EMPRESAS

«Es un comienzo modesto, pero estamos otra vez en marcha»

La familia González Saucedo vuelve a la distribución de materiales de construcción con un nuevo negocio ubicado en las antiguas instalaciones de Vipren

«Es un comienzo modesto, pero estamos otra vez en marcha»

Miguel González Saucedo tenía 14 años cuando cargó el primer camión. En la empresa familiar todos tenían que arrimar el hombro, porque Vipren no fue siempre el gigante de la construcción que llegó a ser una referencia nacional. Empezó desde abajo y ahora vuelve a los orígenes. El conocido empresario chiclanero, que durante más de una década fue la voz de la patronal gaditana, empieza de nuevo con las mismas ganas y las mismas aspiraciones. «Esas, por lo menos, no se las llevó la crisis», dice. Y lo hace acompañado de sus siete hermanos que, como una piña, van a empujar para sacar adelante el nuevo proyecto.

Comercial La Fábrica es el punto de partida, una empresa de distribución de materiales de construcción que le ha devuelto la vida a los antiguos terrenos de la compañía. Cuenta Miguel que «no tiene nada que ver con lo que allí había». El almacén se ha reducido a unos 20.000 metros cuadrados provistos de cemento, ladrillo, pavimentos, revestimientos, tejas, pintura, piedras, mortero, aislamiento, hierro, además de las referencias que venden por catálogo. Las mastodónticas instalaciones de Vipren son hoy un parque comercial en el que se han instalado empresas logísticas, consignatarias de buque, almacenes de cerámica y hasta una compañía que fabrica colorantes naturales a partir de la piel del tomate. En estos años, desde la disolución del grupo chiclanero, la familia González Saucedo ha acondicionado las naves para alquilarlas a terceros y darle así utilidad.

Imagen de la nueva nave de la familia González Saucedo
Imagen de la nueva nave de la familia González Saucedo

También han mantenido el resto de negocios que nada tenían que ver con la construcción. «Yo me he encargado de la sección de cuernos», bromea Miguel González, en relación a la ganadería, mientras que el resto de hermanos ha tirado de las explotaciones agrarias y la acuicultura. Consciente de las limitaciones del mercado, asegura que este nuevo arranque es «humilde y modesto» y se permite un símil con la Fórmula: «hemos sido Hamilton y ahora nos toca partir desde el último puesto de la parrilla». Admite que no le pesa tampoco ser «un hombre orquesta», pues conoce el sector, tanto como para no reinventarse en otra cosa aunque todo lo que suene a ladrillo siga vetado para los bancos. «Todos estábamos de acuerdo en eso y hemos querido probar de nuevo», admite, confiado en los nuevos tiempos.

Por suerte, la desaparición de Vipren no ha afectado a la relación familiar. Repite con orgullo que son una piña, que se ha unido más si cabe tras el fallecimiento del padre, José González, el pasado mes de marzo. Lástima que no ha podido ver este nuevo proyecto en marcha, pues del él heredaron la iniciativa emprendedora y la fuerza para seguir la pie del cañón aún cuando los años se van echando encima.

El regreso de los González Saucedo ha contado con un caluroso apoyo de los chiclaneros. Explica Miguel que el primer día de apertura se llenó la nave a pesar incluso de no haber hecho siquiera publicidad. «Muchos venían a traernos el currículum, pero ya no tenemos esa capacidad para dar tanto empleo», dice con pesar. El antiguo grupo llegó a generar hasta 350 puestos de trabajo que la crisis se llevó por delante. También buena parte de la cartera de clientes y proveedores, muchos amigos personales de su padre. «Tengo uno que ya va por la tercera generación: Le vendíamos a su abuelo, luego a su padre, que tiene un par de años más que yo, y ahora al hijo», cuenta.

Y mientras llega una época más amable, el mayor de los hermanos dice convencido que «el reto va a ser abrir todos los días y lograr mantenerse». Esa es la auténtica hazaña del autónomo y de la pequeña empresa que son el pilar del tejido productivo de la provincia.

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