Medio ambiente

El Guadalquivir enferma

La erosión, el riego incontrolado y los vertidos, triple amenaza para el río

El río Guadalquivir a su paso por la ciudad de Córdoba, en una imagen de archivo
El río Guadalquivir a su paso por la ciudad de Córdoba, en una imagen de archivo - ABC
JAVIER LÓPEZ Jaén - Actualizado: Guardado en:

La plácida estampa del Guadalquivir a su paso por Córdoba y Sevilla no se corresponde con la turbulenta realidad de la cuenca. Sobre el río que vertebra la región andaluza penden peligros que amenazan su pervivencia, la mayor parte de ellos generada por la acción del hombre: acuíferos sobreexplotados, riegos ilegales, permisos para perforar junto a la cuenca, eliminación de la cubierta vegetal y vertidos.

La actividad productiva se encuentra detrás del homicidio en grado de tentativa del principal río andaluz. Así, el regadío no regulado ha experimentado un crecimiento paralelo al incremento de los cultivos, la plantación de árboles en pendiente ha propiciado la colmatación de embalses y la sobreexplotación de fuentes ha generado movimientos sísmicos en el entorno del Guadalquivir, que serán previsiblemente más frecuentes cuando se acometa la fracturación hidráulica pertinente para obtener petróleo y gas del subsuelo.

El Ministerio de Industria ha otorgado 15 concesiones de explotación de hidrocarburos en la cuenca del Guadalquivir, lo que significa que la mayor parte de las adjudicaciones del conjunto del país se concentra junto al principal río andaluz. En opinión de los agricultores esto implicará que se eleve el consumo de un bien escaso, en tanto que el investigador del CSIC Miguel Doblas considera que repercutirá negativamente en la calidad del cauce. Este experto alerta de que las compañías concesionarias extraerán previsiblemente el gas mediante la técnica de fracturación hidráulica, que requiere enormes cantidades de agua.

Los regantes destacaen los esfuerzos realizados por el sector agrario para modernizar los sistemas

El déficit hidrológico no es, sin embargo, el principal problema de la cuenca, ya que el proceso de construcción de pantanos desarrollado durante más de un siglo ha permitido que 4,5 millones de andaluces tengan garantizado el consumo. El mayor riesgo es la erosión, motivada en buen parte por la actividad agrícola. En concreto, por la utilización de prácticas de cultivo inadecuadas, principalmente en el olivar. Así lo admite el propio Ministerio de Medio Ambiente en su inventario nacional de erosión de suelos, que en la provincia de Sevilla localiza el problema en municipios regados por el Genil y en la propia capital, donde la erosión se deriva de la desestabilización de los taludes por el oleaje que originan los grandes barcos que suben por el río hacia el puerto.

El mapa del Ministerio de Medio Ambiente sobre el estado erosivo revela que la pérdida de suelo en la cuenca del Guadalquivir es considerablemente mayor que en el resto de España. En concreto, gran parte de la superficie que atraviesa el río pierde en torno a 25 toneladas de suelo al año, que contrasta con las menos de 12 de la cuenca gallega del Sil. Según un estudio de la Universidad de Jaén, la pérdida de suelo anual en los 8.500 kilómetros cuadrados de la cuenca supera las 13.445 toneladas.

Plantanción en pendiente

En el avance de la desertización juega un papel importante la falta de cubierta vegetal, causada a su vez por la plantación en pendiente. Parte de la tierra fértil desprendida acaba en los cauces públicos o en los pantanos. Lo que explica la colmatación de los embalses de Doña Aldonza, en Jódar, y de Cordobilla, en Puente Genil. Respecto al segundo, la propia Confederación Hidrográfica del Guadalquivir admite que se ha convertido en un lodazal.

El embalse de Cordobilla, construido para albergar 34 hectómetros de agua, sólo contiene uno, y embarrado, según aclara el secretario general de la asociación de comunidades de regantes de Andalucía, Pedro Parias, quien pide que se obligue a mantener la cubierta vegetal del cultivo en pendiente para evitar problemas derivados de la erosión que afectan al conjunto de la comunidad. Como le afecta, añade, la explotación irregular de los acuíferos. Cita al de La Loma, un acuífero de 900 kilómetros cuadrados, como ejemplo de sobreexplotación.

