La presidenta de la Junta, Susana Díaz, en una comparecencia esta semana
La presidenta de la Junta, Susana Díaz, en una comparecencia esta semana - EFE/RAÚL CARO
NUEVO CURSO POLÍTICO

Susana Díaz necesita una alianza

La presidenta quiere aprobar los presupuestos y cimentar el bloque con Ciudadanos para defenderse del PP, de la tentación de la izquierda radical... y del sanchismo

SEVILLAActualizado:

La «vuelta al cole» de Susana Díaz no será menos traumática que la de muchos pequeños que este lunes descubrirán que la vida es más complicada de lo que creían. La presidenta asegura que ha disfrutado ampliamente de sus vacaciones y que llega con fuerza. Hay señales —como su inesperada rueda de prensa tras el primer Consejo de Gobierno de septiembre— para pensar que es consciente de que encara una nueva etapa radicalmente diferente a la del último curso, cuando su prioridad fue hacerse con las riendas del Partido Socialista fracasando en el empeño y cosechando una monumental calabaza en forma de suspenso en lo que más le duele, su partido.

La lista de deberes por tanto debe cambiar y Díaz ha marcado como prioridad del nuevo curso tapar el flanco más preocupante, el de su estabilidad política. En minoría en el Parlamento, sin el amparo de la maquinaria federal socialista y en la descabellada coyuntura de la política nacional,Susana Díaz tieneurgencia por transmitir a los andaluces que conserva el mando y que la sala de máquinas de la Junta está a salvo de marejadas, vengan de donde vengan. Para ello quiere que Andalucía, como ya pasó hace una año, sea la primera comunidad en aprobar sus Presupuestos y aprovechar la negociación con Ciudadanos para cimentar una relación a más largo plazo, a fin de evitar estar al albur de sus exigencias.

Zona de confort

Díaz tiene que fijar su espacio político ante los previsibles bandazos de su partido, para situarse entre el PP —que se declara ya en campaña para conseguir la alternancia en Andalucía—, y una izquierda radical con la que se declara incompatible. Eso le exige salir de su zona de confort. El piloto automático que combinaba en perfecta armonía las maquinarias del PSOE y la Junta de Andalucía con idéntica velocidad de crucero ha dejado de ser un instrumento útil. La nueva realidad invita a la presidenta a abrir su hermético círculo de relaciones para hacer creíble que su particular modelo socialdemócrata es capaz de seguir respondiendo a las exigencias de las capas sociales que han garantizado la hegemonía del PSOE en Andalucía durante 40 años.

El anuncio que la pasada semana hizo Juanma Moreno de que el PP va a cambiar de marcha, le sugiere que en los próximos quince meses, si no media adelanto electoral, el curso se juega en la calle.

Salir de la sucesión de visitas y encuentros con colectivos de adhesión inquebrantable de la agenda política va a suponer un esfuerzo, pero no menos que el que va a tener que hacer su equipo de Gobierno para estirar el presupuesto de la Junta y hacer frente a todos los compromisos, los pasados y los que tenga que realizar, en un año clave de la Legislatura.

La crisis sanitaria ya advirtió a la presidenta de los peligros de la calle cuando se incumplen los compromisos. Y no van a faltar colectivos que denuncien que las promesas de la Junta corren más que la gestión presupuestaria, como ocurre en Educación o en Dependencia. La calle va a pedir más hechos que palabras y más inversión que promesas. Y responder a eso va a ser difícil sin menoscabar el gasto fijo de funcionamiento de la superestructura administrativa paralela creada durante años de la que Susana Díaz no puede desprenderse. Enfrente, la oposición no va a dejar de recordarle que es ahí precisamente donde está el dinero que dice la Junta que le falta para poder hacer frente a todas sus competencias.

Precisamente uno de los deberes más importantes que tiene la presidenta en los próximos meses es demostrar el buen funcionamiento de los servicios públicos, especialmente Educación y Sanidad. En ambos campos, Díaz va a hacer valer el incremento de personal que van a disfrutar gracias a las convocatorias de empleo público (si no se truncan). En la cuestión sanitaria la presidenta va a presentar próximamente un plan de reforma de la Atención Primaria como clave para mejorar la asistencia sanitaria. Apriori, los profesionales son bastante escépticos.

