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CÁDIZ - JEREZ | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 21 mayo 2012

Cádiz

PATRIMONIO

La Casa Consistorial atesora ocho relojes antiguos entre sus paredes y uno en la fachada que suena con la música de Manuel de Falla cada 60 minutos y toca el 'Ave María' tres veces al día
16.11.08 -

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Horas contadas y cantadas
Reloj actual de la fachada del Ayuntamiento. / MIGUEL GÓMEZ
Ya no es necesario pasar por la calle Columela para poner el reloj en hora. Antiguamente, era la Relojería Alemana la que ofrecía la «hora oficial» (y así lo anunciaba con un cartel en su escaparate). Entonces no había ni televisión, ni internet ni satélites para medir si llegábamos tarde a una cita. Los gaditanos regían su vida por las campanas de la Catedral, por las de San Francisco o las de San Antonio.

Con la revolución tecnológica muchos relojes de la ciudad quedaron olvidados. Algunos sumaban décadas estropeados. «Yo llevo 26 años en Cádiz y desde que llegué el reloj de San Francisco no funcionaba», explica el franciscano José Luis Salido, presidente de la Fundación Fragela. Desde hace un año y medio, sin embargo, el reloj de esta céntrica iglesia del casco antiguo da la hora cumplidamente, porque se aprovechó las obras de restauración de la campana para devolver la vida a la maquinaria del reloj. «Hace un mes se estropearon las manillas, pero ya están arregladas», indicó Salido. Otros, como el de San José, esperan que alguien les devuelva a la vida útil.

Los relojes forman parte de la historia sentimental de esta ciudad. El que está ahora en la fachada del Ayuntamiento no tiene gran valor pero sigue siendo una referencia para vecinos y foráneos. Según relata el relojero Luis de Rivas, era mucho más interesante el primitivo, aunque su maquinaria fue desmontada en los años cincuenta y desapareció. En su lugar se puso uno que funciona por electricidad, que fue renovado en el año 2000 y que incluso hoy en día ya se ha quedado obsoleto.

Por vía satélite

Entre las cuestiones más curiosas y que pocos conocen está que este pequeño reloj se pone en hora con Alemania por vía satélite. Más peculiaridades: cada día, a las 7.30 y a las doce del mediodía y de la noche, da la hora con el Ave María, de Händel. Y a las en punto, toca La Atlántida, de Manuel de Falla, que, precisamente, no es la pieza más conocida del compositor gaditano.

Sin embargo, no a todo el mundo le gusta que le avisen con esa frecuencia del paso de las horas. «Hay vecinos que se han quejado de que les molesta el ruido del reloj, y por eso hemos tenido que apagarlo por la noche», explicó el primer teniente de alcaldesa, José Blas Fernández.

Luis de Rivas habla con gran pasión de los relojes. Son su vida. Les da cuerda, los repara o incluso hace piezas a mano que ya no se fabrican. De Rivas acude al Ayuntamiento una o dos veces por semana para dar cuerda a los relojes. Conoce su procedencia, la fábrica, la nacionalidad y las más mínimas anécdotas de su larga existencia.

Como aquella de la bala que atravesó uno de los relojes -el Graham- que se encuentra antes de acceder al despacho de la Alcaldía. Se cree que fue durante un incidente que se produjo en los años convulsos de la Guerra Civil o la preguerra en el Consistorio. «Alguien disparó una bala y se quedó alojada en el reloj», explica José Blas Fernández. Y De Rivas lo corrobora: «Hay un agujero en la parte posterior y está astillado, pero no me explico dónde se quedó la bala; tal vez fue restaurado».

La mayoría de los relojes que están repartidos por el pasillo que conduce de Alcaldía al Salón de Plenos -ese mismo que recorren las parejas que se casan en el Ayuntamiento- son ingleses. Algunos como el Cunningham (no el escritor de Las Horas, sino la firma británica que lo fabricó) es de principios del siglo XIX. «Tiene una maquinaria preciosa, digna de ver, y un péndulo lento», se recrea De Rivas. Pero también es una pieza delicada. Cuando hay un evento en el que mucha gente se concentra en el balcón del Consistorio, recibe empellones y se desequilibra. «Ahora mismo no está en hora, pero funciona a las mil maravillas», señala.

No obstante, el que tiene más valor es el que se exhibe en el despacho de Alcaldía, que toca marchas y sonatas. «Es una auténtica joya», resume con una amplia sonrisa el relojero.
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