Exposición

El artista neoyorquino Sacha muestra su ‘Circulismo’ en Jerez

La colección está compuesta por 35 obras realizados con una técnica innovadora que usa palillos de dientes para rascar la superficie del cuadro

Sacha posa ante los cuadros ‘Calla Lilies with Fetus in Blue’ y ‘The Suffering Bonsai’.
Sacha posa ante los cuadros ‘Calla Lilies with Fetus in Blue’ y ‘The Suffering Bonsai’.

Sus cuadros son únicos, diferentes y reconocibles. Quien los descubre por primera vez siente que su retina queda impresionada por el movimiento sutil pero continúo de las formas circulares que conforman cada una de las composiciones.

Sacha (Nueva York, 1965) ha abierto un nuevo camino en la pintura mediante el uso de una técnica denominada ‘Circulism’ o ‘Circulismo’, que hace referencia al uso de esta forma en el proceso creativo. Además, el artista emplea palillos de dientes, agujas y lápices de colores como herramientas para ir extrayendo de sus pinturas volumen y movimiento.

La exposición puede visitarse hasta el 15 de octubre en Luna Vieja, en la calle Granados de Jerez

Sacha vive un romance de casi tres décadas con la ciudad de Jerez. Aterrizó en 1987 y aquí estableció su estudio de pintura principal. El artista está íntimamente ligado a la ciudad por vínculos familiares, ya que su padre es el conocido guitarrista clásico José Luis Franco, discípulo de Andrés Segovia, y su madre Ana María Mora. Sacha reconoce que su pasión por la pintura le lleva a viajar constantemente y admite que pasa largas temporadas en Chile y Mallorca pero siempre regresa a Jerez donde, arropado por los sólidos y altos muros de su estudio, consigue aislarse y disponer de la serenidad necesaria para crear. Sacha confiesa, sin embargo, que aquí es complicado vivir de la pintura y que el ambiente artístico es más vital en Nueva York, Asia y Florida.

El artista se detiene para explicar que la pintura es su pasión. «Trabajo para mí, no lo hago por dinero. Siento la necesidad de expresar lo que siento mediante la pintura y por ello me considero un artista. Pinto lo que quiero y no estoy sujeto a las imposiciones de nadie», asegura. Sacha no es un pintor comercial en el sentido mercantilista de la palabra porque no trabaja para ganar dinero ni para vender cuadros; lo hace para expresar su torrente creativo y para dejar su huella.

Estilo propio

«No tengo que firmar mis obras, el pública sabe quien es el autor porque es diferente y porque me reconoce», apunta Sacha. Su técnica, el circulismo, es una de las peculiaridades del neoyorquino. Durante el proceso creativo la tela se satura de color aplicado de una forma clásica, con brocha. A continuación, el artista mezcla los colores haciendo círculos y empleando palillos de dientes, puntillas o incluso sus uñas para rascar la superficie. Así se consigue que el cuadro adquiera relieve y textura porque el blanco del lienzo sube hacia el exterior: «Es una técnica propia que empecé a usar en el año 2003. Con este proceso se consigue que la pintura no esté plana y siempre tenga volumen; un volumen que se consigue con círculos».

Es un arte laborioso pues requiere de temple y de paciencia. Sus cuadros funcionan mediante un proceso similar al puntillismo cuya técnica consiste en aplicar pequeños puntos de colores primarios que combinados y mirados desde cierta distancia forman en la retina la imagen y el cromatismo deseados por el artista. En las obras de Sacha, se pueden apreciar los círculos que conforman el cuadro si nos situamos a pocos metros de la obra. A medida que el observador se aleja, permanece la sensación de movimiento, la vibración y el volumen pero las espirales se funden con el todo de la pintura.

En cuanto a la temática encontramos coloridos bodegones (’Membrillos’), mujeres de cuerpos exuberantes (’La Jerezana’) y retratos de jóvenes melancólicas (’Nita’). También se exponen obras de contenido más transcendente como ‘Calas con feto azul’ donde se explora el sufrimiento humano y el ciclo de la vida. Los lirios (flores de los cementerios y funerales porque simbolizan la paz, el renacimiento y la resurrección) beben de una vasija de cristal donde descansa un feto rodeado por sogas (quizás una alegoría de que cada paso que damos desde que nacemos nos encamina hacia la muerte). La horca es una elemento recurrente en su obra y aparece en varios de sus cuadros como por ejemplo ‘El sufrimiento de un bonsai’ una pintura de gran formato e la que Sacha empleó 54 días trabajando sin tregua más de ocho horas diarias.

Treinta años en Jerez

Llegó a Jerez impulsado por el deseo de explorar el mundo y descubrir sus raíces familiares. Reconoce que una de sus ilusiones es exponer el próximo año, cuando se cumplirá el 30 aniversario de su llegada a la ciudad, una colección de un centenar de pinturas. «Estoy gestionando la muestra con el Ateneo y trabajando en una serie que tiene como temática principal el cáncer», confirma.

La exposición ‘Circulismo’ de Sacha se podrá visitar hasta el próximo sábado 15 de octubre la librería Luna Vieja de la calle Granados, 4 de Jerez de la Frontera. La muestra está compuesta por 35 obras de diferentes formatos y realizadas desde 2003 hasta la fecha de hoy.

‘Circulismo’ recoge la esencia creativa de Sacha, todo un universo de arte en constante movimiento creado con nuevo estilo que se apoya en los trazos curvos y suaves. Un diálogo constante con la esencia del universo que es vida y muerte, principio y fin. Un cosmos único y diferente pero siempre reconocible, siempre innovador.

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