duró muy poco, justo el tiempo que transcurrió hasta que se abrieron las puertas de la Catedral a las cinco de la tarde y comenzó a sentirse el fervor de los fieles y los vecinos de Cádiz.

La calle habla por sí sola y es evidente que el vínculo de esta ciudad con el Nazareno va mucho más allá de la política. Miles de personas acompañaron al Cristo, que recibió en las calles un cariño que vale por los 400 años de historia. De cada calle, de cada esquina, de cada balcón, el Señor de Cádiz recibió una alegría y una devoción desmedida, que se fue haciendo inmensa cuando el paso del ‘Greñúo’ se adentró en las calles del barrio de Santa María, su casa. Fue allí donde la fiesta se hizo eterna y donde sonaron los compases más flamencos a cada paso del Nazareno. Tras visitar a la Virgen del Rosario a las puertas del convento de Santo Domingo, donde ésta lo esperaba en un momento único, el Señor se adentró entre su gente. Luciendo su melena al viento, su medalla de oro y su túnica de estreno, el símbolo del pueblo de Cádiz recogió los rezos, las súplicas, las promesas y los cantes más brillantes de sus vecinos. Algunos de ellos lloraron, otros rieron pero todos disfrutaron de un fervor único. La conmemoración de los 400 años de la llegada del Nazareno a Cádiz vivió ayer su día grande pero no el único, ya que cada viernes serán cientos los vecinos de Cádiz que regresen a su casa para visitarlo. Ahí seguirá, mientras pasan los años.

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