Francisco de la Torre, alcalde de Málaga
Francisco de la Torre, alcalde de Málaga - FRANCIS SILVA
40 aniversario del 4-D

«Los terribles sucesos de Málaga en el 4-D se pudieron evitar»

Francisco de la Torre, alcalde de la capital, fue diputado de UCD en 1977

MÁLAGAActualizado:

Dentro de la lectura básicamente negativa que hace del proceso autonómico el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, prefiere el futuro a revisar un caso sobre el que ahora le piden explicaciones dado que, como diputado de UCD, fue uno de los 35 miembros de la comisión parlamentaria que analizó la muerte de García Caparros en la manifestación de Málaga. De la Torre rechaza que hubiera un «pacto de silencio» pese a que los grupos de izquierda lo enarbolen ahora como otra de las fallas de la Transición contra la que tan a menudo cargan.

—¿Cómo recuerda el 4D de 1977?

—Como un día de esperanza, alegría e ilusión por impulsar la autonomía. Lamentablemente terminó en Málaga manchado por unos terribles sucesos que se pudieron evitar.

—¿Cómo?

—Si el presidente de la Diputación, Francisco Cabeza, hubiera permitido que en su balcón ondease la bandera andaluza, como pretendía aquel chico (José Manuel Trinidad), nos podríamos haber evitado todo. Porque a partir de esa negativa fue cuando se desató la batalla campal, con lanzamientos de piedras y naranjas, y ahí se generaron todas las situaciones que condujeron a la muerte de García Caparrós y a que el día en Málaga fuese tan diferente. Hubo una causa muy de tipo personal.

—¿Cree que hubo un pacto de silencio para tapar responsabilidades?

—Yo no diría que existiese ninguna voluntad de tapar el asunto. No sé que pasó en el ámbito judicial, porque sé que ahí también hubo actuaciones. El Congreso desarrolló una comisión para analizar los asuntos de Málaga y de La Laguna, en Tenerife, donde se dieron circunstancias parecidas. Y sus resultados se vieron allí. Lo que no podemos obviar es que la Transición supuso un esfuerzo de adaptación, en el que convivía el nuevo estado democrático con instituciones que aún no habían dado ese paso. Es que aún no había habido ni elecciones municipales. Y la policía, entonces no nacional sino armada, era una de ellas. Hubo instituciones que no dieron problemas, otras sí. No se puede decir que la policía, entonces, estuviese en unas pautas de comportamiento apropiadas. Sobre todo cuando estábamos recuperando libertades.

—¿Es un error entonces intentar juzgar con ojos de hoy lo sucedido ?

—Desde luego no conduce a nada. Hoy podemos ver las cosas muy claras, y es normal. Se exageró en el asalto a la Diputación. Fue un error insistir en la negativa a que se colocase la bandera andaluza y otro que hubiera policía dentro de aquel balcón. Cuando aquel chico quita la bandera española para poner la andaluza y un agente interrumpe la acción es cuando comienza el lanzamiento de piedras y naranjas. Faltó cuidado en cómo actuar, falló la capacidad de respuesta porque se generó algo muy peligroso que desembocó en la tragedia. Recuérdese también que en Málaga aquel día se citó mucha gente de extrema izquierda y extrema derecha que vinieron a ver qué pasaba y también a dejarse ver. Los acontecimientos de auténtico vandalismo que se dieron el día después confirman aquello.

—Como miembro de aquella comisión, le han pedido explicaciones tras saberse que sus actas recogen el arresto de varios policías, de los que no se dan nombres

—Yo no he visto ese informe, y no me importaría ver las actas para comprobar cómo quedó aquel trabajo, pero es algo que desconozco. Lo que recuerdo es lo que puedo contar.

—Como consecuencia de aquello, hay voces que dicen que no está suficientemente valorada la figura de García Caparrós. ¿Está de acuerdo?

—Las cosas hay que mantenerlas en su justo término. A García Caparrós tampoco podemos atribuirle que fuera un impulsor de la autonomía. Sí una víctima de aquel día, una consecuencia de esa falta de adaptación a la que me he referido.

—¿Cómo hay que recordarle?

—Recordar su muerte como un estímulo para hacer una Andalucía mejor. Es lo que se pretendía, yo lo pedía entonces: la autonomía ha de significar mayor responsabilidad pero debe ser en cascada. Y nos hemos encontrado con una autonomía esencialmente centralista, que ha generado un desequilibrio absurdo en el que nuestros ayuntamientos son los más débiles de toda Europa.