ANÁLISIS

LA OBRA
Los patrones de belleza, y me atrevería a decir que también de conducta, salen seriamente cuestionados en los planteamientos que hace la compañía, pues durante el transcurrir de la obra se juega con distintos planos, lo que nos permite interpretar el trasfondo de fragmentación que sufrimos como personas al cuestionar nuestra imagen y su apariencia ante su reflejo.
Deformaciones, imperfecciones, insatisfacción de cuerpos que no se reconocen, que se rechazan o se adivinan de otra forma convertidas en secuencias coreograficas dan a Primeiro Ato un pretexto para ver una creación de buen equilibrio espacial y ambientadas con tonalidades a veces ámbar, a veces al blanco o en azulados y que remarcan la sensualidad inherente a la danza, dejándonos momentos de embeleso como el impresionante momento de intimidad en el que un dúo, como refugiados uno en el otro, se mecen y soportan sus cuerpos a ras del suelo.
Quizás se echaron en falta algunas evoluciones no del todo horizontales, aunque bien es cierto que el movimiento sin excesos de la coreografia en sí, hacían congruente a la propuesta.Ojalá que las aportaciones estéticas del arte nos ayuden a tener una concepción de la belleza más pura, propiciando así nuestro distanciamento de esa otra nefasta y superflua belleza que la sociedad de consumo nos quiere hacer creer que es la verdadera.





