Andalucía

«Dormía con el fijo y el móvil en la cama»

Le llamaron hace 13 días a las dos de la mañana para trasplantarle un hígado

Luis Enrique Elías Santamaría
Luis Enrique Elías Santamaría - RAÚL DOBLADO
R. MAESTRE Sevilla - Actualizado: Guardado en:

Hace seis meses le diagnosticaron que su hígado no podía aguantar más; culpable: el azúcar de su diabetes había provocado una cirrosis sin vuelta atrás. «Me pusieron en lista de espera hará mes y medio», relata para este periódico Luis Enrique Elías Santamaría, 52 años y natural de Sevilla. «Dos días antes de intervenirme tuve que ir a Urgencias porque perdí el conocimiento y me caí, pero -continúa Elías- no creo que eso influyera en la rapidez, a mí me llamaron cuando hubo un hígado adecuado para mí». «Telefonearon a las dos de la madrugada para darme la noticia, véngase lo antes posible para ir preparándose en planta, cogimos un taxi y tras unas analíticas de sangre y unos rayos X, a las ocho de la mañana ya estábamos en un quirófano del Virgen del Rocío», nos cuenta el recién trasplantado.

Cuando a un paciente se le coloca en lista de espera para un trasplante lo primero que se le exige es estar localizable las 24 horas. «Dormía con el móvil y con el fijo en la cama, ellos no saben nunca a la hora que les va llegar el órgano y por eso necesitan máxima colaboración por parte nuestra», manifiesta Luis Enrique Elías desde su casa donde se recupera de la operación que ha sido un éxito.

Tres meses con mascarilla

Después de diez días le dieron el alta y ya anda perfectamente y hace vida casi normal: «Lo único que necesito es ponerme una mascarilla de papel cuando salgo a la calle durante tres meses porque como estoy muy bajo de defensas no puedo contagiarme con algún virus, ni yo mismo me esperaba una recuperación tan rápida». «Si alguien de la familia se resfría sí que tengo que usar la mascarilla en casa», añade.

El trasplantado nunca sabe de quién es el órgano que recibe, forma parte del plan nacional de trasplantes del cual nos podemos sentir orgullosos porque cada año seguimos a la cabeza del mundo. «Aquí intervienen muchas personas, buenos médicos, buenos hospitales y medios, pero sin el donante que en vida firmó un papel por el que donaba su hígado yo no estaría trasplantado», defiende con ahínco Elías Santamaría. «Yo mismo he donado mi cuerpo entero, incluso el hígado malo que me quitaron para que lo estudien los médicos, pero es fundamental que firmemos un papel en vida por el que autorizamos la donación, hay mucha gente que quiere ser donante y no sabe cómo, basta ir a un centro de salud y que te indiquen dónde hay que hacerlo», remarca.

Luis Enrique Elías Santamaría, estudiante claretiano y de padres con origen catalán, sólo tiene buenas palabras para el equipo del Virgen del Rocío: «Se desvivieron por mí mientras estuve en cuidados intensivos».

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