Los tres conventos de clausura de la ciudad de Cádiz. - Antonio Vázquez
IGLESIA

La clausura que aún pervive en Cádiz

Un recorrido por los tres conventos de clausura que existen en la capital; su historia y la de las comunidades que los habitan y mantienen

CÁDIZActualizado:

En medio de la actividad de la ciudad, entre las prisas y el bullicio se encuentran los conventos de clausura, espacios de paz y silencio, de reflexión y pausa que conviven con la vorágine que les rodea. Un recorrido por los conventos permite conocer el patrimonio, la historia y la forma de vida de estas pequeñas comunidades que se mantienen hoy en día a pesar de la falta de vocaciones y de las dificultades económicas.

La austeridad de la clausura hace en gran parte posible que puedan seguir adelante. Pero por suerte, las hermanas no se encuentran solas. Cuentan con la solidaridad y la ayuda de algunas familias gaditanas, bienhechores, hosteleros, asociaciones e instituciones que hacen posible que puedan vivir y cuidar de sus históricas casas. Al margen de eso, los conventos también tienen algunos ingresos que son los de las pensiones de las monjas mayores y lo que obtienen de la venta de dulces y la elaboración de las formas eucarísticas.

En Cádiz existen tres monasterios aunque solo dos de ellos están habitados ya que el de Santa María se encuentra cerrado desde hace once años. En el barrio de San Carlos está el del Corpus Christi de las Carmelitas Descalzas y en la calle Feduchy se encuentra el de la Piedad de las Concepcionistas.

1. Convento del Santísimo Corpus Christi y San José

Patio de entrada del convento de las Carmelitas Descalzas
Patio de entrada del convento de las Carmelitas Descalzas - A. V.

Por la calle Costa Rica se accede al convento de las Carmelitas Descalzas. Una vez dentro, observamos que el convento actual está formado por tres fincas unidas y llega hasta la Plaza Argüelles. En el monasterio conviven ocho religiosas: María Dolores, Guadalupe, Carmen Teresa, Matilde, Purificación, Inmaculada, María Teresa y Elena. Se respira paz, tranquilidad y recogimiento. La casa se ha arreglado y adaptado a las necesidades de la comunidad, tal y como explica la madre superiora, María Dolores. «Hay hermanas que son mayores y para salvar los desniveles del cambio de una finca a otra tuvimos que hacer estas rampas». La priora de este convento lleva cuarenta años en él y conoce a la perfección la historia del mismo. Pasamos por los dos pequeños patios interiores y en uno de ellos llama la atención una figura que representa a un alma abrazado a una cruz y con el escudo de la orden. «Se hallaba en el cementerio de San José y se recuperó para el convento», afirma la madre María Dolores. En una planta se encuentran las celdas de las hermanas y en otra tienen los espacios de trabajo. La zona alta del edificio, la azotea, sirve a las monjas como espacio para estar al aire libre y ver el cielo y la luz del día. Es un espléndido mirador desde el que contemplan la Bahía. Allí se encuentra también el sencillo columbario. La iglesia nueva, que se inauguró en 1965, tiene su entrada principal por la Plaza de Argüelles. Las hermanas acceden a ella por el coro. De este templo es de donde sale el cortejo del Caminito cada Miércoles Santo. Las hermanas están muy unidas a esta cofradía debido también a la cercanía con la capilla de la calle Isabel la Católica.

María Teresa es una de las hermanas más jóvenes. Es de Méjico y lleva diez años en el convento. «El origen de esta orden se debe a unas monjas francesas que llegaron de Argel y también otras mejicanas por lo que en mi país está muy arraigada y por eso tenemos mucha devoción tanto a la Virgen de Guadalupe como a la de Lourdes».

El obrador en el que realizan las formas eucarísticas para toda la diócesis se encuentra donde estaba la antigua iglesia. María Teresa explica que «se trata de un trabajo en serie: un día se hacen los panes, otro se humedecen, después se cortan y por último se empaquetan». A la semana realizan unas 20.000 formas. En esta comunidad todas las hermanas colaboran y tienen asignadas sus tareas a diario. Las jóvenes ayudan a las mayores. La más veterana es Guadalupe, quien a sus noventa y cinco años y medio aún participa en el empaquetado de las formas. Desde las 6.30 horas que se levantan y hasta las once la noche la rutina de las hermanas es rezo, silencio, trabajo, estudio y oración. «Decía el Papa Benedicto XVI que las monjas de clausura somos como el pulmón de la sociedad, como un oasis de paz; es otra forma de proyectar la vida», resume María Teresa.

2. Convento de Nuestra Señora de la Piedad

Iglesia de la Piedad en calle Montañés
Iglesia de la Piedad en calle Montañés - A. V.

Aunque las Concepcionistas llegan a Cádiz en el siglo XVI, la formación actual de la Piedad se inició en 1642. No sería hasta 1660 cuando se celebrarían los actos de fundación del nuevo monasterio ubicado entre las calles Feduchy y Montañés, en pleno centro de Cádiz. El edificio tal y como está actualmente es resultado de las obras que se realizaron a mediados del siglo XVIII. Las hermanas cuentan con su claustro y sus estancias de trabajo y descanso. Las Concepcionistas elaboran dulces durante todo el año y los venden a través del torno de Feduchy al que acuden numerosos gaditanos y visitantes para probar las distintas especialidades que elaboran las concepcionistas. En esta comunidad viven actualmente unas catorce hermanas. Cuatro de ellas son las que se trasladaron de Santa María: María Luz, Carmen María, Mónica y María Débora.

En el lado opuesto, en la calle Montañés se encuentra la puerta de la iglesia a la que sí tenemos acceso. Se trata de un templo de una sola nave que está dividido en cuatro tramos mediante parejas de pilastras toscanas. El retablo mayor está realizado a base de antiguos retablos que guardaban en la clausura y en el centro del conjunto se encuentra una escultura de Nuestra Señora de la Piedad que es del siglo XVII.

3. Convento de Santa María del Arrabal

Los trabajos ahn comenzado en lo que es la casa del capellán
Los trabajos ahn comenzado en lo que es la casa del capellán - A. V.

Es el más antiguo de los tres y por tanto es un edificio muy importante a nivel patrimonial. Su origen está en 1527 cuando ante la ausencia de órdenes religiosas en la ciudad se concede la ermita de la Virgen del Arrabal para su fundación. Las primeras religiosas que lo habitaron procedían del convento fundado en Toledo por Santa Beatriz de Silva. El asalto anglo-holandés de 1596 fue fundamental para el devenir de este monasterio ya que a partir de ahí se inicia el proceso de reforma y se amplía hasta el espacio que conocemos en la actualidad y que tuvo que recuperarse tras los destrozos de la guerra civil española. Lamentablemente ahora se encuentra cerrado desde 2006 porque existen daños estructurales. El edificio abarca buena parte de la manzana formada por las calles Santa María, Mirador, Público y Teniente Andújar, calle en la que se encontraba el torno. Desde el coro bajo se accede a la iglesia en la que está la capilla del Nazareno de Santa María. Recientemente, y gracias a la Asociación de Amigos del Monasterio, han comenzado las obras de la primera fase de una parte de este inmueble, la casa del capellán. Una vez que finalicen estos trabajos la idea es que puedan regresar allí las hermanas y posteriormente este mini monasterio se convierta en una hospedería. Aunque el reto es enorme, la comunidad mantiene la esperanza de conseguir que este histórico convento siga formando parte activa de la ciudad y más concretamente de un barrio al que está muy unido. Mientras eso sucede, María Luz, Carmen María, Mónica y María Débora confían en volver algún día a la que es su casa.