Imagen de la dentadura que aún busca su dueño en la Jefatura de Policía Local.
Imagen de la dentadura que aún busca su dueño en la Jefatura de Policía Local. - ANTONIO VÁZQUEZ
POLICÍA LOCAL EN CÁDIZ

Aparece el dueño de la bolsa llena de dinero en Cádiz pero, ¿y el de la dentadura postiza?

La sección de objetos perdidos de la Policía Local custodia decenas de historias sobre extravíos y reencuentros

CÁDIZActualizado:

«Existe la buena gente. El caso de la bolsa llena de dinero que apareció este martes en la Jefatura de Policía Local de Cádiz no es una excepción, ya hemos tenido casos parecidos antes». Los policías de la sección de Atención al Ciudadano custodian, además de objetos extraviados en Cádiz, las decenas de historias que los acompañan. La última, la de la famosa bolsa de dinero, ha tenido un final feliz: su dueño apareció en la tarde del mismo martes.

«Supimos que era él por detalles clave: sabía cómo estaba distribuido el dinero y el lugar exacto en el que lo había perdido, dos datos que no facilitamos a los medios de comunicación», relata la agente que trabaja en esta sección de la Policía, que mantuvo el anonimato sobre el dueño. Sólo reveló que era un trabajador de un comercio.

El enredo de la bolsa de las monedas se une a la larga lista de pérdidas en metálico que han encontrado su dueño gracias a este departamento de la Policía Local. «Hubo un caso sorprendente de una señora argentina que perdió 500 euros y, pese a que los devolvieron y la localizamos, nunca los reclamó. Es más, nos dijo que había cobrado el dinero por el seguro y contactamos con su compañía... que también se desentendió».

Almacén de objetos perdidos.
Almacén de objetos perdidos.

¿Y qué pasará con ese dinero? Pues, trascurridos dos años desde que se anunció que estaba en depósito sin que nadie los haya reclamado, el objeto pasa a ser de quien lo ha encontrado. «Es una pequeña alegría que se recompense a quien ha tenido el gesto de honradez de devolver el dinero».

El parado que devolvió 4.000 euros

Un caso de honradez que no es aislado. «Tuvimos no hace mucho el caso de un hombre que estaba en paro y que se encontró 4.000 euros. Cuando trajo el dinero aquí no quiso ni contarlo. Finalmente apareció el dueño y le dio una gratificación», señala la agente.

También recuerdan el caso de un trabajador de un concesionario que había perdido varios talones y éstos terminando apareciendo. «Vinieron el trabajador y el jefe y la cara de agradecimiento de los dos era máxima, se habían planteado despedir al trabajador ante la sospecha de que podría haberse quedado el dinero».

Claro que también han tenido algún disgusto, aunque suelen ser casos aislados. «En una ocasión un hombre encontró una cartera y afirmaba que tenía mucho más dinero que el que realmente contenía. Pese a que la dueña confirmó que el efectivo que había era el que se encontró, tuvimos bastante revuelo».

El control que se tiene desde que se deposita un objeto en la Policía Local hasta que es devuelto, destruido, donado o reutilizado es máximo. Deben dar registro de cada paso y necesitan contar con el visto bueno de Patrimonio del Ayuntamiento. «Por ponerte un ejemplo claro, si alguien nos entrega un destornillador y dos años después no ha aparecido su dueño ni quien lo encontró lo reclama, para usarlo en la Jefatura tendríamos que pedir permiso a Patrimonio y ellos, darnos autorización». En cualquier caso, el destino habitual de prendas, gafas, y objetos que nadie reclama es en la mayoría de casos ONG.

CSI versión gaditana

En contra de lo que cabría pensar, quien pierde un objeto no siempre se pone en contacto con el departamento de la Policía Local y son los agentes los que deben localizar al legítimo propietario del objeto.

En algunos casos la investigación es fácil («comprobamos la documentación de la cartera»), en otros es más difícil («con las llaves, miramos si tienen una tarjeta de las de descuento de supermercado y nos ponemos en contacto con ellos») y en otros supone una aventura detectivesca.

Por ejemplo, en una ocasión los policías se encontraron con una cámara de fotos. No constaba denuncia por pérdida, así que, para tirar del hilo, miraron las instantáneas que contenía. Y descubrieron que salían muchas fotos de la catedral hechas desde el interior de una vivienda. «Mirando el ángulo y cómo estaban tomadas localizamos la casa y descubrimos que era un piso que habían alquilado a unos canadienses». Por medio de la embajada lograron contactar con el propietario, que recurrió a un servicio de mensajería para recuperar, con un agradecimiento casi infinito, su cámara.

Decenas de llaves acumuladas en la Jefatura.
Decenas de llaves acumuladas en la Jefatura. - A. VÁZQUEZ

Una anécdota parecida, con tinte chirigotero, tuvo también como protagonista una cámara extraviada. «Como no aparecía el dueño miramos las fotos y vimos muchas de lo que parecía un ensayo de Carnaval. Revisando más despacio vimos que aparecía Vera Luque, así que nos pusimos en contacto con él y nos ayudó a encontrar al propietario».

La investigación policial también se aplica a la pérdida de teléfonos móviles. «Por supuesto, lo primero que hacemos es esperar a que nos llamen; si no, si queda algo de batería, llamamos al número de emergencias y, tras identificarnos, pedimos que nos digan desde qué número se está llamando para, con ese dato, conseguir contactar con el propietario». Otra de las argucias que emplean, si el teléfono se queda sin batería, «es poner una tarjeta nuestra para llamar a los números que el teléfono tenga memorizados y preguntar a sus contactos por el posible propietario».

30 novios para una pulsera

En el caso de la bolsa con monedas de esta semana, las pistas dadas por el propietario certificaron que era el dueño legítimo del dinero. «La picaresca es difícil, nosotros queremos pensar que hay quien viene a reclamar un objeto porque ha perdido algo parecido y cree que el hallado puede ser suyo», indica bienintencionadamente la agente. «Los dueños son muy concretos a la hora de ofrecer pistas, te dicen si un reloj tenía un rasguño, o que dentro de la cartera había una imagen de una virgen, o que el sobre que tenía el dinero que perdieron era de una entidad bancaria concreta».

Ejemplos sobre quien acude a reclamar un objeto que no es suyo hay decenas, como el de «un hombre que vino con su nieta a reclamar una cartera; cuando le decíamos que la identificara decía que lo haría si antes se la enseñábamos». No coló. Como tampoco tuvieron suerte ninguno de los 32 candidatos que vinieron a reclamar una pulsera de oro blanco valorada en 6.000 euros que una joven dejó en la Jefatura. «Como era un objeto de mucho valor, pusimos el anuncio en prensa. Vinieron 32 personas, tres de ellos joyeros». La pregunta para identificar al dueño suena a oráculo antiguo: «¿Cómo se abre la pulsera?». Hasta la persona 33 no llegó la respuesta correcta. Cuando aportó más pruebas de que era la propietaria, pudo reencontrarse con su tesoro.

Pero no siempre el final es feliz. Muchos objetos se acumulan en el almacén de la Jefatura de Policía Local sin que nadie los reclame. Tal es el caso de la dentadura postiza epónima de este reportaje y que aparece ilustrada en la foto. Hay quien ha devuelto un objeto y, caso real, acude periódicamente a la Jefatura para preguntar si ha llegado el propietario para quedarse con él, «aunque quede año y medio de custodia», detalla, entre sonriente e incrédula, la responsable de este servicio de la Policía Local.