Bloques de pisos en Las Albarizas de Marbella
Bloques de pisos en Las Albarizas de Marbella - G. MAPS
LEY GITANA

La vuelta de un clan desterrado agita el polvorín de Marbella

El pasado lunes volvieron miembros de «Los ratones», condenados por la «ley gitana» tras el asesinato de un joven en Las Albarizas en 2015

MARBELLAActualizado:

«Está la cosa mala porque ayer [por el lunes] vinieron algunos de la familia de “Los ratones”», explicaba un vecino de Las Albarizas, barriada deprimida de Marbella, donde un asesinato en abril de 2015 acabó con el destierro de este clan. «Los Ratones» han vuelto para pedir recuperar sus casas, que fueron ocupadas por la familia de la víctima tras el suceso. «Hubo un poco de discusiones y vaya que nos confundan con secretas y me tachen de chivato», señalaba la misma fuente para advertir a ABC de que no fuera al barrio en la mañana del martes. «Lo suyo es que llame a dos municipales y lo acompañen», concluyó este vecino de Las Albarizas.

Fue la tarde del 7 de abril, sobre las 18.30 horas, cuando tres disparos rompieron para siempre la convivencia de esta barriada habitada por familias gitanas. Uno de los jóvenes de la comunidad, de algo más de 20 años de edad, fue asesinado por miembros de un clan rival en el interior de su Ford Fiesta. Los gitanos «nativos» de Marbella exigieron que se cumpliera la «ley gitana» contra el clan de «Los Ratones». Había corrido la sangre y clamaban por la venganza. Durante días, la escalada de tensiones fue creciendo en las calles de Las Albarizas.

Huidos en la noche

Nada importaba de las razones por las que el joven había fallecido. Los ancianos dictaron sentencia y, según las informaciones de la época, unas 120 personas tuvieron que salir a la carrera en medio de la noche para no perder la vida. «Los ratones» abandonaron las calles de Marbella sin rumbo conocido. No podían volver al barrio que los acogió a finales de los años 80. Fue cuando esta familia llegó a las viviendas sociales que Jesús Gil había dispuesto en esta parte de la ciudad.

Convertido en un «guetto», durante años «Los Nativos» y «Los Ratones» mantuvieron la convivencia. Las diferencias no afloraban y las discusiones entre ellos eran acabadas por los ancianos sin que fuesen a mayores. Pero esa convivencia se rompió con aquel asesinato. «Los Ratones» quedaron desterrados y surgieron las acusaciones por parte de sus vecinos de que se dedicaban al tráfico de drogas y otras «cosas malas». Pese al destierro de este clan, el barrio ha seguido siendo un lugar donde circula la droga, copado por toxicómanos.

Disparos de aviso

«Los Nativos», como dicta la legislación no escrita de los gitanos, ocuparon las propiedades del clan rival, entre las que se encontraban unas 15 viviendas, por ser culpables de romper la convivencia. Ahora han regresado para volver a sus casas, pero la ley gitana no caduca y su presencia llena las calles de recelo.

Se ha agitado un polvorín en el que sigue presente la sed de sangre, como atestiguan las historias para infundir miedo al clan huido, como aquella que decía que en medio de la noche se oyen disparos que van dirigidos a las viviendas vacías de «Los Ratones», para avisarles de que la venganza por la muerte de aquel joven en una tranquila tarde abril sigue vigente en Las Albarizas.