Atlético-Real Madrid El Calderón, feudo blanco

El Madrid se despide del Calderón con un balance de 23 triunfos en 49 partidos de Liga

Imagen del fondo sur del Calderón antes del pitido inicial
Imagen del fondo sur del Calderón antes del pitido inicial - ÓSCAR DEL POZO

Se acabó. No hay más. Si la Copa o la Champions no lo remedian, a las 22.34 de ayer el Calderón puso fin a 50 años de derbis. Fue el número 66, 49 de ellos en la competición liguera. Casi 100 horas de fútbol que resumen buena parte de la historia del balompié español. De aquí a mayo, cuando un Atlético-Athletic clausure para siempre el estadio, no habrá momento más sentimental para el Calderón.

Y esto es así porque incluso en la inauguración del capo, el 2 de octubre de 1966, con el Valencia como rival, la afición colchonera ya tenía al vecino del norte en sus pensamientos. «Ya estamos en nuestra casa / y nadie nos ha humillado / mientras ellos van de pie / nosotros todos sentados», rezaba una pancarta aquel día, acordándose de las «incomodidades» del Bernabéu enfrentado al moderno y «lujoso» Manzanares.

Así ha sido durante cincuenta años, y así fue también en este último derbi, que los atléticos conmemoraron a su manera. El ambiente, de inicio, fue frío, porque las puertas no se abrieron hasta poco antes de una hora del pitido inicial. Y de hecho, los jugadores blancos, más los 350 aficionados madridistas colocados en el fondo norte, no fueron torpedeados más que en cualquier otro derbi. Salvo a Cristiano, el villano habitual, los pitos sonaron más o menos igual. Es tanto el odio visceral entre ambos equipos que cuesta distinguir cuándo los decibelios suben más de la cuenta. Desde el Fondo Sur se desplegó una pancarta poco antes del inicio con la leyenda «Nuestro legado será eterno» y una evocadora imagen de dos hinchas, un adulto y un niño, observando el Calderón. Fue el momento más emotivo. Ahí sí, con el estadio cantando el himno, a alguno se le escapó una lagrimilla.

Una encuesta rápida entre los aficionados, sin valor demoscópico, sirvió también para conocer los pros y los contras del cambio a la aún denominada Peineta. A favor, que el nuevo estadio sea cubierto y algo que era un clamor, mejores aparcamientos. En cambio, ni el coliseo más moderno podrá evitar la sensación de pérdida que sentirán los socios al ver convertido el actual estadio en un solar. Los más nostálgicos eran los hinchas de más edad, aquellos que aún se recuerdan cantando goles de Gárate, Luis y Futre o celebrando la exuberante fiesta del doblete en el césped del estadio. Algún joven, más pragmático, echaba mano después del partido de las frías estadísticas (solo 9 triunfos de 49 posibles ante el Madrid por 23 del equipo blanco) para decantarse por el nuevo estadio.

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