El presidente de la Organización Médico Colegial, Serafín Romero, en el Colegio de Médicos de Sevilla
El presidente de la Organización Médico Colegial, Serafín Romero, en el Colegio de Médicos de Sevilla - M. J. López Olmedo

«La relación médico paciente está en riesgo»

El presidente de la Organización Médico colegial, Serafín Romero, reclama un pacto de Estado que cohesione y sostenga al sistema sanitario

SevillaActualizado:

El máximo representante de la profesión médica española es un médico cordobés nacido en Sevilla. La Organización Médica Colegial representa a 270.000 profesionales. Serafín Romero ha presidido este sábado en Sevilla la asamblea de la Organización Médica Colegial en la que se han debatido temas candentes como la prescripción por parte de los enfermeros o los comunicados pro independentistas de los Colegios de Cataluña, comunidad que, denuncia, está ocultando datos sobre recursos sanitarios. Pero su mayor preocupación es la necesidad de un pacto de Estado que garantice la cohesión y la sostenibilidad del sistema sanitario, «tal como lo conocemos», si queremos que lo disfruten las próximas generaciones. Tal es su vulnerabilidad, que la OMC ha solicitado declarar a la relación médico-paciente Patrimonio de la Humanidad.

Serafín Romero, en una entrevista a ABC, advierte de los efectos de la falta de profesionales en un futuro, y considera que la solución a los problemas que aquejan ahora al sistema no están en Sanidad, sino en Hacienda. No se opone a la subasta de medicamentos pero defiende la libertad de prescripción del profesional médico y da por buena las protesta que generaron hace un año las mareas sanitarias andaluzas si eso ha servido para mejorar los presupuestos. Y como medico de familia andaluz que es, espera que la ilusión que ha despertado la reforma de la Atención Primaria no se queda solo en el papel.

¿Es cierto que nos sabemos cuantos médicos ejercen en España?

No tenemos datos oficiales. Sabemos que hay 270.000 colegiados —de los que 200.000 están en activo—, pero no sabemos dónde están ejerciendo y qué especialidad tienen. Si no sabemos cuántos médicos vamos a necesitar, tenemos un problema. Parece que por primera vez vamos a tener un registro de profesionales en España que va a permitir a la Administración prever políticas de recursos humanos.

¿Y es cierto que faltan médicos?

En España en los próximos diez años se van a jubilar 62.000 médicos y si no tenemos preparado cuánto, cómo y dónde, habrá problema de cobertura.

Es curioso que falten profesionales cuando se jubilaron médicos a los 65 años de forma obligatoria y además los hay que emigran...

Todo influye. Se están cambiando las políticas sobre edad de jubilación. Por normativa era a los 65, pero ya no es obligatorio. El despido de la primera promoción de aquellas jubilaciones forzosas fue traumático, casi a vuelta de telegrama. Ahora curiosamente se ofrece la posibilidad de ampliar la jubilación dos años más. No está bien planificado en ningún caso. La solución no puede ser prolongar la vida activa del profesional según las carencias de personal que tenga el sistema. Nosotros abogamos por una política de jubilaciones flexible entre los 60 y los 70 años en los que se pueda ejercer sobre todo en el ámbito docente. Pero en la falta de médicos también ha tenido mucho impacto la tasa de reposición, que ha sido nefasta en el entorno sanitario. Cuando hacen falta cirujanos hay que cubrirlos. Todo repercute y la crisis nos cogió sin una política de recursos bien estructurada.

¿Cómo se debe incentivar a los médicos para que trabajen en zonas de difícil cobertura?

El problema no es que tengamos pocos médicos sino que están mal distribuidos. Teníamos especialistas que no querían ir a esos destinos porque eso les alejaba de centros punteros en tecnología e investigación. Hay que discriminar en positivo esas plazas, bien con estancias temporales remuneradas y valoradas a efectos de concurso de mérito y oposición, bien con garantías de no perder el vínculo con la vanguardia tecnológica y la investigación. No hemos puesto en marcha esas medidas estructurales y eso se va a notar sobre todo en las zonas rurales. El médico prefiere esperar a que salga una plaza mejor ubicada. Esto va a obligar a tomar medidas.

Una de las medidas propuestas es traer a médicos extracomunitarios. ¿Qué le parece?

Para ejercer en el entorno público es obligatorio tener una especialidad. No se trata de poner fronteras sino de que haya igualdad de condiciones. Lo que hay que hacer es facilitar que nuestro entorno formativo permita al médico ejercer. Hay que establecer fórmulas para que un médico de familia, una vez que acabe su residencia, pueda perfectamente incorporarse a un entorno de aislamientos temporal con los debidos incentivos. 

