Detalle de una de las dunas del Parque natural de Doñana
Detalle de una de las dunas del Parque natural de Doñana - JAIME GARCÍA

¿Por qué Doñana tiene nombre de mujer?

Los investigadores se debaten entre dos mujeres: una, de origen trabajador; la otra, de alta cuna

ALMONTEActualizado:

El Espacio Natural de Doñana, Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad, es uno de los entornos más protegidos del mundo desde que a finales de la década de los 60 se declarara Parque Nacional.

Domingo Muñoz Bort, historiador por las Universidades de Sevilla y Barcelona y director del Centro de Documentación Histórica del Ayuntamiento de Almonte, detalla en un estudio publicado en la revista Exvoto —citando a su vez las investigaciones toponímicas realizadas por María del Carmen Castrillo—, cómo desde principios del siglo XVI era el Concejo o Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda quien facilitaba las licencias para la explotación de este espacio a sus conciudadanos. Sin embargo, no es hasta la llegada de los duques de Medina Sidonia a Sanlúcar de Barrameda por el año 1538, cuando se inicia la ocupación y el acotamiento de las tierras para uso privativo de esta casa señorial de lo que por entonces se conocía como Bosque de las Rocinas.

Tal vez por ello, el origen del nombre de Doñana por el que hoy conocemos este enclave ha sido asociado al nombre de pila de Ana Gómez de Silva y Mendoza, la que fuera esposa de don Alonso de Guzmán, VII duque de Medina Sidonia, a la que, según publicaba en 1760 el entonces administrador de la Casa Ducal, Juan Pedro Velázquez Gaztelu, le gustaba pasar temporadas en estos parajes donde podía practicar su afición a la caza.

Sin embargo, esta teoría fue contradicha por una de las mayores estudiosas del archivo de la Casa de Medina Sidonia que han existido: su última duquesa, Luisa Isabel Álvarez de Toledo, quien como narra Muñoz Bort, advirtió a los investigadores de que nada tuvo que ver doña Ana de Silva con la construcción de una casa en lo que también se conocía como «la otra banda del río», a mediados del siglo XVI, supuesto germen del nacimiento del coto. Fue sin embargo otra noble, la condesa de Niebla, que ni siquiera se llamaba Ana, sino Leonor de Sotomayor. De hecho, a aquella duquesa de nombre Ana, que era hija de la famosa princesa de Éboli, la caza no le interesaba lo más mínimo y no digamos ya el ambiente silvestre, y no pisó aquellos lares hasta 1581. Ya por entonces, el lugar donde el VII duque había mandado construir «algunas cabañas pajizas» que más tarde se incendiaron y que se rehicieron en material a partir de 1575, era conocido como el Hato de Doña Ana.

¿Quién era Ana Mallarte?

No obstante, aunque la advertencia de la controvertida aristócrata fue poco tenida en cuenta por el gran público, hace que la balanza se incline hacia la otra gran teoría sobre el origen del topónimo del Espacio Natural de Doñana, que como coto no aparece registrado en documento alguno hasta principios del siglo XVIII. Esta versión achaca el nombre de Doñana a doña Ana Mallarte, una mujer de origen trabajador aunque acomodada, de comportamientos inusuales para la época, lo que pudo convertirla en una especie de celebridad entre sus vecinos hasta el punto de marcar con su personalidad un territorio entero.

Así, según explicó la duquesa Luisa Isabel a Javier Castroviejo durante una conversación que él publicó en 1993, era costumbre que la Casa Ducal arrendase a los locales los pastos del Bosque de Las Rocinas por periodos de entre tres y diez años. Eso fue precisamente lo que hizo en 1545 con Sancho de Herrera, un ganadero acomodado casado con una mujer llamada Ana Mallarte, que comenzó a frecuentar el lugar para gestionar su «hato» —como se denomina a un conjunto de cabezas de ganado, al lugar destinado a su cría o incluso al enclave elegido por los pastores para comer y descansar mientras vigilaban a las reses—, y que incluso pudo levantar en la zona una humilde choza en la que pasar temporadas. «Bien sea a su continuada presencia en aquella zona, a su personalidad, al hecho de que una mujer anduviese sola por aquellos parajes o por las razones que fuese, estos terrenos empezaron a conocerse como el hato de Doña Ana», narra Castroviejo.

De hecho, Muñoz Bort coincide en describir tan inusual figura como el condicionante para que el nombre de Mallarte pasara a la historia. «Debemos tener en cuenta que no sería nada frecuente ver pasear por aquellos parajes a una mujer sola a caballo», advierte el investigador.

Transcurrieron por tanto 20 años hasta que el duque mandó construir las referidas «casas pajizas»; tres décadas hasta que se levantaron las casas de material que dieron lugar a lo que hoy se conoce como Palacio, edificio que no pudo ser utilizado hasta 1577, cuando contó con solería y otros detalles imprescindibles para su habitabilidad. Cuando Ana de Silva visitó por primera vez aquel lugar cuatro años más tarde, el enclave ya llevaba el topónimo derivado de la presencia de Ana Mallarte y de hecho, según las investigaciones de María del Carmen Castrillo realizadas en el Archivo de la Fundación Casa de Medina Sidonia de Sanlúcar de Barrameda, es en 1567 cuando el nombre de Doña Ana aparece por primera vez impreso en un escrito, un documento contable titulado «Cuentas de los gastos hechos en la fábrica y obra de la casa del hato de Dª Ana de la otra vanda de Sn Lucar en el Bosque de Las Rocinas».