Atlético-MálagaEl Atlético se muda al futuro

El club colchonero estrena hoy ante el Málaga el Wanda Metropolitano, el trampolín hacia su expansión

Actualizado:

Los hinchas del Atlético se preparan para vivir la segunda colonización en 114 años de historia. Hace 51 inviernos el destacamento de seguidores al fútbol que, en la capital, no querían ser aficionados del Real Madrid sino del club rebelde que no siempre gana, emigraron del viejo Metropolitano al Vicente Calderón. Del extrarradio en los albores de la calle Reina Victoria, de un estadio construido solamente hacia el suroeste y en desnivel en los descampados donde se amaban los enamorados, al recinto de la M30 húmedo y abierto por las esquinas que se convirtió en punto nuclear de la vida de mucha gente, el Calderón. Hoy la parroquia colchonera se muda al futuro, a un estadio en el noreste de la ciudad, que se engendró como germen de sueño olímpico y ha prosperado como un coliseo vanguardista de cinco estrellas. Hoy, por imperativo de la nueva economía procedente de China, nace el Wanda.

Y como en 1966, el año del traslado al Manzanares, el Atlético confía en establecer un puente entre su nuevo estadio y el progreso. El desarrollo favorable de la situación económica y social o, al menos, un periodo de bienestar.

El contrato del Cholo

«Me voy a quedar porque este club tiene futuro», lanzó el Cholo Simeone en plan profeta a la legión de seguidores que lo veneran. De alguna manera, el trasvase al Wanda ha sido capital en la renovación del técnico que ha cambiado el signo del viento en el Atlético. Más expansión, más ingresos, más éxitos.

Esto dice la frialdad de los números. El Atlético tenía 40.000 afiliados en el Vicente Calderón en un aforo de 55.000 espectadores. Al mudarse al Wanda ha incrementado la cifra de abonados en 14.000. El club tiene ahora 54.000 fieles en un recinto de 68.000 almas. El primer cálculo establece que, solo con eso, el club madrileño puede pagar el sueldo anual de Simeone, Griezmann o un par de sus estrellas. Los socios rojiblancos abonan una cuota media de 675 euros al año (el abono más caro es de 1.100 euros y el más barato, 250). Y, no todos sino unos 40.000, cotizan un extra de 187 euros de media por acudir a los partidos de la Champions y la Copa del Rey (300 el más costoso, 75 el más económico). El resultado de las dos sumas equivale a algo más de once millones anuales de ganancia solo por la ampliación de asientos y seguidores en el Wanda. Por el total de la temporada, el cómputo global de los 54.000 abonados, la entidad ingresará al menos 46 millones de euros en una campaña. Solo por este concepto, un veinticinco por ciento más de lo que recibía en el Vicente Calderón.

Todo son buenos propósitos y esperanzas de futuro en el Wanda, lo mismo que un cambio de residencia o el estreno de una casa. El Atlético confía en explotar todas las vertientes que le ofrece su nueva sede. En el club avalan como potente fuente de ingresos el mercado de los palcos vip, más de 7.000 asientos acristalados con canapé y bebida incorporados que aportan otras variables. El Wanda tiene un puñado de salas para reuniones, a través de las cuales pretende la entidad dar vida durante la semana la estadio, convertirlo en centro de ocio y negocio. Hay un auditorio en sus entrañas con capacidad para albergar congresos, eventos o reuniones. La proximidad del recinto al aeropuerto de Barajas (apenas seis kilómetros y diez minutos en coche) lo convierte en goloso atractivo para patrocinadores y empresas con palco vip. En el Wanda, que según el presidente Enrique Cerezo ha costado 310 millones de los cuales el Atlético ha pagado 170, seguirá habiendo conciertos musicales.

Antes de estrenarlo, el Atlético ya pretende rentabilizarlo. Es uno de los clubes que aspira a albergar la final de la Champions en los próximos años. Esta primavera se disputará en Kiev (Ucrania), pero para la próxima edición ya oposita el Atlético en competencia, entre otros, con Bakú y su fastuoso estadio olímpico que se inauguró en 2015.

Todo es dinero. La final de la Champions mueve grandes sumas entre entradas, patrocinios, alojamiento y demás conceptos. También el club que cede su estadio se lleva una tajada: entre un cinco y un diez por ciento de cada billete más el fijo que suele abonar la UEFA por el «alquiler» (unos 10-15 millones). La cifra de ingresos se eleva a 30 o 40 millones según los casos, el aforo y demás circunstancias.

En la fase de seguridad del estadio han intervenido los bomberos, la policía nacional y municipal y demás estamentos de la Administración relacionados con la protección de los aficionados. Además de la amplitud de los accesos al estadio, la holgura de las escaleras y los vomitorios, el campo de los colchoneros cuenta con sistemas avanzados de tecnología al servicio de la seguridad. Desde el club se garantiza que con solo apretar un botón se puede desalojar a todos los hinchas en breve espacio de tiempo, ya que al instante se abren todas las puertas del recinto.

Al Wanda se mueven el museo rojiblanco y la tienda oficial del club, que casi triplica su espacio. Había 500 metros cuadrados en el Vicente Calderón y acogerá 1.300 en la nueva sede del distrito de San Blas.

El servicio a las peñas mejorará considerablemente, ya que el Wanda alberga en su interior un aparcamiento cerrado para 150 autobuses, muy lejos del antiguo periplo por las calles aledañas al Calderón que debían realizar los aficionados de fuera de Madrid.

El peregrinaje del sentimiento atlético comienza hoy hacia el Wanda, un estadio que los rojiblancos esperan honre la memoria del viejo Metropolitano inclinado sobre un terraplén donde se forjó la historia del Atlético.