Historia

50 aniversario del Calderón, el templo de las emociones

El estadio del Atlético cumple hoy medio siglo de vida con la fecha de caducidad fijada: junio de 2017

El Calderón minutos antes del Atlético-Bayern del pasado miércoles
El Calderón minutos antes del Atlético-Bayern del pasado miércoles - ABC
MIGUEL ÁNGEL BARROSO Madrid - Actualizado: Guardado en: Atlético de Madrid

El himno deberá cambiar. Si no la música, al menos la letra («Yo me voy al Manzanares, al estadio Vicente Calderón, donde acuden a millares, los que gustan del fútbol de emoción...»). También las costumbres. La imposibilidad de aparcar en los alrededores legalmente. Las estaciones de metro de Pirámides y Marqués de Vadillo con sus tornos colapsados. Las quedadas en el puente de Toledo. Los minis de cerveza en los abrevaderos de siempre. Los vendedores de viseras de cartón en los graderíos («¡Hay sombra pal sol, oiga!»). El crepúsculo detrás de la Ermita del Santo. El relente helador del río en los encuentros nocturnos en invierno. La procesión por el Paseo de los Melancólicos con el berrinche tras el partido (o la alegría desbordante: esta afición no conoce el término medio). Los voceadores de transporte público junto a las puertas del estadio («¡Atocha-Puente de Vallecas!»).

Desinamus quod voluimus velle (Dejemos de querer lo que hemos querido), que escribió Séneca. El Vicente Calderón, que hoy cumple medio siglo, vive sus últimas veladas como templo de emociones. En junio del año próximo -si no hay retrasos u ocurrencia municipal de última hora- le dará el relevo un nuevo recinto todavía sin nombre, más grande y moderno, al otro lado de la ciudad. El derribo del viejo Manzanares, donde jugaron Collar, Calleja, Rivilla, Griffa, Adelardo, Luis Aragonés, Gárate, Capón, Ayala, Irureta, Ufarte, Leal, Pereira, Leivinha, Rubén Cano, Arteche, Dirceu, Futre, Caminero, Simeone, Pantic, Kiko... y los héroes de ahora mismo, los Godín, Koke, Saúl, Fernando Torres, Griezmann y compañía, producirá un cierto desgarro no solo en la hinchada, sino en coleccionistas de recuerdos de todo tipo. ¡El Calderón, donde los Rolling Stones y Bruce Springsteen dieron los conciertos de nuestras vidas!

El estadio del Manzanares, que así se llamaba en origen, sucedió al histórico Metropolitano, situado en la zona de Cuatro Caminos, un campo antiguo, con la mayoría de entradas de pie, donde jugaron los rojiblancos de 1923 a 1936 y, tras su reconstrucción al acabar la Guerra Civil, de 1943 a 1966. En una época en que la economía del Atlético boqueaba, el club realizó una emisión de deuda en forma de obligaciones hipotecarias que fueron suscritas en su mayoría por los socios. Los arquitectos fueron Javier Barroso (que había dirigido el arreglo del Metropolitano) y Miguel Ángel García-Lomas. El 3 de agosto de 1959 comenzaron las obras. El 2 de octubre de 1966 se inauguró en un partido de la jornada 4 de Liga frente al Valencia, a las 12.45 horas (la matinal no es un invento de Javier Tebas).

Fue un estreno deslucido por lo plomizo del día, lloviznaba, y por la retransmisión televisiva. «El estadio estaba sin terminar, faltaba la tribuna principal y se veían grúas sobre el segundo anfiteatro, así que no se llenó», recuerda a ABC uno de los protagonistas, Feliciano Rivilla. Media entrada (20.000 personas de las casi 40.000 que cabían antes del fin de las obras). «Eso sí, todas sentadas, un motivo de orgullo para los atléticos», añade el histórico lateral, que es socio del club con número dos mil y pico y todavía va a los partidos a sus 81 años. Hoy no faltará. La casualidad ha querido que haya duelo con el Valencia, pero esta vez en Mestalla, y el Atlético instalará pantallas gigantes en su campo para verlo. «Marcó Luis Aragonés, que ya entonces era una de las estrellas del equipo, el primer gol en el Manzanares, y en la segunda parte empató el Valencia [Paquito]. Parece que fue ayer. Aquella fue una buena época, acabábamos de ganar la Liga. Ahora tembién lo es, aunque alguna vez me enfade».

Asistieron al encuentro José Solís, secretario general del Movimiento, y Gregorio López Bravo, ministro de Industria. No fue el alcalde, Carlos Arias Navarro, quejoso porque el club no le había presentado el expediente de la obra ni había solicitado la licencia. Había un conflicto entre el Ayuntamiento y el Ministerio de Obras Públicas, de quien dependía la Canalización del Manzanares a la que el Atlético compró la parcela, que no se zanjó hasta 1972, cuando se acabaron las obras. Antes, en julio de 1971, los socios propusieron en Junta General que se cambiara el nombre a Estadio Vicente Calderón, algo que se ratificó por unanimidad tras votación a mano alzada.

La casa rojiblanca ha abierto sus puertas para que los aficionados puedan visitar sus lugares emblemáticos. Hoy podrán llevarse una réplica del cartel que anunció aquel encuentro de 1966. El primero de una colección de imborrables: el 3-1 ante el Dépor en 1973 que le dio al Atlético su primera Liga en el Calderón; el 2-0 al Celtic en 1974 para alcanzar su primera final de Copa de Europa; el 2-0 al Independiente para ganar en 1975 la Intercontinental; la remontada ante el «Dream Team» de Cruyff (4-3, octubre de 1993) tras ir perdiendo al descanso por 0-3; el 2-0 al Albacete que daba la Liga en la temporada del doblete (1986), los partidos de Champions de los últimos años... En uno de estos, un cronista que suele escribir en el Bernabéu dijo al deslumbrarse por el ambiente del Calderón: «Esto es como una mala noche en Chueca». Aludía a un «cambio de acera» posible de un hincha del eterno rival a la religión verdadera.

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