Una de las salas de exposición de Miguel Herrero en Marbella
Una de las salas de exposición de Miguel Herrero en Marbella - ABC
ARTE

Miguel Herrero susurra la historia de España en Marbella

El pintor español expone hasta el 22 de septiembre en Museo del Grabado Español Contemporáneo (MGEC) y en el Centro Cultural Cortijo de Miraflores «Susurros Hispánicos»

MARBELLAActualizado:

Miguel Herrero (1922-1994) es uno de los principales pintores españoles de la segunda mitad del siglo XX. Francisco Umbral le llegó a apodar el «Leonardo de los sesenta» por su visión ecléctica de la realidad. Un alma renacentista que buscaba «el esqueleto de las cosas». «Me gusta llegar adentro. Penetrar en las mismas fibras. Algo así como la radiografía del ser. Hay que penetrar en el espíritu», dejó dicho Herrero para la posteridad. Ahora esa radiografía se puede ver en Marbella con 40 obras que forman una retrospectiva sobre diversas técnicas, como el óleo o las técnicas mixtas en varios soportes. La muestra «Susurro Hispánico» se puede visitar, hasta el 22 de septiembre, en el Museo del Grabado Español Contemporáneo con obras relacionadas con la primera época de creación del autor y en el Centro Cultural Cortijo de Miraflores con el resto de su vida artística.

La retrospectiva alberga películas, fotografías, reportajes periodísticos y poemas escritos por el pintor, donde se puede ver uno de los grandes axiomas de su pensamiento. «Me gusta todo lo que me ayuda a expresarme, soy expresivista. El cine, las letras como medio popular, el color, el universo, la forma como medio intimo... Soledad del arte entre una multitud de solitarios», reseñó el autor, cuya firma se ha ligado a la Pablo Picasso o a la de Salvador Dalí como principales representantes del arte nacional y europeo.

«Susurro Hispánico» comienza en el Museo del Grabado Español Contemporáneo en la primera época de creación del autor con obras como «El Martinete» (1947), «El parque» (1948), «Navidad» (1949) y «Mercado» (1950). Reflejo de las actividades y escenas culturales de la sociedad española en una época convulsa. Miguel Herrero retrata a la población como en la litografía a tres tintas «Joven con gato» (1954), que fue premio nacional en el año 1955. Se ve su faceta cinematográfica con la versión libre de «Metamorfosis» de Franz Kafka (1957). Parte de un arte que servía para «decir lo indecible». Herrero selló que «comunicar los incomunicable del universo es el arte».

Y con esa intención la exposición continua en el Centro Cultural Cortijo de Miraflores con un carácter hispánico donde sobre sale la tauromaquia y el flamenco. «Matador» (1955), «Rejoneador» (1963), «Figura Taurina» (1963) y «Toro Negro» (1973) son muestra de la versión taurina. Figuras que recuerdan lo que el pintor declaró sobre esta parte de su obra: «En el ruedo ibérico, el tendido de los pobres todos al sol. El tendido de los ricos todos a la sombra. En el del planeta. Gigantesco. Tierra. Los que tienen y los que no tienen, el toro y el torero, todos mortales con su última estocada». Palabras hechas melodía de pinceladas en «Farruca» y «La Seguiriya», ambas de 1958.

Se pueden ver sus épocas más puras con la mujer como musa en «La Dama y el Poema» (1982), «Dualidad» –técnica mixta sobre papel– (1982) y «Dos Damas Azules» (1982). También están las últimas obras pictóricas de Herrero, donde se representa seres totales, seres puros en forma y alma, que se muestran ante el espectador como la perfección alcanzada en la grandeza del Cosmos. Donde el lienzo recoge los monstruos que el pintor llevaba dentro. «Multitudes I» (1990), «Multitud II» (1990) y «El Sueño» (1991) son parte de esa «anarquía imprevisible que ordena el genio con asistencia de los dioses», que son aquellos que susurran a través del tiempo como Goya, Picasso o Zuloaga.