Andalucía - Jaén

Charnegos contra la secesión

La segunda generación de catalanes procedentes de Andalucía apuesta por España

El diputado de ERC Gabriel Rufián, de origen andaluz
El diputado de ERC Gabriel Rufián, de origen andaluz - EFE
JAVIER LÓPEZ Jaén - Actualizado: Guardado en: Andalucía Jaén

Nuria nació en Barcelona en los ochenta. Sus padres llegaron a la capital catalana en 1968 en busca de una vida mejor que la que les ofrecía su pueblo de Jaén. Tiene un buen trabajo (es profesora), una gran familia y una magnífica relación con la tierra de sus mayores, charnegos identificados con la idea de España. Como ella, catalana de cepa y española de corazón. Como Nuria son muchos los catalanes de origen andaluz que desmontan la leyenda de que los hijos de migrantes del sur son más independentistas que los vástagos de los propios catalanes.

«Esa apreciación es falsa», asegura Juan Antonio, nacido en el municipio jiennense de Siles a mediados del siglo cambalache. Sus 3 hijos han nacido en Cataluña, donde residen, sin que en ningún momento renunciaran a su identidad española. Añade que la mayor parte de la progenie de sus numerosos amigos de la Bética afincados en la ciudad condal no ha sido seducida por el independentismo. «Yo diría que los andaluces de segunda generación que apuestan por el secesionismo apenas alcanzan el 20 por ciento».

Entre ellos destaca Gabriel Rufián, hijo de padre jiennense y madre granadina, abanderado de la independencia de Cataluña en el Congreso, donde es diputado de ERC. Rufián presume de abuelo aceitunero, pero en su ideario político prevalece lo territorial sobre lo social. En opinión de un paisano, Rufián no es sólo un charnego servil que hace méritos para sobreponerse a sus raíces, sino, sobre todo, un chico listo que ha encontrado un filón en la política. «Con el pretexto de la independencia ha conseguido que entre todos los españoles le paguemos el sueldo», aclara.

A Juan Antonio le costó más ganarlo. A fuerza de trabajar 12 horas diarias sacó adelante a su prole en su ciudad de adopción, a la que asegurar querer de corazón. Un corazón que, aunque también quiera a España, no está dividido: no son amores excluyentes. Lo demuestra la existencia de un gran número de andaluces residentes en Cataluña que apuestan por mantener el statu quo porque se niegan a situarse en uno de los márgenes. La razón la explica Nuria en un mensaje publicado en Facebook al presidente de la Generalitat: «Señor Puigdemont, que no se le llene la boca al hablar de los catalanes. No en mi nombre. Orgullosa de ser catalana y española».

Carmen también es española, pero no catalana, sino andaluza, como otras 700.000 personas en la región. Reside en Reus desde hace 13 años. Aunque no tiene hijos, es consciente de que el independentismo se inocula en el ADN intelectual de los niños en las escuelas. A su juicio, el sistema educativo convertirá en independentistas de cuna a las nuevas generaciones de catalanes. Aclara que si la segunda generación no se ha echado en brazos de la secesión es porque aún pervive la primera, que ha mantenido la cohesión en torno a España y ha preservado el español, cuyo uso apuntala la resistencia. Añade que el entorno, hostil, obstaculiza el aprendizaje de la historia común. De modo que la procedencia andaluza no evitará que se abrace la independencia.

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