Parias aclara, no obstante, que el regadío es fundamental para la economía y el empleo de la comunidad andaluza. Destaca el esfuerzo que ha realizado el sector agrario para modernizar el sistema de riego. Hace tres décadas, dice, se necesitaban entre 8.000 y 10.000 metros cúbicos de agua por hectárea y hoy entre 5.000 y 6.000. A pesar de esto, puntualiza que hay que frenar las concesiones de riego incontroladas. Justifica la adjudicación a los agricultores que han solicitado agua de la presa de Siles, pero advierte de que es preciso regular mejor y vigilar más. Al respecto, aclara que hay menos control sobre las aguas subterráneas que sobre las superficiales. En este sentido critica que la Junta de Andalucía permita el suministro eléctrico y posibilite ayudas para pozosde agua ilegales.

Según la Universidad de Jaén, la pérdida de suelo ronda las 13.445 toneladas anuales en la cuenca

El gerente de Asaja en Jaén, Luis Carlos Valero, también apuesta porque se regule convenientemente utilización del agua río Guadalquivir, si bien aclara que el problema de la cuenca no está relacionado con la acción humana, sino con la climatología. «De niño me enseñaron que, al margen de las de Machado, existen dos Españas: la seca y la humedad. Y Andalucía está en la seca. Hay un déficit de 500 hectómetros que no se corregirá con más pantanos, sino con más lluvia», explica Valero, que lamenta el frenazo al sistema de trasvases aprobado por Europa. «Eso habría arreglado el problema, pero hay quien prefiere que el agua sobrante acabe en el mar».

Más crítico con el estado del río es el geólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Miguel Doblas, quien alude a la agricultura intensiva como una de las causas del deterioro de la cuenca. La explotación de hidrocarburos empeorará la situación. Doblas afirma que los seísmos de La Loma, que afectan también a la cuenca, se derivan de la sobreexplotación del acuífero, del riego intensivo de olivares y de los pozos no regulados.

Este experto denuncia también del vertido de metales pesados desde la zona minera Linares-Bailén-Guarromán. Los vertidos no se circunscriben a la zona del alto Guadalquivir. El pasado mes de septiembre la Audiencia Provincial de Sevilla condenó a una compañía minera a pagar 300.000 euros a la Confederación Hidrográfica del Gualdalquivir por contaminar un acuífero de Gerena cuyas aguas se utilizan para el consumo humano. Asimismo, durante años fueron constantes las denuncias del servicio de protección de la naturaleza de la Guardia Civil por vertidos de alpechín (residuo líquido derivado de la molturación de la aceituna) a los cauces públicos jiennenses.

Permisos de explotación

La contaminación también es inherente a la fracturación hidráulica, según asegura la plataforma ciudadana Torreperogil libre de fracking, que considera que permisos concedidos para la explotación de hidrocarburos a lo largo de la cuenca del Guadalquivir perjudicarán al río porque, además de causar terremotos contaminarán los pozos subterráneos. Su portavoz, Luis Villar, prevé incluso que se agoten los recursos hídricos.

Por lo pronto, lo que ha desaparecido es flora del río. El geógrafo de la Universidad de Jaén Emilio Molero indica que el bosque de galería se ha perdido en algunos tramos de la cuenca. Así, en río Frío, afluente del Genil, unos trabajos de limpieza han acabado con la vegetación de ribera. Molero resalta que es preciso analizar las consecuencias de la agricultura intensiva, que contrapone al uso tradicional del cauce: «Durante siglos el Guadalquivir ha sido objeto de una explotación equilibrada porque a los lugareños les interesaba preservar el río».

También le interesa a la Confederación Hidrográfica. De hecho, la pérdida relativa de la vegetación contrasta con la inversión de 148 millones de euros que ha llevado a cabo para la regeneración ambiental de los cauces públicos de la demarcación. El organismo de aguas ha llevado a cabo actuaciones de restauración ambiental merced a los convenios firmados con administraciones locales que, según expone, han apostado por trabajar en la recuperación de ríos y riberas con el objetivo de valorizar los entornos naturales y potencial su uso público. La Confederación destaca en concreto a recuperación de barrancos y cauces de la provincia de Granada y la restauración hidrológica y forestal de cauces sevillanos.

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