Basta ver el orden del día del periodo de sesiones del Parlamento para darse cuenta de los temas sensibles. El Gobierno andaluz tendrá que responder sobre el accidente del ascensor del Hospital de Valme, las guarderías, el curso escolar, la depuración de aguas y debatirá sobre el proyecto de ley de los derechos y la atención a las personas con discapacidad.

Impuesto de Sucesiones

En la búsqueda del difícil equilibrio presupuestario anda enfrascada la consejera de Hacienda, María Jesús Montero, interlocutora con Ciudadanos para renovar el apoyo de la formación naranja a las cuentas de la Junta. No extraña que Montero sea de las más pesimistas sobre el acuerdo, que otros auguran como inminente si es que no está negociado de antemano. Hasta ahora la negociación se ha centrado en la bonificación del Impuesto de Sucesiones.

El presidente de Ciudadanos en Andalucía, Juan Marín, sabe del coste en imagen que le provocó quedarse corto en la negociación de 2017 cuando supeditó su apoyo al presupuesto a fijar un mínimo exento por heredero de 250.000 euros. Ahora ha subido su petición al millón de euros. Ciudadanos compite con el PP por rentabilizar la corriente de protesta ciudadana contra el impuesto y los populares abogan por la bonificación al 99 por ciento. Andalucía es la comunidad que menos bonifica este impuesto estatal. Habrá acuerdo, el PSOE presiona.

Su portavoz parlamentario, Mario Jiménez abogaba esta semana por «trasladar a las clases medias y trabajadoras la recuperación económica desde la vía fiscal», como un objetivo del Gobierno andaluz. La cita a la «clase media» no pasa desapercibida. Ahí es donde está el nicho de votantes que va a ser fundamental para dirimir la ajustada relación de fuerzas en términos electorales dentro de quince meses. Díaz buscará cimentar la alianza con Ciudadanos, sobre todo ahora que los estatutos del partido de Albert Rivera permiten a partir de 2018 participar en gobiernos de coalición.

En Ciudadanos saben de la necesidad y van a presionar, no sólo para conseguir el millón bonificado en Sucesiones sino para rascar algo más en el tramo del IRPF y en otros asuntos pendientes del pacto de investidura.

El enemigo externo...

Entretanto el Gobierno de Rajoy seguirá siendo el enemigo externo necesario para sostener el discurso de la presidenta sobre cualquier mal que preocupe a los andaluces. Su obsesión por liderar desde Andalucía el debate del modelo de financiación autonómica responde a su necesidad de dejarse ver en el contexto nacional, de sacar partido a su perfil institucional (algo de lo que Pedro Sánchez no puede presumir) y tener un argumentario cuando las carencias pongan en evidencia déficits en los servicios públicos que dependen de la Junta.

Con el Gobierno y Montoro también habrá de librar Díaz la batalla por la jornada laboral de 35 horas de los funcionarios. Hasta ahora ha sabido gestionar el órdago que le lanzó al Gobierno. De convertirse en un pulso, quien más tiene que perder es el líder de la oposición Juanma Moreno. Ha abogado ante su partido por la reducción de la jornada, si fracasa será presa fácil para el Gobierno andaluz. Cualquier otra salida que no sea volver a las jornada de 35 horas provocará un gran problema de organización laboral a la Junta pero propiciará una unidad de acción del Gobierno andaluz con los sindicatos que reforzará a la presidenta.

...Y el enemigo interno

Entre las actividades extraescolares del nuevo curso político, la presidenta no va a dejar de vigilar muy de cerca lo que ocurre en cada momento en su partido. Llegan los congresos provinciales del PSOEy ya caducó el pacto de no agresión que presidió la reelección de Díaz en el congreso regional. Los sanchistas ya han anunciado que es en las provincias donde van a plantear batalla al susanismoy han presentado ya a sus precandidatos.Díaz tiene como misión tapar cualquier brecha. Obligar a que los candidatos consigan un mínimo del 20% de avales demuestra que no las tiene todas consigo.

De momento, como primera tarea, la presidenta vuelve el jueves a la sesión de control en el Parlamento donde el PP le pedirá un balance de su acción de gobierno este verano, Podemos le preguntará por el modelo de Estado que defiende el Gobierno andaluz, Ciudadanos preguntará por la financiación autonómica e IUlo hará sobre la subida del paro en agosto.