Copa del Rey | Betis - Cádiz

El ataque de los ultras béticos, desde dentro

Un aficionado del Cádiz CF, testigo de lo ocurrido, cuenta las sensaciones que vivieron dentro y fuera del autobús

CádizActualizado:

Era de locos ir al Villamarín. Pero los cadistas que fueron acertaron de lleno. Hay cosas más locas, desde luego. De descerebrados incluso. Y las fechorías de estos también lo vivieron, a su pesar, los cadistas que acompañaron al Cádiz a Sevilla y que a eso de la una y cuarto de la mañana tuvieron que pasar el mal trago de vivir escenas muy poco deportivas pese a ser la consecuencia de un evento deportivo.

La historia es la siguiente y la narra un aficionado del Cádiz CF que acompaña a su equipo en uno de los dos autobuses de aficionados (uno organizado por el club y el otro a cargo de Brigadas Amarillas) que se dirigieron al Villamarín para presenciar el glorioso encuentro de vuelta entre Betis y Cádiz CF. Los dos autobuses viajaron había Sevilla juntos. A un cuarto de hora para el comienzo del duelo, comienzan los problemas. Ya antes de llegar al estadio, en una estación de servicio próxima a Dos Hermanas, ambos vehículos reciben la visita de la policía Nacional. «En nuestro autobús (no el de BBAA) entran algunos policías para hacer un cacheo aleatorio entre los presentes para requisar, en el caso de haberlas, bebidas alcohólicas o drogas. Cachean a tres o cuatro personas y seguimos el viaje sin problemas», relata el cadista.

Llegada al Villamarín

Llegan a las inmediaciones del estadio bético y ven como son recibidos de manera hostil por integrantes del grupo ultra bético. «En cuanto llegamos al estadio recibimos todo tipo de insultos y observamos como un ultra tira una bengala dentro de la puerta de acceso por donde tenemos que entrar. Antes de bajar del autobús, entra un policía con un perro antidroga mientras desalojan la zona por la que debemos entrar en el estadio y retiran la bengala previamente lanzada». Dentro de lo tristemente normal, todo va bien. Llega el partido, la victoria cadista, el disfrute y comienza el dispositivo de salida. «Acaba el partido y esperamos en la parte alta de la grada a que se desaloje el estadio. Una vez la policía nos da la orden de salir nos montamos en el autobús y salimos hacia Cádiz por las 3000 viviendas sin problema alguno... hasta que llegamos a Telegrafia sin hilos, única parada para todos», cuenta este cadista, que en ningún momento se percata durante el viaje de regreso que los dos autobuses con aficionados del Cádiz CF están siendo perseguidos por tres coches con ultras béticos. Son cerca de la una y cuarto de la mañana del viernes ya.

«El autobús de BBAA ha llegado unos minutos antes a Telegrafia que nosotros. Nos bajamos tan felices del autobús como si nada. Yo comienzo a andar comentando el partido con varios amigos más en dirección Cádiz antiguo cuando a la altura del paso de peatones de la comisaría de la policía local escuchamos un porrazo, un ruido gordo, como si de un accidente se tratase. Nos volvemos y vemos a dos coches, uno rojo y otro blanco, aunque luego haya leído que se trataban de tres, con la intención de atacarnos a los aficionados del Cádiz CF que por allí andábamos de camino a casa. A modo de defensa, un cadista le tira un móvil a uno de los coches con la intención de que frenara. Muchos cadistas, entre ellos brigadas que todavía andaban por allí, se ponen a perseguirlos y a increparlos. El copiloto del coche rojo veo que tiene la puerta medio abierta. No sé si para tirarnos algo o porque se le había abierto. El caso es que muchos buscamos refugio por las calles de La Laguna y otros tiran hacia el Paseo mientras que los atacantes huyen Avenida arriba».

Y hasta ahí, la vivencia de un cadista que añade que vio y comprobó como policías nacionales y locales entrevistaban a cadistas para que le dieran señas de los atacantes. «Vimos muchos coches patrulla de locales y nacionales buscando a los que nos habían atacado y por lo que me han contado y he leído parece que hubo refriegas de aficionados de ambos equipos por calles, incluso en el casco antiguo», recuerda un cadista que con buena lógica, en cuanto pudo, se quitó de enmedio.