Imagen del padre Arnáiz
Imagen del padre Arnáiz - Diócesis de Málaga
RELIGIÓN

El último beato «andaluz»

El Papa Francisco firma la validez de una sanación de un malagueño con graves secuelas cerebrales tras un infarto por encomendarlo al padre Arnáiz

MÁLAGAActualizado:

El padre Tiburcio Arnáiz Muñoz (Valladolid, 1865 – Málaga, 1890) será beatificado en Málaga el año que viene. El Papa Francisco firmó el pasado 5 de diciembre la validez de un milagro efectuado por el sacerdote en Málaga. Ocurrió en junio de 1994, cuando el malagueño Manuel Antonio Lucena García de 41 años sufrió un infarto de miocardio que le mantuvo sin oxigenación alrededor de 10 minutos. Las pruebas radiológicas revelaban importantes daños cerebrales en el enfermo.

Los doctores dijeron que debían haberse producido secuelas físicas o psíquicas en el enfermo. Sin embargo, salió por su propio del pie del hospital Carlos Haya, ante la perplejidad de los servicios de cardiología del centro sanitario. Por mediación de la hermana del afectado, toda la familia encomendó la total recuperación de enfermo a la intercesión del padre Arnáiz. La consulta médica en la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos tuvo lugar el pasado 15 de diciembre de 2016, donde obtuvo el voto favorable como milagro. Por esto, se acordó beatificar en 2018 al sacerdote. Salío publicado en el Bolletino de la Santa Sede ayer martes, tras recibir el visto bueno un día antes.

Fue párroco en Villanueva de Duero (Valladolid) y Poyales del Hoyo (Ávila), pero tras fallecer su madre ingresó en la Compañía de Jesús en el Noviciado de Granada el 30 de marzo de 1902. Dejaba a su única hermana como religiosa en las Dominicas de Valladolid. Fue destinado a Málaga al terminar la Cuaresma del año 1912. Allí permanecería hasta su defunción, salvo un año que marchó a Cádiz. Entre 1912 y 1916 comenzó sus Doctrinas en los corralones malagueños, ayudándose de un grupo de señoritas que colaboran en sus catequesis y misiones.

En 1917, tras pasar un año en Cádiz, regresó para las Doctrinas Rurales. Es lo más característico, según la biografía elaborada por el padre Luque para la Diócesis de Málaga, de su ingente apostolado. La primera fue la de la Sierra de Gibralgalia. Sus catequistas pasaron meses en aldeas o cortijadas, donde no había llegado la cultura, enseñando a leer, escribir y la doctrina cristiana. A los niños los preparaban para la Primera Comunión. En aquella época se desplaza continuamente para alentar a sus colaboradoras y su labor fue reconocida por el Obispo San Manuel González.

Durante estos años, se entregó a la gente, especialmente a los más pobres con misiones, predicando novenas y triduos o retiros a toda clase de personas. La Diócesis de Málaga destaca su atención a los sacerdotes con ejercicios espirituales y a las religiosas, maestros, catequistas y colaboradores. Eran en aquella época continuas sus visitas a los hospitales y a la cárcel. En las misiones por las aldeas malagueñas dormía sentado en una silla o en el suelo y comía poco, «para no restarle tiempo a su trabajo de confesiones, predicación o atención a los enfermos».

Tras su fallecimiento, su cuerpo fue llevado en procesión por el recorrido del Sagrado Corazón, que cada año Don Tiburcio Arnáiz sacaba por las calles de Málaga. Está enterrado en la Iglesia del Sagrado Corazón de la capital, donde su fama de santidad ha perdurado y aumentado el número de devotos que acuden a su sepultura para rogarle que interceda desde el cielo ante el Señor, en socorro de sus tribulaciones o enfermedades.