FERIA DE JEREZ

Rotundo triunfo de Roca Rey que corta cuatro orejas y un rabo

Flojo encierro de Núñez del Cuvillo en una Plaza de Jerez que se llenó a rebosar

CádizActualizado:

Con inusitada expectación y gran ambiente taurino, un abultado contingente de aficionados se daba cita en los alrededores de la jerezana calle Circo, con lo que la tarde adquiría ese intenso color con que se ilumina una jornada alegre y festiva. Irrenunciable cita para contemplar la primera corrida a pie del ciclo, en la que, como ya es habitual en la tauromaquia de hogaño, se presenciaron las reiteradas constantes que la definen: faenas de muleta excesivas y maratonianas, tercios de varas simulados o inexistentes, toros apagados y carentes de transmisión, público indolente y de pañuelo fácil y presidencia permisiva y dadivosa. Usuales parámetros de los que no fue ajeno el espectáculo de ayer,en el que hubo más triunfalismo que brillantez.

Abrió plaza un ejemplar que tras superar una inicial querencia a chiqueros, tomó con boyantía la capa de El Juli, que la meció con donaire a la verónica. Tras tomar una vara, de la que salió suelto, el madrileño quitó por ajustadas chicuelinas, abrochadas con media. el toro, que también se dolió en banderillas, evidenciaba en su lidia un proceder típico del manso encastado. Tras saludar José María Soler en el tercio de banderillas,inició el trasteo Juli con autoritarios y profundos ayudados por bajo, que tuvieron continuidad en una sucesión de tandas de derechazos de mano baja y otra de naturales que el toro no tomó ya con la misma codicia y humillación. Por lo que volvió a asir Juli el engaño con la diestra, con la que dibujaría suaves pases en redondo y arrebatados circulares. Tras una estocada algo trasera, caída y atravesada y un golpe de verduguillo, cortaría la primera oreja de la tarde.

Hondos naturales y bellos remates constituyeron el punto álgido de la meritoria labor de Roca Rey

Tampoco constituyó un dechado de virtudes el cuarto de la tarde, noblón y sin esmero alguno por perseguir con saña los engaños, al que El Juli planteó una faena pulcra pero sin chispa, Dilatada en el tiempo y mal rematada con la espada. El segundo de la suelta fue un colorado chorreado que no se empleó en el capote de Talavante y a penas se picó. Dado el manifiesto menoscabo de su aparato locomotor y prodigarse en costaladas, el extremeño hubo de medir mucho el rigor del trasteo y sus pases no pudieron pasar de un plomizo carácter anodino. Despachó a su enemigo de media estocada atravesada y caída y fue silenciado.

Con la estampa luminosa de un farol recibió al quinto del festejo, ejemplar que careció del poder mínimo para tomar el capote con repetida asiduidad. Algo más recuperado llegó al último tercio en el que, no obstante, se rebrincaba por esa causa en ocasiones. Tal vez fuera ese el motivo por el que Talavante no encontró la manera de llegar al público, quien se tomó con desagrado la escueta y fría labor del espada. Con una estocada defectuosa al segundo intento culminaba el extremeño una tarde desafortunada.

Colosal el peruano

El jabonero que hizo tercero fue recibido con un variado saludo capotero por Roca Rey, en el que alternó chicuelinas y verónicas. Tras simularse la suerte de varas, abundó el peruano con un quite airoso en el que se ejercitó en suertes de casi todos los estilos: tafalleras, chicuelinas, orticinas, caleserinas y media verónica.

Un espeluznante pase cambiado por la espalda y sucesivos pases por alto constituyeron el espectacular inicio de una faena que adquirió mayor reposo y sosiego cuando procedió al toreo en redondo, con su oponente más atemperado ya de su inicial brío. Animal que no sobresalió por sus fuerzas ni por sus raza, pero que permitió a Rey plasmar un excelso fin de trasteo mediante sendos circulares por ambos pitones. Pedresinas postreras sirvieron de preámbulo a una estocada de trasera colocación.

Apagado y sin entrega, el astado que cerraba plaza no concedió facilidades al peruano, quien se vería privado de mostrar su rico repertorio capotero y vería cómo se le desplomaba en la arena al bajarle la mano con la franela. Aún así, logró conectar con los tendidos a base de consentir al toro y ligar muletazos, que cada vez dibujaba con mayor largura y cadencia. Hondos naturales y bellos remates constituyeron el punto álgido de su meritoria labor. Que sería refrendada con una gran estocada al encuentro.