Atlético-Real Madrid La derrota abre la caja de los truenos en el Atlético

A nueve puntos del liderato, Simeone se enfrenta a la peor crisis desde su llegada

Griezmann se lamenta durante el Atlético-Real Madrid del Calderón
Griezmann se lamenta durante el Atlético-Real Madrid del Calderón - EFE

En el día menos oportuno, uno de esos que se marcan en rojo en el calendario y en el que se visten las mejores galas, el Atlético falló. Ya puestos, lo hizo a lo grande. Lo peor de la contundente derrota ante el eterno rival no es que deje la Liga a nueve puntos, casi un imposible, sino que continúa una línea descendente que ya se vislumbró en el Pizjuán y en Anoeta. Una deriva preocupante para un Atlético en el que aparecen grietas en su hasta ahora casi infalible defensa. La advertencia de Gabi de hace unos días resultó premonitoria. Faltó cemento en el centro del campo y aparecieron los huecos. El Madrid lo entendió a la perfección.

Fue, sin ningún genero de dudas, la peor versión del Atlético en toda la temporada. Un equipo demasiado ramplón, carente de ideas en ataque y temeroso en defensa, tremendamente afectado con las ráfagas con las que a cada poco le obsequiaba el Madrid.

Tocados y hundidos

Simeone puso en el campo el mismo once que se encumbró ante el Bayern no hace tanto tiempo. El argentino dio un golpe de efecto emocional al anunciar un once con Fernando Torres en lugar de Gameiro. Cuestión táctica o de sentimiento, el delantero fue titular en el último derbi del Calderón. Por desgracia, su presencia fue casi testimonial. Apenas conectó con Griezmann ni con el resto de sus compañeros. Fue sustituido al poco de comenzar la segunda parte, y mantiene una racha preocupante ante el Madrid, un solo gol en trece partidos. Gameiro, todo sea dicho, tampoco mejoró las prestaciones del madrileño mientras estuvo en el campo.

Pese a que eran los mismos hombres, y en las mismas posiciones, con Koke actuando como pivote, nada funcionó como en el día del Bayern. El Atlético no fue capaz de imprimir esa intensidad tan característica que le permite poner los partidos donde quiere antes del cuarto de hora. No le dejó el Madrid, todo sea dicho. Y en especial Isco, que se bastó solito para poner en jaque a los rojiblancos. La primera parte de los locales fue horrible, quizás la peor de toda la temporada. Solo Oblak y Carrasco salvaron la cara. Ni siquiera el gol de Cristiano les espoleó. Al contrario, les cayó como una losa. Entre otras cosas, les obligó a insistir en un juego, el de la posesión y el control de la pelota en el que no creen tanto.

Simeone se tocaba el mentón con la mano en busca de soluciones, y la charla que soltó en el vestuario debió ser de aúpa, porque el equipo salió a la reanudación con otra cara muy distinta. Apoyado en una grada que nunca decae, el Atlético adelantó líneas y encerró al Madrid, aunque la efervescencia apenas duró unos minutos. Gameiro y Correa entraron al campo poco antes del penalti de Savic a Cristiano y del segundo tanto blanco, una sentencia de muerte prematura para un equipo que a esas alturas dejó de creer en proezas y empezó a masticar una derrota muy desagradable. La cara de defunción de algunos delataba el estado de ánimo. En un día que debía ser de fiesta el Atlético consiguió echar a los aficionados en el minuto 76, justo en el momento en el que Cristiano galopó para cerrar su cuenta.

Ahora para el Atlético empieza otra Liga, en el que alcanzar la Champions, olvidándose de momento del Madrid y el Barça, será el objetivo principal. Pero sobre todo comenzará un debate interno sobre cómo ha de jugar este equipo. Simeone no se ha visto en otra desde que llegará a este banquillo.

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