Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
CÁDIZ - JEREZ | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Más Actualidad

28.07.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Son más sanos, más altos, más fuertes y más guapos. Tienen más y mejores oportunidades y disponen de más recursos y de más medios que las generaciones precedentes. Sin embargo algo no funciona demasiado bien porque todos estamos siendo testigos de una crisis en el ámbito del conocimiento y sobre todo de las actitudes entre nuestros adolescentes. Naturalmente no pretendo de ninguna manera generalizar. Existen muchos jóvenes con una formación realmente adecuada para su edad y que de manera cotidiana ponen de manifiesto su sentido de la responsabilidad. Pero no es menos cierto que el nivel académico del conjunto de los estudiantes que ingresan en las aulas universitarias ha descendido como también lo ha hecho su grado de madurez. La Selectividad, superada por la práctica totalidad de los aspirantes, se ha convertido en un ejercicio de ordenación de los alumnos, pero todos conocemos los contenidos realmente desalentadores de los informes PISA sobre la formación de nuestros jóvenes. Disminuir los niveles óptimos de conocimientos y las propuestas relacionadas con incentivos para aprobar a un mayor número de alumnos solo sirve para enmascarar un problema.
Pero aún siendo importante abordar el nivel formativo de los adolescentes, más preocupante es observar como, con cada vez mayor frecuencia, los jóvenes se sienten desorientados y perdidos a la hora de tomar decisiones y de afrontar retos y responsabilidades. En el nuevo marco de la Declaración de Bolonia para los estudios universitarios se hace énfasis en la importancia del trabajo en equipo, de la capacidad de iniciativa, de desarrollar el sentido de la responsabilidad, y de otras muchas capacidades necesarias para afrontar el futuro. Sin embargo hoy día no es raro observar situaciones, inimaginables hasta no hace demasiado tiempo, como la de algún padre acompañando a un hijo universitario y mayor de edad a revisar un examen.
Parece obvio que todas esas capacidades y actitudes necesarias deben haberse ido adquiriendo previamente a la entrada en la universidad, de la misma manera que deben ser afianzadas y desarrolladas a lo largo de toda la vida. La adquisición de los conocimientos y el desarrollo de las actitudes deseables deben seguir necesariamente una línea lógica, continua y creciente desde la infancia, en las familias y en los colegios. No cabe pensar que todas ellas nos van a llegar de improviso si el campo no se ha abonado para ello. Y es aquí donde nos encontramos con el auténtico problema. Muchos profesores de enseñanza pre-universitaria se ven absolutamente desbordados para ejercer su labor; en muchas ocasiones su trabajo y su dedicación se ven contrarrestados por disposiciones demagógicas, y no es raro que su autoridad se discuta. No es de extrañar el número de bajas y de depresiones en el sector. Tampoco será de extrañar que esta situación alcance más pronto que tarde a la Universidad. Y de ese casi 30% de adolescentes que, según un estudio llevado a cabo recientemente por investigadores de la UCA, no considera que pegar a un compañero o a un profesor sea un acto violento hablaremos otro día.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS