Andalucía

Los musulmanes que condenan la yihad: «¿Qué pretenden, reconquistarnos?»

La comunidad ahmadía tiene su principal centro de culto en Córdoba

Fieles ahmadíes oran en la mezquita Basharat de Pedro Abad
Fieles ahmadíes oran en la mezquita Basharat de Pedro Abad - ABC
ÓSCAR GÓMEZ Córdoba - Actualizado: Guardado en:

El portavoz de la comunidad ahmadía atribuye la pregunta al comisario jefe de policía de Córdoba, a mediados de los años setenta. La cuestión, con aires de desafío, estaba dirigida al primer misionero de la comunidad, a quien le habían aconsejado que pusiera en conocimiento de todas las autoridades civiles, militares y religiosas su proyecto de construir una mezquita en los terrenos recién comprados a un algodonero de la localidad de Pedro Abad: «¿Qué pretenden ustedes, reconquistarnos?»

Cuenta también Qamar Fazal que la respuesta del fundador de la comunidad en España —su propio padre— estuvo inspirada por la oportunidad y la diplomacia: «Solo hemos venido a reconquistar sus corazones»

Y la reconquista, asegura Fazal, que se ha propuesto aquilatar el legado de su padre continuando su obra, debe llegar por el camino del ejemplo: demostrando dotes de buena vecindad y de colaboración con el entorno social. «Queremos unirnos al grupo de la gente que practica el bien. El concepto de yihad es el de luchar contra uno mismo para ser un poquito mejor, porque ser un buen musulmán es muy difícil», resume el seguidor de la confesión ahmadí, convencido de la necesidad de trasladar un mensaje pacífico para evitar los recelos de la población, en el contexto de proliferación de los atentados terroristas de inspiración fundamentalista islámica.

Qamar, nacido en España, acababa de obtener la licenciatura en Ingeniería de Telecomunicaciones que le llevaría a desarrollar una carrera de más de treinta años en Iberia cuando se inauguró la mezquita Basharat, en 1982.

El rigor del verano cordobés se hacía notar aquella mañana de septiembre en el Alto Guadalquivir. Por la carretera nacional, a los pies de la mezquita, un camión cargado de melones indicaba con sus intermitentes que se dirigía al corazón del municipio de Pedro Abad. El propio fundador de la comunidad ahmadía en España, Maulana Karam Ilahi Zafar, alzó los brazos con aspavientos para que la carga de fruta fresca llegara a los terrenos en los que se había edificado el primer centro de culto musulmán en España después de cinco siglos.

Melón y té paquistaní

Cientos de fieles ahmadíes habían llegado de distintos lugares de Asia y Europa para celebrar el hito histórico, y lo hicieron con tajadas de melón dulce, refrescante, que el mismo conductor del camión se ocupó de rajar con una navaja. Han pasado treinta y cuatro años desde la anécdota que cuenta, también ante un refrigerio de melón y té paquistaní en la biblioteca de la mezquita, el hijo del fundador.

Le acompaña el actual imam, Abdul Saboor Numan, llegado en 2004 a Valencia, el otro polo del culto para los 400 ahmadíes que siguen a esta rama del Islam en España, aunque ni siquiera son considerados musulmanes por los seguidores de Mahoma. Les acusan de manipular el Corán, y de creer en la llegada del Santo Mesías Prometido del que hablaba el profeta. «Estamos en un mundo en crisis, y las enseñanzas del Corán proveen soluciones, pero bajo la reinterpretación de nuestro fundador, que no se parece a los mensajes de terrorismo, compulsión y violencia que se practican en nombre del Islam», dice Fazal y suscribe Numan hablando en urdu: «Nuestro lema es amor para todos, odio para nadie, y practicamos según nuestras palabras. Eso lo saben los vecinos de este pueblo, que nos conocen muy bien», asegura el misionero.

La mezquita se ha convertido en un exótico atractivo turístico para los visitantes de la comarca cordobesa, y los propios residentes en el municipio la exhiben con orgullo.

Perseguidos en Paquistán

Los más de diez millones de integrantes de la comunidad en todo el mundo tienen prohibida la entrada a los lugares de culto del Islam que no pertenecen a la rama ahmadía, hasta el punto de haber sufrido asesinatos, como ha denunciado en diversas ocasiones la organización Humans Rights Watch.

«Nuestra mezquita está abierta para todos» insiste Numan, convencido de que el conocimiento del «verdadero Islam, que es la continuación de todas las religiones y que nunca puede utilizarse para instalar el desorden en un país», es la clave para evitar las persecuciones.

El centro de culto de Pedro Abad cuenta con capacidad para hospedar y alimentar a los más de quinientos huéspedes que han llegado a participar en el encuentro que periódicamente celebra la comunidad. Y también cuenta con unos apartamentos privados de máxima seguridad, blindados y protegidos de las miradas por una valla de cuatro metros, para alojar al líder espiritual, el V jalifa, y a su séquito, que han visitado en varias ocasiones la emblemática mezquita Basharat, cuyo nombre significa buena nueva en árabe.

Las flores de los niños

La razón de la fundación en la provincia de Córdoba, y no en Madrid o en Toledo, como había sido la intención del primer misionero, se debe a la insistencia del tercer jalifa, el inspirador de la misión en España. Durante una visita al país en 1970, se sorprendió de la hospitalidad de los vecinos de Córdoba, recordando incluso a niños que le llevaban flores a la recepción del hotel en el que se alojó, e instó al fundador de la comunidad en España a buscar terrenos en el entorno de la capital andaluza.

«España fue un territorio multicultural, multiconfesional, y sobre nuestra comunidad recayó la suerte de recuperar el mensaje del Islam al pueblo español. Y ese mensaje es el de la paz, y esta tierra es suficientemente fértil como para que el mensaje germine como ocurrió en el pasado» reincide el portavoz, que despliega recurrentemente, como una obsesión, el argumentario enfocado a la tolerancia y la concordia a las que consagró su vida su propio padre. Asegura además que sin ayuda financiera, pero con una proverbial capacidad de llegada a las figuras institucionales de la España de mediados del siglo XX.

Piel morena y turbante

«Era una misión difícil para un hombre de piel morena y con turbante que predicaba en medio de un contexto de extrema pobreza, en la España de la posguerra», relata Qamar Fazal citando las memorias de su padre. En la colección de recuerdos de la familia del primer misionero español están los relatos de los encuentros con Julio Anguita, con Manuel Fraga e incluso alguna recepción de representantes religiosos por parte del Rey Juan Carlos I en el Palacio de la Zarzuela.

Para sacar adelante su proyecto y a su propia familia, Ilahi Zafar aprendió a fabricar perfumes artesanales que distribuía en un pequeño puesto en el Rastro madrileño, en el que ahora sus hijos venden juguetes de cuerda. Con cada frasco de esencias entregaba un pequeño folleto sobre la rama ahmadía, que imprimía en una multicopista en su propia casa, y avisaba al comprador: «Junto con estos aromas, que durarán unos días sobre su piel, lleva una enseñanza, una fragancia espiritual que perfumará su alma en esta vida y en la que venga tras la muerte», rememora su hijo Qamar, emocionado, recordando que era una época en la que no era fácil trasladar mensajes de religiones distintas al catolicismo.

Los primeros ahmadíes españoles se reunían a puerta cerrada. Algunas noches eran sorprendidos por la policía, y tenían que pasar unas horas en un calabozo. Al otro lado de los barrotes, un comisario tal vez se preguntara si estaban organizando una incipiente intentona de reconquista.

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