La gaditana sopló ayer las velas de su tarta. :: ÓSCAR CHAMORRO
CÁDIZ

Charo, la mitad que Pepa

La gaditana Rosario del Río Díaz celebró ayer su 105 cumpleaños de una vida que ha sido testigo del siglo XX

CÁDIZ.Actualizado:

El Titanic no era ni un proyecto, la Primera Guerra Mundial estaba bien lejos de empezar, el primer centenario de la Constitución de 1812 ni se había planteado. Cuando Rosario del Río Díaz nació tan solo habían pasado nueve años del Desastre de Cuba, el esplendor comercial de Cádiz no se antojaba tan lejos, la ciudad no era más que su casco histórico poblado de coches de caballos. Rosario vino al mundo un día como ayer de 1907 para vivir el paso y los estragos de dos guerras mundiales, una Guerra Civil y un buen puñado más de conflictos en distintas partes del mundo. Con sus ojos infantiles vivió el centenario de la Constitución. Es lo que tiene ser más mayor que el propio monumento que conmemora a las Cortes de Cádiz, sobrevivir a hijos que mueren de ancianos, ver un siglo pasar desde su Cádiz natal.

Anécdotas para escribir una biografía por volúmenes que ella está dispuesta a contar con una memoria lúcida y una locuacidad digna de mención. Ayer, su familia (viven 6 hijos de los 10 que tuvo, una de ellas con 84 años de edad) y amigos homenajeó a una gaditana centenaria que nació en pleno barrio del Mentidero. Ayer, hacía gala de una salud de hierro a prueba de los rigores de la edad. Sus problemas de vista no le impedían bromear con el revuelo de periodistas y cámaras que la rodeaba en la casa en la que vive con su hijo, en Santiago Terry. «Ay, qué pena que no pueda yo andar para coger a estos chiquillos», bromeaba.

Era eso, contar chistes o incluso cantar coplas del mítico Ramón Díaz, 'El Fletilla', autor del Carnaval y hermano por parte de madre de Rosario. Mientras soplaba las velas o recibía el ramo de flores con el que la agasajaron, la incredulidad era manifiesta ante la vivacidad y la alegría de Rosario.

Blanca Marzán, como presidenta de la Federación Andaluza de Salud y amiga de la anciana, fue una de las presentes que la agasajó por su cumpleaños. Ella, agradecía las muestras de cariño mientras recordaba pasajes de una infancia que, en buena medida, ocupó en cuidar a sus hermanos o una madurez en la que se hizo cargo de su madre, fallecida a los 44 años. Una muerte prematura que, evidentemente, en el caso de Rosario no fue hereditaria; la única gaditana que puede decir con orgullo que vivió el Centenario y el Bicentenario.