SALUD

Pablo Ráez: «No concibo nada que no sea recuperarme al cien por cien»

El joven marbellí con leucemia sale del hospital Carlos Haya de Málaga y reitera la importancia de donar médula

Pablo Ráez –con gorra– en el momento de abandonar el hospital / Fernando González
Pablo Ráez –con gorra– en el momento de abandonar el hospital / Fernando González

Volvió a casa. Al fin regresó al hogar, aunque pensó en muchas ocasiones que no lo conseguiría. Tras abandonar el hospital, Pablo Ráez, el joven malagueño que lucha contra la leucemia y ha hecho viral la demanda de donaciones de médula, está desde ayer en Marbella rodeado de los suyos. «Me siento machacado. He sobrevivido a una guerra mundial. Creí que me quedaba, sólo pensaba en cómo estar fuerte para seguir adelante», remarca desde el sofá mientras contesta a las llamadas, como la de este periódico. «Perdona por no contestar antes, pero hay saturación de mensajes en las redes sociales y en el correo electrónico», reseña amable. «He llegado, me he sentado y estoy algo trastornado. No paro de mirar mi casa. Me resulta extraño», remarca. Pese a esto, lidia con el aluvión de peticiones, mensajes y llamadas que le llegan. Dice que tiene la vista destrozada —llegó a perder el 80 por ciento de la visión— por los tratamientos a los que se ha sometido para superar la leucemia por segunda vez. «No puedo chequear nada. La recuperación de la visión me va a llevar meses», vaticina.

La lucha contra la enfermedad continúa. Nada ha acabado de momento. Se le ha podido ver pasar por lo peor, recuperarse, recaer y mandar siempre un mensaje de fuerza con el que seguir adelante. Es la segunda vez que libra la batalla contra el cáncer. La primera la ganó y ésta segunda la está librando convencido de la victoria. «Siempre fuerte» es su lema. «Ha sido muy duro. Hubo momentos en los que pensaba que me iba. Sólo pensaba en aguantar, pero sentía que me iba ya. Mi cuerpo no iba a aguantar, pero al final saqué fuerzas. Es el poder de la mente. Tener una cabeza fuerte es fundamental», insiste.

Las redes sociales han sido el lugar por el que el mundo ha conocido a Pablo, un joven deportista de 19 años de Marbella, que en los últimos dos meses sólo soñaba con sobrevivir. Ayer consiguió su última gran victoria. Volvió a pisar la calle. Salió de la cama del hospital para dar el «sprint» final contra la enfermedad. «Me queda un 9 por ciento de leucemia. Me voy a someter a un tratamiento para ver si se reduce. Si no lo hace, volveré a la quimio para eliminar lo que queda y luego me podrán hacer el trasplante», relata Pablo Ráez, quien ahora regresará cada 28 días al hospital, durante siete días, para someterse al nuevo tratamiento.

«No concibo nada que no sea recuperarme al cien por cien. No tiene sentido si no. No voy a quedarme con secuelas», afirma. Ésa es su gran meta: volver a hacer una vida normal tras la pesadilla. El siguiente paso es la recuperación total. Una historia que ha hecho viral. «No tengo metas más allá de superar la enfermedad», relata Pablo, antes de añadir: «cuando esté sano comenzaré a investigar qué es lo que me apasiona hacer».

Reconoce que quiere volver a hacer deporte, pero está cansado y sabe que tiene que guardar fuerzas. El proceso ha sido largo. Ha estado dos meses hospitalizado en los que ha narrado cómo la punción desveló que tenía leucemia o cómo los días malos «eran temporales». El mensaje era siempre de esperanza: la meta, salir adelante. Por muy complicada o crítica que estuviese la situación siempre miraba hacia delante. Siempre «el gesto de fuerza». Aunque tuviese pericarditis, no pudiera comer, tuviera fiebre, líquido entre el riñón y la vesícula o la visión perdida, el pulgar siempre estaba hacia arriba.

Su reto de llegar a un millón de donantes de médula sigue vigente. La concienciación para Pablo Ráez en este aspecto es fundamental. Su historia ha servido para animar a la donación. Muchos han conocido la importancia de donar médula gracias a su historia. En sus palabras siempre hay un momento en el que anima a donar. «Es algo indoloro para el que dona y que puede salvar vidas», señala en un principio. «Donar médula es algo humanitario. Una persona no se puede cortar una mano para darla porque se queda sin ella. Sin embargo, si donas médula no te quitas nada y haces mucho bien», remata.

«En cualquier momento cualquiera puede necesitar un trasplante y debe haber siempre un donante», concluye. Pablo Ráez está decido a someterse al trasplante cuando borre la leucemia de su ser. El camino que le falta por recorrer es duro, como el que ya ha pasado. Pero está decidido a estar «siempre fuerte» —frase con la que despide la conversación— para vencer por segunda vez a la enfermedad.

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