EL DEDO EN EL OJO

Volando voy, Volando Vengo

Dicen que cada pueblo tiene los políticos que se merece. Y como los votan ciudadanos viajeros, a eso se decican, a viajar

Mario Flores
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Una de las razones por las que la izquierda debe reinventarse cada día tiene que ver con que la clase trabajadora hace mucho tiempo que se subió a un Audi, vehículo de alta gama que casi siempre pernocta en cochera propia. La famélica legión hace lustros que, gracias a la economía libre de mercado, se convirtió en el «robusto tropel» y goza hoy de casi todas las ventajas en aburguesado modo. Es esa la razón por la que esa izquierda pataleante debe seguir buscando sus causas hasta debajo de las piedras para terminar abrazándose a la causa de los inmigrantes (ahora reconvertidos, no se sabe muy bien por qué, en «personas migrantes»), de los elegetebeís o de la mujer (entendida, en extraño escorzo, como colectivo marginado en su totalidad).

Otro de los signos del fracaso de la izquierda lo constituyen los viajes que hoy, cada hijo de vecino, realiza a discreción sin miramiento del destino. Lo que ayer estaba reservado a las clases pudientes en avión de Iberia, con periódico gratis y zumo de naranja regalado, hoy se ofrece pródigamente a cualquier ciudadano del «robusto tropel» que, por unos pocos euros, esté dispuesto a volar con las piernas apoyadas sobre un respaldo. Y así cualquiera de nosotros ha visitado ya decenas de destinos, las más de las veces con ese afán devorador propio del turista, eso sí.

Es oportuno traer aquí y ahora la magistral viñeta de nuestro dibujante Vic, que nos proponía hace tiempo a dos vecinos de Córdoba contemplando unos Yaks en Kuala Lumpur. Uno de ellos le decía al otro algo así como «Mira que se está bien aquí en Kuala Lumpur» y el otro respondía «Pues seguro que alguno de mis vecinos de urbanización ya ha estado aquí» (Vic sabrá disculparme la no literalidad).

Y es bueno que la gente viaje, y que cure así sus males de ombliguismo, aunque a veces tengamos que pagar ofrendas al dios del Turismo y sufrir el sacrificio de soportar voces estridentes, chanclas y bañador en el Partenón o solicitud (a voces y en español) de un flamenquín en la barra de un elegante pub londinense.

Dicen que cada pueblo tiene los políticos que se merece. Y debe ser verdad. Como también debe ser cierto que nuestros mandatarios no son sino reflejo de la sociedad a la que pertenecen. Y por ello, desde hace tiempo, nuestra clase política se dedica exactamente a lo mismo que hacen los ciudadanos viajeros que los votan: pues eso, a viajar.

La pasada semana pudimos observar en el World Travel Market de Londres a nuestra alcaldesa (en calidad de presidenta de la Red de Ciudades Patrimonio de la Humanidad), al presidente de diputación, a la delegada de Turismo de dicha institución y a unos cuantos y cuantas más que acompañaban al séquito de la presidenta de la Junta de Andalucía y al presidente del PP de Andalucía entre otros turistas. Y del mismo modo que estos últimos posan ante los distintos monumentos para después poder martirizar a sus envidiosos amigos con sus fotos, nuestros políticos posan ante el totémico stand de Andalucía en actitud cuasi mística.

Por parte de nuestra corporación municipal ya llevamos contabilizados viajes a Perú, India, Reino Unido, Alemania,… Envidia es lo que tengo, no crean. Del resultado de estos viajecitos nunca se sabe. Solo se conoce que en Londres, por ejemplo, se han reunido entre ellos y con el ministro español de turismo; que para eso no había que ir a la capital de la Pérfida Albión.

Y pronto llega Fitur. Voy a ver si hago algo para apuntarme a ese viajecito.

Mario FloresMario FloresArticulista de OpiniónMario Flores