¿Teme una mayor precariedad en el trabajo del médico en este escenario?

No debería. Ahora es cuando hay que apostar e invertir en personal. Lo que hay que plantear es si tiene lógica que lleguemos al 30% en gasto por medicamentos mientras mengua el capítulo de personal. Ese es el debate, la sostenibilidad.

¿Le parecen bien medidas de control del gasto farmacéutico como la subasta de medicamentos?

Desde la OMC defendemos la libertad de prescripción del médico por principio activo. Nosotros no estamos ni a favor ni en contra de la subasta. Lo que no queremos es el cambio continuo del medicamento, porque lleva a confusión de los pacientes; que haya  desabastecimiento o se dude de la seguridad del fármaco. No entramos en cómo se financie, pero sí que haya libertad de prescripción y que la seguridad esté en manos de la Agencia del Medicamento. 

Diecisiete comunidades, diecisiete sanidades en España. ¿Tiene esto solución?

Parece mentira que no terminemos de conseguir que cualquier ciudadano español pueda ir a cualquier centro médico o farmacia con una tarjeta sanitaria que sea plenamente reconocida. Se está trabajando en la unificación. El otro gran problema es que se ha roto la equidad. Cualquier ciudadano tiene derecho a recibir la misma asistencia, la misma cartera de servicios y no puede ser que entre una comunidad y otra haya una diferencia de hasta 500 euros de inversión sanitaria por habitante, como ocurre, por ejemplo, con el País Vasco y Andalucía. Después no hay tanta diferencia en la prestación, pero sí es necesario que se atienda el fondo de cohesión que se quedó a cero y que se asegure la atención a cualquier paciente de otra comunidad sin trabas ni dilación. Otro problema es el celo de alguna comunidad a compartir datos. Esto hace mucho daño a la hora de proyectar políticas de recursos humanos y evaluar de indicadores. Venimos demandando más lealtad entre las comunidades.

¿Qué datos se reservan y qué comunidades lo hacen?

Pues datos de recursos humanos y demográficos. Hay alguna comunidad autónoma que en este momento no está revirtiendo datos por tema políticos. Y esto no puede ocurrir en un Sistema Nacional de Salud. Pedimos de una vez el pacto de la sanidad en el que centralizar las política de salud pública y aspectos evidentes como el de compartir un mismo sistema nacional de vacunación.

Precisamente, el colegio de médicos de Barcelona, también el de Gerona, han hecho polémicos manifiestos corporativos proindependentistas. Lo han rechazado muchos colegiados. ¿Qué va a hacer la OMC?

Ante la petición de amparo que han realizado algunos colegiados vamos a seguir el procedimiento. Entendemos que ante esta crisis de Estado hay que redefinir y afianzar el rol de los Colegios de Médicos y cuáles son las atribuciones de sus juntas directivas. La política nos contamina todo, la situación no es fácil y no es momento de echar leña al fuego, pero hay que buscar soluciones en la crisis y responder a la queja de estos más de mil quinientos colegiados.

Sobre la politización de la sanidad es curioso que sea un reproche permanente entre los políticos de todas las ideologías, con los sistemas público y privado de fondo. La sanidad es política ¿no cree?

El estado del bienestar es política. Otra cosa es que se haga un uso indebido y partidista del debate sanitario. Venimos denunciando que hay que hacer un discurso más profesional y menos politizado «en lo negativo». En todas las comunidades hay colaboración público y privada y lo que hay es que sacar fuera ese debate y centrarnos en que queremos seguir manteniendo nuestro modelo sanitario, y que sea sostenible, solidario, equitativo, universal y de calidad. El cómo es lo que se pide a los políticos, pero que lo hagan desde el debate profesional y ciudadano. Y para eso también hay que despolitizar la gestión sanitaria. No creo que sea positivo debatir sobre la subasta de medicamentos y para sacar rédito político se ponga en duda la seguridad de los fármacos. Eso es un error que hace daño a todos.

En Andalucía se demoniza desde el poder político a la sanidad privada. Se trata como antítesis de la pública. Y curiosamente hay un crecimiento exponencial de la sanidad privada.

Pedimos un debate tranquilo, porque no todo lo público es malo ni toda la gestión privada es eficiente. Es verdad que crecen los seguros sanitarios privados, pero eso ocurre porque estamos bajando desde hace años el gasto sanitario y eso se resiente en calidad. Un autónomo no puede esperar un año para operarse unas hemorroides. Los debates esquinados no conducen a nada porque hacen que demonicemos a determinado sistema.

Las mareas sanitarias de hace un año generaron una crisis de gobierno en Andalucía. ¿Cree que había motivo para la protesta?

Hay que tener en cuenta a cualquier movimiento ciudadano. El problema tuvo su origen en la fusión hospitalaria, un sistema que considero se podría haber aplicado de forma más afortunada. Aquello generó una crisis de Gobierno importante a pesar de que  la sensación general es que tenemos un entorno sanitario muy aceptable. Si esto ha servido para aumentar el presupuesto y mejorar la organización del sistema, bienvenido sea, porque es verdad que no podemos seguir manteniendo un sistema de calidad disminuyendo el presupuesto. Se está ahogando la financiación sanitaria a costa de compromisos con Europa en base al pago de una deuda. Tenemos que ser más eficientes, y responsables pero hay que mantener una media para sostener nuestro sistema en los estándares europeos. En sanidad se está recortando bastante porque representa un gatos muy importante para las comunidades.

Andalucía va a aprobar una Ley de Sostenibilidad del Sistema sanitario, pero no incluye compromisos presupuestarios concluyentes. ¿Es creíble?

La idea es loable, pero el debate es nacional. El problema del sistema de salud no está en Sanidad sino en Hacienda. Aquí en Andalucía ahora se está poniendo más inversión como demuestra el presupuesto y hay que hacer una gran apuesta, pero debe ser nacional, ya que el control económico a las comunidades ahora es muy férreo. Hay que defender la sostenibilidad del sistema tal como lo conocemos ahora con un pacto de Estado, no ya por nosotros, sino por las futuras generaciones.

Prescripción de los enfermeros

¿El acuerdo de prescripción de la enfermería le ha traído muchos problemas?

El término prescripción de enfermería no aparece en ningún sitio y ha contaminado mucho el debate. En Andalucía fuimos pioneros en aprobar un decreto para uso, indicación y autorización de medicamentos sujetos a prescripción médica, que es donde está la clave. La prescripción médica lleva implícito un diagnóstico médico. Eso generó conflicto con la enfermería. Al final, cuando de verdad hay un mediador, y en este caso lo ha habido en la ministra, se logran acuerdos. Se ha especificado en norma que en aquellos casos en los que no se precisa  la indicación médica el enfermero podrá usar y administrar el medicamento en el entorno de una guía. Al final decidirán las administraciones sanitarias y el Consejo de Estado. CC.OO. ha anunciado que lo recurrirá. Este ha sido un debate muy duro. Mi compromiso era llevarlo este sábado a la asamblea de la OMC y lo he hecho. Personalmente creo que es un buen acuerdo.

Tenemos a médicos bien formados en una medicina hipertecnificada. ¿No cree que se está abandonado el aspecto humanístico del médico?

Hemos solicitado que la relación médico-paciente se considere patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad. Esa relación corre riesgo por eso hay que preservarla ante la proliferación de entes donde la salud se convierte en un negocio o frente a la creación de falsas expectativas. Hay una tendencia también por algunas comunidades para poner en marcha planes de humanización de los sistemas sanitarios. No está mal, pero esta profesión es humanística o no lo es. Hemos renovado en 2011 nuestro compromiso deontológico centrado en nuestra actitud con el paciente y además ha sacado a la luz una conceptualización del profesional médico en el que se obliga a situar siempre el interés del paciente por encima de cualquier otro interés y se preserva compromisos como el de la compasión, acompañar.

Hay muchas quejas de los profesionales sobre la presión asistencial, ¿no cree que la monotonía asistencial, el trabajo mecánico protocolizado induce a cometer errores de diagnóstico?

Uno de las principales quejas de los médicos es el tiempo y el haber perdido la propiedad de la agenda asistencial. Son agendas impuestas con número de citas denunciables en muchos casos, porque va en contra de la propia seguridad del paciente. No se puede atender un diagnóstico de demencia en cinco minutos. Pero es algo que debemos analizar desde la profesión. Esto lleva al desgaste profesional. Y esto conlleva también entrar en la cultura de la queja. Decirlo con lo que está cayendo es duro, porque es evidente que tiene que haber plantillas suficientes, adecuar las tasas de reposición, acelerar las sustituciones y dejar libertad al médico para determinar su agenda. Pero no hay que caer en la cultura de la queja.

Como médico de familia ¿le gusta la reforma de primaria que plantea el SAS?

Estamos ilusionados porque es muy atractivo y vemos que se le está incorporando presupuesto, pero insisto de momento solo está sobre el papel. Suena bien, pero llevamos mucho tiempo en el que las partitura se ven bien, pero hay que interpretarlas. El medico de familia no puede seguir siendo el apagafuegos ni la puerta del sistema sino pasar a ser el centrocampista que reparte el juego del equipo, y necesita tiempo y confianza.