Ejemplar de buitre negro censado en la comunidad autónoma
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Medio ambiente

Buitres negros devoran a una vaca parturienta y a su cría en Jaén

El alcalde de Santisteban del Puerto exige a la Junta que actúe para frenar los ataques de carroñeros a las ganaderías

JaénActualizado:

Un carroñero con hambre es un depredador potencial. Lo sabe bien el ganadero de Santisteban del Puerto al que una bandada de buitres negros ha matado a su mejor vaca mientras paría. Las aves aprovecharon la debilidad de la res para acabar con ella y con su cría. El ataque no es circunstancial. Se debe, a juicio del alcalde del municipio, Juan Diego Requena, a la falta de alimento, derivada a su vez de la prohibición para abandonar restos de los animales abatidos en las múltiples cacerías que tienen lugar en la comarca de El Condado.

El ataque ha alarmado a la población, no sólo porque implica cambio en la cadena alimenticia, sino porque evidencia en cierto modo que el buitre pierde el miedo al hombre. El ganadero que sufrió el ataque resalta en este sentido que los buitres no huyeron cuando él se presentó en el lugar donde devoraban a la vaca y al ternero. Antes bien, adoptaron una actitud amenazante, por lo que pidió ayuda. De hecho, la desbandada no se produjo hasta que un familiar suyo irrumpió con un vehículo en este paraje.

La comarca alberga una gran cantidad de ganaderías y cotos, así como una importante avifauna, en la que destacan las rapaces, en concreto el águila real e imperial, y los carroñeros como el buitre negro y el leonado. De la primera especie es, al parecer, la manada que atacó a la vaca parturienta. Un hecho que se repite en esta zona de Jaén, donde el año pasado un grupo de buitres mató también a un ternero y dejó malherida a la madre, que murió una semana después. De ahí la alarma de los propietarios de ganado, que exigen medidas a la administración.

El alcalde de Santisteban del Puerto aclara que no es competente en esta materia. Y sitúa la responsabilidad en la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, a la que exige que lleva a cabo la aportación de alimento para aves carroñeras a la que se comprometió cuando desarrolló la normativa que impide dejar en el campo los despojos de los animales cazados durante las batidas. Hasta entonces, los buitres se alimentaban de las vísceras y otros órganos abandonados tras la actividad cinegética.

Requena considera que el ataque al ganado es una consecuencia lógica de la prohibición. Desconoce si el hambre transforma a un ave necrófaga en depredadora, pero tiene claro que desde que escasean los cadáveres de animales menudean los ataques. Por esta causa, lamenta que la Junta no cumpla lo prometido e impida, a la vez, que los despojos de las piezas de caza sirvan de alimento a los buitres. Esto, a pesar de que la carne de los ciervos, muflones y jabalíes abatidos es inspeccionada por el servicio veterinario para certificar si es o no comestible. Al respecto, señala la conveniencia de permitir que los buitres se coman los restos en caso de que no estén enfermos.