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ANA MARÍA RODRÍGUEZ
Ejemplo de fortaleza
Su madre falleció hace dos meses a los 86 años y hasta el último momento estuvo consciente para decidir cuál era el tratamiento que quería
12.11.07 -

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Ejemplo de fortaleza
RECUERDO. Ana María posa tras un retrato de juventud de su madre, fallecida recientemente tras una grave enfermedad.
Ana María Rodríguez sabía desde el principio que la enfermedad de su madre no tenía solución. Un cáncer de mandíbula de más de un año de evolución cuyo único tratamiento era un tipo de cirugía muy agresivo que sólo serviría para ralentizar el proceso y que, a cambio, le dejaría importantes secuelas. Tenía 84 años cuando, después de soportar durante meses unas molestas llagas en la boca que según su médico de cabecera no eran relevantes, acudió al cirujano maxilofacial para conocer su diagnóstico.

Recuerda Ana María que su madre -de la que heredó mucho más que el nombre- era una mujer fuerte hasta el estoicismo, encajó la noticia desde el primer día y rechazó la posibilidad de la operación porque no quería verse incapacitada y ser un estorbo para sus cuatro hijos. Aunque fue Charo, la menor, la que vivió siempre con ella y la que más directamente se implicó en su enfermedad, todos los hermanos estuvieron unidos en sus últimos momentos.

El único tratamiento que aceptó fueron las sesiones de radioterapia, en el Hospital Puerta del Mar, que le ayudaron a frenar el deterioro progresivo de la enfermedad. Al principio, cuenta su hija, se negó a tomar calmantes para el dolor, porque creía que «la morfina la iba a dejar atontada», y sus hijas tuvieron que convencerla para que no sufriera más de lo necesario.

Sin embargo, y pese a la gravedad de su estado, nunca fue una persona dependiente. No perdió la consciencia y supo tomar sus propias decisiones, que tanto los familiares como los profesionales que la atendieron en el Puerta del Mar, respetaron hasta el final. «Ha sido muy protectora, nunca dijo lo que tenía porque no quería que nadie sufriera por ella», cuenta Ana María.

El último tramo

Un médico, un enfermero y un psicólogo de Cuidados Paliativos la atendían a domicilio para asegurarse de que estaba bien y tomaba la medicación. «Es una solución fantástica la de los cuidados paliativos, una labor encomiable la que hacen», asegura Ana María, quien cree también que el Servicio Andaluz de Salud debería «poner más medios» en este servicio.

Finalmente, tras dos años de lucha, el estado de su madre empeoró y nada pudo hacerse para salvarla. Ingresó en el Hospital, donde falleció a los seis días, el pasado 8 de septiembre.

Ana María no para de nombrarla. Se acuerda de ella constantemente. De su sonrisa, de «lo guapa que era», de su fortaleza y generosidad. Y da gracias por el tiempo vivido a su lado. «Ella perdió a su madre a los ocho años, a nosotros Dios nos la ha dado 86 -dice-, no nos podemos quejar. Ha sido un ejemplo a seguir, yo me miro en su espejo, soy positiva y eso me ha ayudado bastante».
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