Jiménez también fue engañado. / LA VOZ
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Jenaro cayó en la trampa

El empresario pagó 185.000 dólares a un empresa rusa para transportar gasoil que resultó ser un club de tatuajes

| CÁDIZ Actualizado: Guardar
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Un empresario con ínfulas de hombre poderoso, un jugoso negocio de importación de petróleo y la oportunidad de cerrar una operación con socio ruso incluido. Con estos mimbres se perpetra el mayor sablazo a una de las firmas de Jenaro Jiménez, el gaditano que huyó a Paraguay para escapar de las deudas. De exitoso emprendedor a pardillo en pocos días, el tiempo justo para darse cuenta de que aquella oportunidad que llegó del este no era más que una trampa que le salió por 185.000 dólares. Ya por entonces el detenido arrastraba alguna que otra denuncia por impago en la capital.

La historia se incluye en la parte del sumario que se ha hecho pública contada por uno de sus socios. Al parecer, Petroleum Atalaya, propiedad de Jenaro, pretendía ejercer de intermediario para colocar gasoil a la catalana Petro Miralles S. L. desde Rusia. Para ello se iniciaron gestiones y se firmaron contratos con un empresario de Moscú que representaba a la supuesta petrolera Sogazprom.

El negocio era redondo. Los gaditanos pagarían 185.000 dólares al extranjero por el coste del uso de un oleoducto para transportar el combustible hasta el puerto de Rostov. Pero entregado el dinero, no volvieron a saber nada más del cliente ni del gasoil. Viéndose estafado, Jiménez decide personarse en la capital rusa tras la pista de los datos del cliente y su dirección por los contratos y la documentación aportada.

Desagradable sorpresa la que encuentra cuando al llegar allí se topa con que la prestigiosa petrolera no es más que un club de tatuajes y masajes, lo que termina en un enfado mayúsculo. Jenaro quiere justicia, pero sobre este episodio no consta denuncia alguna. Al parecer, el empresario gaditano fue disuadido por un amigo que sospechaba de que los rusos podían pertenecer a la mafia.

El timo dejó un gran hueco en la economía del detenido que unos meses después se agravó por su mala gestión y la crisis inmobiliaria. La falta de liquidez y la presión de los acreedores llevaron a Jenaro a fingir su propia muerte y poner rumbo a Paraguay desde donde llegó el pasado miércoles.