Representantes de las cuatro administraciones, con la sobrina de Federico García Lorca
Representantes de las cuatro administraciones, con la sobrina de Federico García Lorca - L.R.
CENTRO LORCA

La familia de Lorca se sale con la suya a costa de llevar a Granada el legado del poeta

Las instituciones dan por justificadas las deudas millonarias que antes reclamaban a la Fundación

GranadaActualizado:

Millón arriba, millón abajo, el pufo que supuso la construcción del Centro Lorca en Granada quedará en nada. Las instituciones gestoras han dado por válidas las cuentas de la Fundación Federico García Lorca, el ente con el que los herederos del poeta han explotado su obra y el mismo al que se encomendó la edificación del museo destinado expresamente a albergar el legado del poeta con un presupuesto público de unos 20 millones de euros. De ellos, casi 4 millones estaban sin acreditar y había otros tantos por pagar, y fueron reclamados por las administraciones, mientras que la familia pedía que se le perdonaran como «indemnización» por haber pagado de más. Hasta ayer.

El Ayuntamiento de Granada, la Diputación, la Junta de Andalucía y el Gobiernohan decidido asumir la deuda –rebajada a 1 millón, según la última auditoría– y correr un tupido velo con tal de desbloquear la llegada del legado, esperado desde 2015. El legado se expondrá parcialmente el 23 de febrero y estará al completo antes del 30 de junio. El acuerdo alcanzado contempla la cesión de estos fondos a la ciudad en la modalidad de usufructo por tres años con el millón de euros como depósito. Transcurrido este tiempo, se creará una fundación pública andaluza, que se convertirá en la propietaria del legado: 5.000 documentos de un valor muy importante que podrán ser consultados por investigadores.

El trato incluye la participación de La Caixa en el Centro Lorca. Fue ésta la entidad financiera que dio un préstamo de 4 millones de euros –cantidad similar a la que estaba por justificar– a la Fundación. El aval hipotecario no era otro que el legado del poeta granadino, el cual permanece aún en la Residencia de Estudiantes de Madrid. La posibilidad de que el legado le fuera expropiado a la Fundación precipitó los trámites de la Comunidad de Madrid para catalogar los fondos como BIC, a instancias del Ministerio de Cultura.

Facturas polémicas

Además, las administraciones asumirán otros 3 millones de euros de deudas a proveedores y han dado por buenas diversas partidas que sí estaban justificadas, pero no exentas de polémica. A saber: 300.000 euros de salario para la directora de programación del museo durante tres años en los que estuvo cerrado; 100.000 en excavaciones arqueológicas, aunque no se hallaron restos; 900.000 euros abonados a la empresa del exsecretario de la Fundación o 65.000 euros para el alojamiento de la sobrina del poeta, Laura García-Lorca, en Madrid, donde tiene domicilio.

Esas facturas cuentan con el visado de las administraciones, satisfechas con la existencia del edificio donde ayer anunciaron el acuerdo. «Lo que se ha hecho es correcto», aseveró el consejero de Cultura, Ángel Vázquez, deshecho como los demás en elogios a Laura García-Lorca –«y es justo reconocerlo»– con cita del poeta inclusive: «No podemos arrancar un suspiro de lo viejo». El alcalde, el socialista Francisco Cuenca, convencido de que ésta es «la noticia del año», agarraba con complicidad la mano de la sobrina de Lorca, «emocionada y contenta» por el desenlace. «Se han dicho y escrito muchas cosas...», lamentó ella, para quien la palabra «oscura» no tiene «fundamento»; y seguirá trabajando «para que éste sea un lugar de luz».

El papel que tendrá Laura García-Lorca en el museo sigue siendo una incógnita. Lo que ya es seguro es que España no tendrá que devolver los 4 millones de euros que recibió el Centro Lorcaen subvenciones provenientes de países nórdicos. Su concesión estaba supeditada a la llegada del legado en 2015 y la posibilidad de tener que devolver el dinero era real, aunque el Gobierno ha tratado de demorarlo el máximo tiempo posible. Ayer, el representante del Ministerio, Óscar Sáenz de Santamaría, daba por descartado el reintegro. Queda por saber, aunque nunca se podrá, si al poeta le habría gustado este final.