Sociedad

Inmigrantes de Jaén, aceituneros sin pisos

Jornaleros no encuentran viviendas de alquiler en la campaña de aceituna de Jaén

Inmigrantes, en su mayoría subsaharianos, no encuentran techo en Jaén tras lograr trabajo en la recolección de aceituna. Lo denuncia Cáritas y lo corrobora uno de ellos, Moulaye, abocado a la intemperie tras pernoctar el tiempo máximo establecido en el albergue madre de la red pública de alojamientos diseminada por la provincia. Si no quiere perder el empleo recién conseguido le toca dormir al raso hasta que encuentre un arrendador de buen corazón.

La red de albergues proporciona tejado y comida a los jornaleros itinerantes durante 3 días. Ni uno más. Para el inmigrante es un poco como estar en el corredor de la muerte, con la calle en el papel de la inyección letal y la normativa en el papel de gobernador de Texas. Cuando se cumple el plazo establecido se dirige hacia otro albergue. En Jaén hay 24, enclavados en los principales municipios productores de aceite de oliva. Ninguna otra provincia cuenta con una red solidaria de estas características. Por eso los aspirantes a jornalero se desplazan desde otros puntos de España aunque no tengan la garantía de conseguir empleo.

Desde que comenzó la crisis económica las administraciones públicas sugieren a los inmigrantes que no se dirijan a Jaén porque la mano de obra autóctona cubre la demanda de empleo durante la campaña. Pero centenares de ellos hacen caso omiso a la recomendación. Puede que, al no haber leído a Ortega, desconozcan que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía. Y puede también que no sepan qué es la melancolía porque se han habituado a los esfuerzos inútiles. Moulaye, natural de Gambia, afincado en Huelva, aclara que nadie que no se ponga en su piel puede entender la dureza de sus 33 años de vida.

"Es la que me ha tocado vivir", reflexiona Moulaye, que esta vez ha tenido suerte. Le acaban de contratar. Pero si no le alquilan un piso tendrá que permanecer las 24 horas de día a la intemperie, que es, con todo, una opción casi mejor que la de los 40 inmigrantes a los que un vecino de Alcalá la Real les arrendó una casa abandonada la campaña pasada. "Los tenía en condiciones infrahumanas, hacinados sin luz ni agua", explica Álvaro Calle, coordinador del programa de atención a inmigrantes de Cáritas, en el que participan 60 voluntarios.

Calle expone que la falta de alojamiento es un problema crónico sin visos de solución. "Acaban de venir dos inmigrantes para pedirnos ayuda porque han encontrado trabajo, pero nadie les quiere alquilar un piso". Lamenta, al respecto, que el convenio del campo no establezca que el empresario proporcione vivienda a los trabajadores foráneos que contrata, si bien numerosos agricultores de la provincia cuentan con instalaciones en las que se alojan los inmigrantes a los que proporcionan empleo. Al resto no le queda más remedio que utilizar la red solidaria tejida por instituciones públicas y privadas para dormir, asearse y comer.

Así, el albergue municipal de Jaén proporcionó recientemente a los inmigrantes 117 desayunos, 90 comidas y 88 cenas en un día. Las cifras de Cáritas son similares. En los comedores sociales que tiene en la plaza de los Huérfanos y en la Iglesia de San Roque, ambos en la capital jiennense, proporciona el desayuno y la cena a centenares de inmigrantes, que cada mañana consumen 60 litros de leche y kilos de galletas. Para la cena, el menú varía en función del día de la semana. Los lunes, comen arroz con pollo, los miércoles lentejas con huevo duro y los viernes el plato principal es la fabada.

Muchos jornales, pocas esperanzas

La campaña de recolección de aceituna es la zona cero del jornal agrario español. La que comienza en diciembre generará 15 millones de peonadas en Andalucía, un tercio de ellas en Jaén. Atraídos por la perspectiva laboral, centenares de inmigrantes llegaron el mes pasado a la capital jiennense. La mayor parte de ellos lo hace en autobús y utiliza este mismo medio de transporte para desplazarse por la provincia o para regresar a sus lugares de origen tras darse por vencidos. La segunda opción les sale a veces gratis. Cáritas denunció el año pasado que hay ayuntamientos jiennenses que pagan el billete a los que abandonan.

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