Aficionados del Atlético camino del Wanda Metropolitano
Aficionados del Atlético camino del Wanda Metropolitano - EFE

Atlético-MálagaSan Blas, territorio rojiblanco

La afición del Atlético acogió con entusiasmo el primer partido en el nuevo estadio y colonizó el distrito desde primera hora

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Desde hoy, el distrito de San Blas-Canillejas es territorio del Atlético. Al menos en los días de partido. Los barrios de Simancas, Las Rosas y Canillejas se han llenado de camisetas y bufandas rojiblancas en lo que se ha convertido en una oleada incesante de gente desde primera hora para vivir un histórico estreno en el Wanda Metropolitano.

Asumida ya la marcha del Calderón, se puede afirmar que el grueso de la afición colchonera ha acogido el traslado al Metropolitano con una extraordinaria ilusión. Se ha visto en las caras y en los gestos, en los miles y miles de disparos fotográficos que ha recibido el estadio. Por dentro, por fuera, desde cualquier ángulo... Había emoción en el caminar por el Paseo de Leyendas o junto al enorme banderón rojiblanco situado en el córner suroeste.

Se hizo caso a las recomendaciones y la gente acudió al estadio con tiempo de sobra. Por la mañana ya eran unos cientos, entre ellos muchos curiosos atraídos por el bullicio. A primera hora de la tarde apenas cabía un alma en los aledaños, repletos de food trucks y barras de bebida. La gente se acercaba en una interminable procesión desde la estación de metro y desde la Avenida de Arcentales, donde la Avenida de Niza se convirtió en uno de los centros neurálgicos.

Junto al fondo sur, un DJ animó los exteriores hasta la apertura de puertas, que se produjo a las siete de la tarde. A esa hora muchos hacían cola ya en su puerta. Aún quedaba lo más emocionante, descubrir el estadio por dentro, sus rincones, sus espacios.

Dentro, el estadio transmitía cierto aspecto de obra recién terminada, con cajas embaladas y zonas a medio hacer. Hasta diciembre no tendrá su aspecto definitivo. Pero en las gradas todo parecía impecable. El Metropolitano recibía a los espectadores con dos enormes banderas rojiblancas sobre el césped y todas sus novedades a punto: el ribbon board, unos asientos más cómodos y espacio, espacio por todas partes. El Wanda Metropolitano es sinónimo de amplitud. En los accesos, en las escaleras y en los asientos.

Media hora antes de comienzo el estadio presentaba ya un lleno casi absoluto y la alteración de la grada era más propia de un partido de Champions que no de una cuarta jornada liguera.

Cuando comenzaron los cánticos, el Wanda ya era como el Calderón. Hay cosas que nunca cambian. Donde quiera que se esté.