Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
CÁDIZ - JEREZ | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Sociedad

20.07.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
La Luna ejerce sobre nosotros un poderoso magnetismo desde tiempos ancestrales. De Galileo a Julio Verne, de Méliès a Hergé, todos soñaron con poner algún día un pie sobre su superficie. Por ello, no es de extrañar que, en plena Guerra Fría, los norteamericanos decidieran arriesgar su prestigio y la vida de tres compatriotas en semejante empresa. Así, en 1962, Kennedy, en una comparecencia pública, espetó aquello de «elegimos la Luna, no porque es fácil, sino porque es difícil». El 16 de julio de 1969, ya con Nixon en el poder, comenzaba el reto. A las 10:32 horas, el queroseno del cohete 'Saturno V' empezó a arder en el Cabo Kennedy. Los astronautas Neil Amstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins emprendían un viaje en el Apollo 11 con el conocimiento de que las posibilidades de regresar a casa, como de no hacerlo, eran las mismas.
La gravedad desaparecía. El pulso en Houston se disparaba. La nave se situó en el espacio y allí liberó el módulo Águila, tripulado por Amstrong y Aldrin. Fue entonces cuando la situación se tornó crítica. Durante el descenso sobre la superficie lunar empezó a fallar el ordenador de a bordo y el combustible se acababa. Pero a las 15:17 horas del 20 de julio hace 40 años, y tras esquivar una zona rocosa contra la que pudieron estrellarse, consiguieron alunizar sobre el Mar de la Tranquilidad. «Houston, aquí Base Tranquilidad, el Águilaha aterrizado», dijo el comandante. Desde la Tierra, una elocuente respuesta no se hizo esperar: «Volvemos a respirar».
Desde la ventana de la nave, los dos astronautas vieron lo que ningún ojo humano había podido contemplar hasta entonces. «Qué maravillosa desolación», exclamó, al respecto, Buzz Aldrin. Siete horas después, el sueño se cumplía y una persona ponía su pie sobre la superficie de nuestro satélite. «Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad». La frase de Neil Amstrong, previamente estudiada en la NASA, se erigió inmortal y comenzó un paseo de huellas imborrables filmado por dos cámaras especiales.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
ENLACES DE INTERÉS
Videos de SOCIEDAD
más videos [+]
SOCIEDAD
Vocento
SarenetRSS