El veterinario contratado por la perrera usaba presuntamente un fuerte bloqueante neuromuscular (Mioflex) que se utiliza habitualmente para dormir parte del esófago a la hora de entubar a un paciente. Una dosis de seis mililitros de este bloqueante provocaba una muerte lenta y agónica a los animales. El efecto de este fármaco era la parálisis progresiva de las extremidades y veinte días más tarde el animal moría asfixiado. La comisión veterinaria abordará la eutanasia humanitaria.







